Opinión
Notations/Opus 6 /Oliver Messiaen/Música/Canto de pájaros/Misticismo
viernes 6 marzo, 2026
“Hago mis trascripciones de cantos de pájaros en la naturaleza, en primavera, la estación del amor, y en los momentos adecuados que son la salida del sol y la puesta del sol”.
Elvis Joan Suárez
El viento suave y frío, mueve los árboles; mientras las hojas caen en el bosque, que bordean al lago Yamanaka en Japón. A sus oídos llega el canto especial de los pájaros japoneses, que le recuerdan los mensajes dejados por los maestros del Zen; en su cuaderno pautado de mano, los transcribe uno a uno, estos hermosos trinos de los “Hermanitos” como los llamaba San Francisco de Asís, le servirán de inspiración ornitológica para su concierto los “Sietes Haikai”, para piano y pequeña orquesta, por ello Messiaen afirmaría: “Doy Cantos de pájaros a los que están sumergidos en las grandes ciudades y nunca los han oído”. Su madre la poetisa Cecilè Sauvage profetizaría la afición de su hijo por la música y la ornitología: “He aquí que llega Orión cantando en mi ser-son sus pájaros azules y sus mariposas doradas-, sufro de una música distante y desconocida”. En ese momento vienen a la memoria de Messiaen, los senderos erosionados del gran cañón en el estado de Utah, cerca de Solt Lake City, donde se sentará durante las noches solitarias en alguna cima de este paisaje de arena petrificada, para mirar hacia el cielo, o escuchar el movimiento de los astros u observar la estrella “Aldebarán” que traduce “La que sigue hasta llegar a Dios”. Al amanecer, es el momento propicio para escuchar el extraordinario canto de los pájaros de la erosionada arena. Todo este paisaje le ayudará a ordenar sus ideas para crear su obra: “De los cañones a las estrellas”. Después de estrenada la obra, el Gobierno de los Estados Unidos bautizará a una de las cimas del Gran Cañón con su nombre, en agradecimiento por esta partitura Orquestal. Messiaen en su famosa conferencia de Kioto, comentaba sobre sus dificultades: “Yo hablo de Dios, de los misterios divinos y de los misterios de Cristo, a gente que no creen o que no conocen de religión”. Messiaen en la contemplación del lago Yamanaka, su reflejo brillante le hará recordar un hecho de su vida no tan lozano, sino más bien lleno de incertidumbre. Se encontraba en el campo de concentración de Stalang, con un grupo de compañeros de prisión cuando se estrenaba su “Cuarteto para el fin de los Tiempos” en 1941, para violín, clarinete, violoncello y piano, donde el compositor expresará: “nunca había sido tan escuchado en mi vida”. En este año 2026 se cumplirán 85 años de estreno de esta obra y se estará interpretando con motivo de los “Messiaen Days” en mismo Stalag en Görlizt Alemania. Pero Messiaen vuelve realmente a donde se encuentra, y es en la iglesia de la “Trinidad de Paris”, y no en el lago Yamanaka, allí el templo es inundado por una serie de acordes estáticos que traslada a los fieles a la última cena. Sus sonidos son largos, a la vez que tenues, pero entre más prolongados son, más celeste y eterna es la evocación del cielo, como si esto fuera el fin de su existencia. Oliver, sentado de frente en el Cavaille-Coll, (Órgano) de la iglesia de la Trinidad, con sus dedos sobre el teclado y sus pies firmes sobre los pedales, elimina el concepto del tiempo, para hacer retroceder a todos los feligreses en el instante en que nuestro señor Jesús Cristo, partió el pan de comunión y dio a sus discípulos.
Oliver Messiaen, a quien le tocó vivir casi todo el siglo XX y murió cerca de sus 84 años en Cliché, durante 1992, hubo nacido en Aviñon el 10 de diciembre de 1908, su obra permanecerá impregnada de fe católica y amor a los pájaros; como él mismo afirmaba: “La Música al servicio del dogma de la teología católica”. Messiaen es uno de los compositores más importantes en el proceso de evolución del lenguaje musical del siglo XX, no solamente como creador, sino además como Maestro de los compositores: Iannis Xenakis, Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen.
Nuestro compositor revolucionó el arte de componer, haciendo búsquedas audacísimas sobre todo a nivel rítmico con su libro: “Tratado de mi lenguaje musical”, donde expone sus influencias en sus obras de las talas hindúes.
Oliver de vida normal y tranquila; es sin embargo, uno de los que más profundamente ha revolucionado la música del siglo XX a través de su “Serialismo Integral”, que es una técnica que no solamente serializa la escala como la trabajaron los compositores de la segunda escuela de Viena, sino también la altura, el ritmo, el timbre y la dinámica. En una de sus primeras obras ya apuntaba su manera personal “Le Banquet Celeste”. Es una obra para órgano de notas muy largas donde Messiaen, presenta su teoría teológica, y explica que entre más largo es el sonido de las notas, más nos acercamos a la eternidad y a la presencia del creador. Él hizo su música a través del estudio de la teología, los cantos de pájaros, provocando un éxtasis para los oídos de quienes los escuchan; una especie de milagro celestial que por instantes nos acerca a su misticismo.
Además, encontramos en él, a un virtuoso del órgano, que va a dedicar gran parte de su obra a este instrumento; como por ejemplo su Libro de Órgano de 1953, donde hace uso de ritmos hindúes. La obra de Messiaen es un mundo interior muy complejo que necesita una cultura religiosa a través de un sistema muy original y personal que expresan la gloria del creador no solo con la vida de Cristo, sino la concepción científica de la ornitología.Volvemos a escuchar los sonidos eternos en la iglesia de la Trinidad. Vemos a Oliver Messiaen, sentado con su mirada fija en la partitura, donde sus alargadas manos van terminando su obra “El Banquete Celeste”. Seguramente él volverá a su hogar, se encontrará con su esposa y compañera espiritual: Ivonne Loriod, quien lo seguirá tomados de las manos en alguno de sus amaneceres o atardeceres a escuchar y transcribir el canto de los pájaros.
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