Opinión
Páramo La Laja
viernes 30 enero, 2026
Porfirio Parada *
Hay un desvió, una entrada subiendo, vía Capacho, toda esa zona, le dicen paramos mágicos, en esa zona subiendo, muchas bodegas, club, restaurantes, espacios turísticos, posadas, licorerías, negocios, caucheras en el camino, restaurantes, la gente vendiendo gasolina, se ve precios de 2500. Suben y bajan muchas motos. Transporte. Táchira la veo en el viaje sin los nombres precisos de los pueblos, de las zonas, de las cuadras, de los cerros, páramos, me despido de San Cristóbal por un momento, mientras veo las casas en las montañitas, como pesebres, en una loma, con cercas, animales, vacas, becerro. He escrito sobre Capacho, anteriormente, vuelvo a escribir para redefinir parte de mi mundo, mundo de los demás, mundo andino, mundo terruño, de aquí. Escribo antes de llegar a Capacho. Parte de mi mundo es Táchira, y si me voy, para otro país, otro sitio, será en el Táchira cuando me muera. Carlos habitante de una hermosa casa en el Páramo La Laja nos enseñó parte de su mundo.
Está La Laja, La Lajita, Páramo La Laja, sector La Neblina, por el cerro La Estilosa, por allá, más allá, otra montaña Páramo del Duende, terrenos, potreros, montañas, trabajo del campo, animales, el frío que solo se siente en esos lugares, el silencio, el tráfico de las aves en el cielo buscando hogar entre los árboles mientras siguen volando, suspendidas. La faena del andino, de su paciencia en cada nueva jornada.En esos terrenos se respira lo tranquilo, uno se adentra en la montaña, dentro del bosque, de los árboles que se ven grandísimos en la avenida y los que no se ven, la superficie es inclinada, el bosque sumergido en su ecosistema de niebla, tierra, madera y vegetación mojada, la naturaleza te arropa mientras sube y siente el pulmón de la naturaleza alimentado el pulmón propio. Hay montañas y caminos jamás pensados, matas y arbustos grandes, colores vivos y hojas muertas pero que hacen vida en el camino. El suelo también es musgo, envuelto de piedras viejas, grises de verde. Soy de los que ha vivido toda la vida aquí y me falta recorrer pueblos del Táchira, muchos realmente, por lo menos, nunca he visitado el Complejo Hidroeléctrico Uribante Caparo, antiguo pueblo de Potosí, sí he entrado para los pueblos de El Piñal, y Abejales.
Pero por esa vía El Llano, lo que es luego Barinas y todo eso, poco conozco, solo la carretera, y cuando uno hace alguna parada para comer. Se siente el llano en los andes, como en la zona del río colgante por La Espuma. También el famoso, Rio Chururú. Eran muy conocidos esos lugares para un sancocho familiar, con cervezas y música, en mi infancia. Pero retomando al bosque de los páramos mágicos, inclinado uno se encuentra entre caminos que hace el hombre, el hombre de este presente que vive y se trasnocha con el hombre antiguo, el hombre sin señales y sin internet de hace 50, 60 años atrás, creando sin saber el camino que luego otro hombre se enamoraría del lugar, y se trajo a su mujer, y con su mujer hicieron hijos, compraron hectáreas, se levantaron, crecieron. Sigue subiendo y se ve la vegetación inmensa, hojas grandes, helechos, tallos, hojas sobre hojas en el piso, uno sigue y ve el camino de tierra y piedras marcadas para carros se convierte en un túnel de árboles y matas, y flores, y ya es una sola línea, más angosto el camino, como para motos y de una persona, en fila. Llegamos a un lugar que se llama La Lugareña, entre neblina, y pinos, lo que pasa afuera en ese momento uno desconoce, se desconecta, uno es bosque, páramo, frío.
Hay leyendas que se dice del sitio, una casa enorme abandonada, con cosas robadas, que siguen llevando, con letras de carbón en las paredes. Su diseño es majestuoso y soberbio en pleno pico de páramo, bañado de neblina y monte, tiene como un muro alrededor de pinos, pero pinos hermosos, grandes, frondosos, se asientan más con los siglos. La casa colonial de esas antiguas, tiene un túnel. Una escalera de caracol, las habitaciones son enormes, con balcones en las esquinas. Cerca hay una laguna donde uno se sigue sumergiendo a tanta vegetación, tanto páramo, tanta montaña rica en caminos, en flora, en vientos, vientos que son rocío, breves milagros de agua. En la laguna se puede ver aves sobrevolando con exactitud, encontrando un animal debajo del agua. De regreso, vimos parte de San Cristóbal en una parte alta de la montaña con bosque, entre arbustos con cercas.
En la casa de Carlos se ve por la noche los municipios de Guásimos, Cárdenas. Me dice parte de Cordero, quizás de lejos El Junco, Capachito en lo más arriba, al lado se ve Palo Gordo, todo a lo lejos esas montañas bañadas de luces, titilando, incluso carros moverse de lejos con sus luces, de caminos, de vidas, de sacrificios, de trabajo duro, de olvido. Cuando el cielo está despejado se ve desde ese sector las antenas en lo más alto de la montaña. El frío con la neblina llega a la casa, entra en ella, vuelve a salir, de repente ya no se ve nada de las luces por la neblina, me dice que, al lado derecho, se conecta o se ve lo que es Rubio. En su casa tiene pavo, conejos, gatos, un perrito, ovejas, su casa alrededor de árboles, con la madera transformada en anaranjados fascinantes. Su estufa tiene anécdotas con los ladrillos de su infancia, donde su abuela. Me gustaría regresar un día, incluso le dije al hombre para una entrevista. El agua de la casa viene de una naciente. Tantos caminos faltan, pero somos los caminos necesarios para seguir caminando.
Locutor de La Nación Radio
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