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Inicio/Opinión/Notations /Opus 39/ “El jardín de los muertos felices: Hundertwasser el Gaudí Vienés” 

Opinión
Notations /Opus 39/ “El jardín de los muertos felices: Hundertwasser el Gaudí Vienés” 

viernes 23 octubre, 2026

Notations /Opus 39/ “El jardín de los muertos felices: Hundertwasser el Gaudí Vienés” 

“El color es solo una manifestación externa de la riqueza y la diversidad, cuantas más cosas diferentes hay, más ricos es el mundo y más se acerca a la idea del paraíso”. “Un mundo de colores es siempre sinónimo de paraíso”  Friedrich Hundertwasser

Elvis Joan Suarez

En una bella noche estrellada cerca de Nueva Zelanda, hay una embarcación a unos dos kilómetros de tierra, en su proa hay un adulto alto, acostado como el hombre renacentista de Vitrubio, disfruta de ese gran espectáculo estrellado, retrocede en sus pensamientos y vuelve a su niñez en su ciudad natal: Viena, su madre lo ayuda a vestirse le coloca el uniforme de las juventudes Hitleriana para poder salvarlo de las infames leyes raciales promulgadas por los nazis, al terminar  de vestirlo, toma una medalla y se la coloca a su hijo, aquella condecoración la ganó su padre al terminar la I Guerra Mundial, este niño aprovecha sus ratos libres para dibujar al grafito, al igual que también lo hace con las acuarelas, logra sobrevivir a la guerra, pero no se queda en la ciudad, su madre lo enviará al campo, para no morir de hambre, pero lo que más le impresionó al muchacho fue el color marrón de la tierra y color verde de las plantas, allí descubriría que sería un artista plástico. Pero el hombre se sienta se rasca la barba, ve el horizonte, le gusta ese juego que hacen las estrellas con las montañas vírgenes del valle de Kaurinui, pero su pensamiento va al pasado, se ve a sí mismo caminando por la ciudad de Tokio, buscando el taller de grabado japonés, al llegar lo esperaba un maestro de la técnica      Ukiyoe, Friedrich observa como este artista  dibuja utilizando tinta negra tradicional “sumi” sobre un papel fino traslúcido,  luego el artista toma el boceto  que es pegado boca abajo sobre una plancha de madera pulida de cerezo silvestre, cuando el grabador se asegura que esta bien pegado el papel, toma un cincel y poco a poco va eliminando  lo que no está dentro de las líneas del dibujo, el artista grabador se detiene y le muestra el relieve, luego le coloca tinta negra sobre la madera, y a su vez el papel y con una herramienta hecha de bambú llamada: “baren” va realizando movimientos circulares hasta que la tinta es absorbida por el papel, después de grabar varios paisajes, nuestro artista se va del taller y se dirige a “Tokio-Gallery” allí se encuentra con el galerista, lo saluda y van caminando por la sala de exposiciones para decidir cómo será  la curaduría de sus obras, al salir de la galería, va entrando una artista japonesa de cual se enamorará y contraerán matrimonio en Viena. Pero sus pensamientos vuelven al presente ya casi amanece, va a su camarote que más bien es un taller flotante, él no pinta el mar o los paisajes marinos, en su taller solo pinta sensaciones de sus viajes, toma el lienzo en blanco, lo coloca en el caballete, toma un pincel bastante ancho y va fondeando de color rojo, mientras va secando, recuerda cuando su embarcación que era un buque de carga de sal  y arena, lo transformó en un astillero en la laguna de  Venecia, colocando un mástil más y forrando el casco con tablones de madera para darle mayor estabilidad, su alegría era demasiado grande era su sueño de niño, surca por los siete mares. Pero el fondo rojo ha secado, toma otro pincel más pequeño lo unta de color azul ultramar, se acerca al lienzo, con su mano realiza movimientos circulares que parten del centro de su tela, dibujando así una espiral y a su vez pensando que odiaba la línea recta trazada con regla, que para él hace enfermar a las personas, porque no existe en la naturaleza, en las ciudades la línea recta aparece como un insulto constante. Friedrich volvió su pensamiento a Venecia, al terminar de remodelar su embarcación la bautizó con el nombre de: “Regentag” que traduce día de lluvia, un crítico le preguntó por qué ese nombre y él contestó: “los días lluviosos son para mí los más hermosos, puedo trabajar y es cuando más feliz me siento”. Ya salió el sol, deja su taller flotante para subir a la superficie de su embarcación, eleva el ancla, se dirige a la bahía de Opua, de allí a su casa, porque ha quedado con unos vecinos en sembrar algunos árboles que el mismo ha traído de todas partes del mundo, buscando así crear su propio jardín del Edén.  Su casa, un antiguo establo lo reformó, su techo es de césped, sus paredes de botellas con cemento, además colocó paneles solares que proporcionan energía a toda la casa, un retrete de humus y un depósito de agua de lluvia, instaló un sistema de purificación del agua por medio de algunas plantas. Ya en su casa, juega con sus hijos, salen y se suben al techo, se recuestan en el césped, y recordó su idea de los árboles inquilinos, en plena exposición en Milán plantó doce árboles en las ventanas de la vía Manzoni, su concepto era el de volver el verdor a las ciudades y rectificar la situación en la que el cemento y el asfalto ha desplazado el agua de los ríos, estos árboles limpian el aire, purifican el agua y en esto consiste su alquiler porque tienen un valor real. Friedrich Hundertwasser, se consideraba a sí mismo un “médico de la arquitectura”, a pesar de que no había estudiado arquitectura, opinaba lo siguiente: “nuestras casas están enfermas, son insensibles, carecen de emoción, el médico de la arquitectura es el responsable de operaciones quirúrgicas por ejemplo derribar paredes, de reconocer el derecho a la ventana, plantar árboles en los tejados, dejar que las plantas trepadoras crezcan e instalar árboles inquilinos, a través de esto las casas empezarán a vivir y con ello sus habitantes”… Volvemos al valle de Kaurinui, Hundertwasser, una serie de amigos se reúnen para dar un último adiós a su amigo artista, ellos cavan un hoyo, él no quiso ser colocado en un féretro a cuatro metros bajo tierra, con una losa de cemento y flores artificiales, él quería estar a medio metro bajo tierra y allí ser plantado un árbol, no quiso ser visitado como un hombre muerto sino como un ser vivo que se transformaría en árbol. Todos colocan el cuerpo de su amigo en el hoyo, esparcen la tierra, mientras otros sostienen un pequeño árbol, Hundertwasser, a pesar de la muerte de su amigo, sintió felicidad porque dentro de poco estaría acompañando a su amigo, y así poco a poco no será un campo santo lleno de lápidas, sino al contrario un hermoso bosque, que será un lugar de recreo, un lugar para vivir, un bosque donde se tiene contacto constante tanto con la vida como con la muerte, es decir: “El jardín de los muertos felices”.

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