Opinión
¿Qué hacer con el peso en Táchira? (III) Respuestas económicas ante la realidad cambiaria
domingo 11 octubre, 2026
Omar Pérez Díaz – Pedro Morales
En las entregas anteriores de esta serie, demostramos que la presencia abrumadora del peso colombiano en Táchira no responde a un capricho comercial ni a un decreto, sino a una asimetría estructural de reservas operativas entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de la República de Colombia, donde el peso actúa como un vehículo operativo eficiente para acceder a la estabilidad del dólar. Analizamos también cómo la distorsión cambiaria castiga injustamente al trabajador que recibe sus ingresos en bolívares, demostrando que una dolarización por decreto —sin reservas en caja ni reformas de fondo— mantendría a la población en la misma indigencia salarial. En esta tercera entrega, abordamos la respuesta de fondo: no habrá estabilidad monetaria ni solución al dilema del peso en la frontera sin rescatar el valor real del trabajo, restituir el salario constitucional y ejecutar una reconstrucción educativa de alcance nacional.
7. Frente a la pretensión de eliminar el peso o decretar la dolarización, ¿qué debe hacerse realmente en la práctica para que la estabilidad monetaria sea factible en el país sin sacrificar el tejido humano?
7.1. Reconocimiento del valor real del trabajo frente al dogma ortodoxo de la productividad: La estabilización no se puede construir sobre el sesgo de la ortodoxia económica tradicional, la cual pretende justificar remuneraciones de extrema precariedad bajo el dogma de que todo ajuste salarial genera inflación y que solo se debe remunerar la productividad previamente medida.
En Venezuela, la destrucción del tejido humano y del aparato productivo no es un hecho fortuito ni reciente; es el resultado acumulativo de un proceso de larga data que abarca todo este siglo, derivado de las incoherencias y distorsiones acumuladas de una política económica estatista e incoherente —promovida bajo las premisas del denominado socialismo del siglo XXI—, posteriormente agravada por el impacto de las sanciones y tornada trágica en el período pospandemia. Sostener salarios de base desvalorizados no detuvo la distorsión de precios; por el contrario, terminó de asfixiar la vida del trabajador
En este escenario, la fuerza laboral venezolana —desde la comunidad laboral universitaria y el médico hasta el obrero y el trabajador de oficio— actúa como auténticos héroes de la resiliencia moral y productiva: sin recibir remuneraciones dignas y enfrentando una dolarización de facto que indexa diariamente todos los costos de la vida, son quienes mantienen vivas las instituciones, los servicios y las empresas del país. Esta altísima capacidad humana y técnica queda demostrada no solo en la resistencia de quienes han permanecido firmes en el país, sino en la extraordinaria inserción internacional de millones de venezolanos en los mercados más exigentes del mundo, así como en el valor de aquellos profesionales y técnicos que, tras emigrar, han decidido retornar a la patria para seguir aportando su talento.
El venezolano no carece de formación, disciplina ni destreza productiva. La penuria salarial no es la consecuencia de una baja productividad del trabajador, sino el resultado directo de la depreciación institucional del capital humano y del despojo de la renta nacional. Pretender que el factor trabajo siga pagando el costo del ajuste es una falacia teórica e inequidad social que destruye cualquier plan de estabilización genuino.
7.2. Restitución del salario mínimo vital y rescate del tejido humano como motor de desarrollo: Los ingresos petroleros recuperados deben canalizarse prioritariamente a la reconstrucción del poder adquisitivo real, restituyendo la garantía normativa del salario mínimo vital e indexado al costo de la canasta básica familiar —comprendida no solo como la nutrición esencial, sino en su dimensión constitucional integral que abarca salud, vivienda, educación, transporte, vestimenta y bienestar digno—, junto a las correspondientes escalas profesionales, en estricto cumplimiento del artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. La riqueza del subsuelo debe ponerse al servicio del presupuesto público para devolverle la dignidad al trabajador e invertir en educación, salud, infraestructura y servicios básicos, extirpando el deterioro ocasionado por el arbitraje político y la especulación financiera.
Desde la ciencia económica, dinamizar el salario no es un gasto a fondo perdido, sino la inversión estratégica de mayor impacto macroeconómico. Elevar el poder adquisitivo del factor trabajo desencadena de inmediato un efecto multiplicador virtuoso en la economía real: reactiva la demanda agregada interna, estimula las ventas del comercio local, impulsa la producción de la industria y el campo nacional, expande la base tributaria soberana y genera empleo formal sostenible. Restituir el salario es encender nuevamente el motor del mercado interno y devolverle la viabilidad al tejido productivo del país.
Así como la historia registra cómo las naciones europeas devastadas tras la Segunda Guerra Mundial lograron erigirse como potencias gracias a la hidalguía de su gente y al impulso del Plan Marshall, Venezuela cuenta con un activo infinitamente superior: una resiliencia moral y productiva comprobada en sus trabajadores, sumada a las inmensas riquezas naturales de una auténtica tierra de gracia. Si a esa fuerza laboral de excelencia se le restituye su salario constitucional y se le brindan las condiciones mínimas para crear, el país no solo superará el estrangulamiento actual, sino que desplegará de inmediato su inmenso potencial para consolidarse como una nación próspera y soberana que nada tiene que envidiarle a ninguna potencia del mundo.
7.3. Garantías jurídicas permanentes, crédito productivo y Plan Integral de Reconstrucción Universitaria (PIRU): La atracción de inversiones a gran escala no se logra con arreglos de excepción ni con concesiones de corto alcance al margen de la Constitución. Se requiere un entorno de certidumbre institucional que autorice a la banca nacional a intermediar créditos en divisas para reactivar los sectores agropecuario, industrial y comercial. Sin embargo, no hay viabilidad económica ni desarrollo duradero sin la reactivación urgente de la educación superior.
El Estado debe priorizar un Plan Integral de Reconstrucción Universitaria (PIRU) que recupere la planta física e inyecte con rigor el presupuesto de sueldos, salarios y previsión social, el presupuesto de inversión en infraestructura, el gasto de funcionamiento operativo y los presupuestos académicos indispensables para fortalecer la investigación, la extensión y la formación permanente, garantizando la atención justa a toda la comunidad universitaria: docentes, personal administrativo y obrero.
Es urgente corregir la tendencia institucional de presupuestar de forma deficiente a las universidades tradicionales y autónomas —las mismas que han formado a las promociones de profesionales de excelencia que hoy impulsan al país— para dispersar recursos en la creación de instituciones paralelas por meros fines ideológicos y político-partidistas.
Por su naturaleza sistémica, las metas del PIRU deben extenderse a la totalidad del sistema educativo nacional —abarcando la restauración física y el apoyo docente en escuelas y liceos—, entendiendo que la calidad universitaria depende de la solidez con la que se prepare a las nuevas generaciones. La verdadera estabilidad no se importa ni se decreta; se alcanza garantizando que la riqueza producida por el trabajo y el suelo venezolano permanezca en la patria para dignificar la vida del pueblo, financiar a sus sectores productivos y ejecutar una reconstrucción universitaria y educativa de alcance nacional.
Es momento de superar los enfoques efectistas y los planteamientos de coyuntura que prometen soluciones inmediatas sin asidero macroeconómico. La economía exige rigor científico, pero sobre todo ética pública y justicia social: no habrá estabilidad monetaria ni prosperidad en nuestra frontera mientras los recursos de la patria permanezcan secuestrados en el extranjero y la fuerza laboral continúe pagando el costo de un modelo de desposesión e inequidad.
Invitación al foro académico:
Con el propósito de analizar con rigor conceptual y desde la perspectiva de la economía humana la dinámica monetaria de nuestra región, la Universidad de Los Andes (ULA) Núcleo Táchira, a través del Vicerrectorado Decanato, invita a la comunidad universitaria y a la sociedad en general al foro académico «¿Qué hacer con el peso en Táchira? Respuestas económicas ante la realidad cambiaria».
Esta actividad se llevará a cabo de manera completamente gratuita para promover el encuentro, la reflexión técnica y la articulación entre la universidad y la comunidad.
La jornada se celebrará el próximo jueves 15 de octubre de 2026, a las 9:30 a. m., en el Salón de Usos Múltiples de la institución.
¡Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará!
*Dr. Omar Pérez Díaz
Profesor Titular ULA | Decano Vicerrector de la ULA Táchira
[email protected] | Instagram: @ulatachira.reporta
*Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET. Expresidente de APUNET
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»
[email protected] | Instagram: @tipseconomic












