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Inicio/Opinión/Notations/Opus 41/ Robert Ryman: “El silencio del Blanco”

Opinión
Notations/Opus 41/ Robert Ryman: “El silencio del Blanco”

viernes 6 noviembre, 2026

Notations/Opus 41/ Robert Ryman: “El silencio del Blanco”

“No se trata de lo que se pinta, sino de cómo se pinta. El “cómo” de la pintura ha constituido desde siempre el cuadro, el resultado pictórico final.” Robert Ryman

Elvis Joan Suarez

Es un día soleado en Alabama, finalizaba el mes de julio, se acercó por un momento a la sala de ensayo, la tarde caía, se asomó por la ventanilla de la puerta, ya casi estaban todos, total no tardo mucho pero pensó que ya  era tarde para el ensayo, abrió la puerta, sintiendo el frío del aire acondicionado, se ubicó donde le correspondía según su instrumento, sus compañeros solo hablaban de un solo tema: “Armisticio”, su mirada volvió a repasar que su uniforme estuviera bien puesto y limpio, a la llegada del Director, se sentó en su silla, abrió su estuche de color negro de madera y tomó su saxofón, solo esperó que el director indicara su entrada, con las manos arriba y una larga batuta, iniciaron el ensayo con la obra que representaba la victoria del pueblo coreano: “Arirang”, la belleza de este canto folclórico en la guerra de las dos Corea, cuando era interpretado en el frente, les daba fuerza al ejército norteamericano para afrontar las grandes dificultades del conflicto, es un canto de resistencia  y un símbolo de la identidad nacional ante la opresión. Robert seguía prestando atención al marcaje del “Tempo”, le gustaba esta canción, el arreglo le daba importancia al saxofón, había algunos solos, donde él podría exponer su expresividad emocional, después de interpretar varias marchas e himnos, la banda terminó el ensayo, el saxofón volvió a su estuche, y Robert salió de la sala de ensayo, sus pasos se dirigían al comedor, allí se encontró un gran alboroto, por órdenes del alto mando todos debían ir al auditorio, un general salió con un micrófono: “hoy lunes a las 10 de la mañana se ha firmado un armisticio en la aldea de Panmunjom por lo que habrá alto al fuego a partir de las 10 de la noche” al terminar  el militar su pequeño discurso, Robert se fue al comedor, por conocerse la buena noticia esa vez sirvieron: Beef Roast con la salsa gravy acompañado con puré de patatas junto a unos guisantes, pensó ya cumplido su deber con su país, se iría al otro día, tomo un tren que lo llevaría a su natal ciudad, ya nuevamente en su casa, quería  convertirse en un gran músico de jazz, quería estudiar con el pianista Lennie Tristano en New York, Tristano tenía poco de haberse mudado desde Chicago,  Robert tomó un tren desde Tennessee a la gran manzana, alquiló una pequeña habitación en la casa de un violonchelista ruso, y se reunía con el maestro Tristano tres veces por semana, con él estudiaría la improvisación musical y estructura del bebop. Está tocando en su habitación improvisa sobre una escala bebop desde el sonido Fa haciendo Si bemol y Do sostenido hasta llegar a Fa, interpreta corcheas, semicorcheas, su estudio es interrumpido por el señor ruso, le entrega unas cartas de correos la mayoría son recibos de cobros y servicios, al retirarse su casero él dice: ¿para cuándo el pago del alquiler?, Robert tira las cartas sobre su cama sigue estudiando su saxofón, pero sabe que no logra llegar a fin de mes, necesita otro empleo. Al otro día temprano en la mañana se tomó un café rápido, por medio de un amigo Robert se enteró que el museo de arte moderno buscaba guardias de seguridad, tomo un taxi que lo llevaría a Midtown en Manhattan, al llegar se topó con un edificio moderno de 6 plantas al estilo internacional, preguntó en la entrada, el guardia lo dejó pasar a una oficina de empleos, llenó unos papeles para luego ir a una pequeña entrevista, a los días le llegó una carta donde le informaba que era nombrado guardián del museo, en la tarde firmó su contrato, una señora mayor le entregó el uniforme que usaría durante siete años, ahora Robert  ya con su uniforme camina por los pasillos de museo, los primeros días le daba igual la lista de exposiciones, nunca tuvo un interés por el arte y menos por la pintura, su sueño era ser saxofonista de jazz pero no podía vivir de ello,  poco a poco el joven Robert se fue adentrando en el mundo del arte y la plástica. Esas ocho horas que pasaba allí le enseñaron más que haber estudiado arte, lo que comenzó como un trabajo de subsistencia para un músico de jazz desempleado, se convirtió en una de las residencias artísticas autodidactas más fascinante de la historia del arte contemporáneo. Robert pasa horas y horas frente a los mismos lienzo todos los días, se acerca observa la densidad del óleo, el rastro dejado por las cerdas del pincel, la tensión del lienzo sobre el bastidor, se agacha y ve el grosor de la pintura en los bordes, sube su cabeza al techo y contempla  como la luz eléctrica altera la percepción del color, Robert ha desarrollado una visión casi microscópica, prolongada y distinta a  los que visitan el museo, pero Robert ya no le interesa ver la obra desde el punto de vista metafísico, él se pregunta: ¿Cómo está hecho?  es decir, la pintura no es la ventana hacia otro mundo, sino simplemente una realidad física. Prosigue tocando  el saxo en el  tiempo libre en algunos clubes de la gran manzana, pero un día  regresando a su habitación, tuvo una pequeña epifanía, se fue rápidamente al Downtown en el bajo Manhattan, y entró al New York Central Art Supply, compró varios lienzos y pigmentos sobre todo el blanco titanio, esta revelación le hizo que pintara todas las noches en su pequeña habitación, Robert pasó de cuidar las obras de otros a exhibir las suyas en los museos más importantes del mundo.  La obra de Robert Ryman, desafío las convenciones de la representación y la ilusión, su pintura no actúa como ventana a un mundo exterior o un estado psicológico interior, al contrario analiza sus componentes esenciales: el soporte, el pigmento, la luz, el proceso y la gravedad, para Ryman su obra se concentra en cómo opera el “objeto artístico” en el espacio real. Una de las características de su obra plástica es el uso exclusivo del color blanco, que no es un símbolo, sino un instrumento de la neutralidad cromática, porque al eliminar la combinación de color, el blanco se convierte en agente que hace visibles los demás elementos de la pintura, se convierte en el lienzo donde la luz ambiental de la sala revela una superficie o un relieve dinámico que cambia según la posición del observador. Además en su obra  Ryman, utilizó invariablemente  el formato del cuadrado, que tiene como función una figura geométrica perfecta, que elimina cualquier residuo de narrativa visual, para que el lienzo se convierta en una presencia total, donde cada centímetro de la superficie tenga el mismo valor estético y estructural. La visibilidad del proceso es fundamental en la obra del artista minimalista, Ryman nos acerca al acto de pintar: la presión ejercida sobre el soporte, la dirección de la pincelada, la velocidad del brazo, los patrones de la pintura, la obra se convierte  en un registro físico, él celebra la manualidad y la técnica de aplicación. Su obra devolvió a la pintura su condición más honesta la de ser materia, luz y espacio, sin embargo nos enseña que el cuadro blanco no es el final de la mirada sino el comienzo de una observación consciente. Robert ha llegado a su pequeña habitación, ya el ruso que le alquilo no escucha el saxofón, ya paga al día su renta, ahora toma el lienzo, lo pega en la pared, su habitación es muy pequeña no caben caballetes, su pequeño universo está lleno de lienzos por todos lados de las paredes, toma un pincel más o menos ancho, un tubo de oleo blanco titanio marca “Winsor número 5”, va apretando el tubo, es decir sacando directamente del tubo al pincel, y va pintando unas franjas blancas horizontales en la tela  de lino al crudo sin imprimar, hace fuerza en la pincelada, es su idea dejar el rastro del proceso plástico, así pinta treinta y tres franjas  a mano de textura rugosa de 5 cm de ancho, vemos en el cuadro los movimientos del pincel de izquierda a derecha. Robert vuelve al MOMA pero ya sin su uniforme, vienen a sus recuerdos los años de análisis como vigilante, la mirada donde el museo fue su laboratorio. Se acerca a una de las salas y ve colgado aquel lienzo de 1,60×1,60: “Winsor 5”, que realizó en su pequeña habitación.

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