Opinión
Queniquea
viernes 31 julio, 2026
Porfirio Parada
Me llamo Porfirio de Jesús Parada Molina, soy hijo del amor de Vidalia Molina y Jesús María Parada, ellos me vieron nacer de noche, en la ciudad crepuscular, en noviembre de 1987. Mis padres son tachirenses. La familia de mamá, mis abuelos vienen de Mérida, de los pueblos, la familia de mi padre por Capacho, y más allá, Colombia, o por la otra vía de El Valle, Vía Rubio, donde era mi Nona. Hay espacios sagrados y sentidos recuerdos familiares que reviven mi memoria por Loma de Pio, mucho antes de Loma del Viento, mi abuelo Porfirio Parada compró unos terrenos por allá y también por Barrio Obrero. Mis padres, en su mayoría, han vivido en San Cristóbal, de donde soy y me presento, aunque haya nacido en Barquisimeto. De niño, mis padres de espíritu andino, nos llevaban a pasear por los pueblos. Pasamos Las Vegas de Táriba, Cordero, subiendo montañas y vegetaciones, musgo frío de colores variados verdosos, se ven los primeros restaurantes para comer los fines de semana, llegando a Mesa de Aura, tengo varios recuerdos compartiendo de niño y luego de 15 años en tardes mágicas en ese lugar, en reuniones familiares o paseos, se escuchaba el agua natural del manantial bajando entre el humo de la parrilla y otros olores como cerveza, árbol, lluvia, tierra mojada. Seguimos, y llegando a los páramos, la vida en las alturas con el viento, los andes mostrándose desnuda entre los ojos, grandes montañas alrededor, Páramo del Zumbador, parada muy turística del Táchira, antes pasando por la Carretera Trasandina. Mucho antes, ventas de flores, rosas y girasoles. Escuelas, bodegas, trabajo y vida del campo. Se ve de cerca y de lejos la faena de los animales. Hay un puesto de la Guardia Nacional. Hay una Y en el Páramo del Zumbador, y subiendo para volver a bajar se llega a Queniquea.
Todo ese viaje ya mencionado, ahora ya en los veinte y treinta años, he ido a esas montañas de otras maneras, invitaciones en grupo o impulsos individuales, conociendo y sintiendo al Táchira mientras se pueda. El mañana nunca se sabe. Una vez me levanté y sin razón alguna decidí ir solo a San José de Bolívar, pasando por Queniquea, vi el pueblo por primera vez, pero a medias, desde la buseta que nos llevaba, yo ya estaba un poco cansado del viaje, sin embargo, veía con ojos abiertos. Otra referencia que tengo de Queniquea es que aquí en San Cristóbal, he escuchado decir a varia gente a los que son de allá le dicen “queniqueo”, a los hombres pues. Ángel Escalante, joven periodista de la ULA, que ha trabajado en Diario La Nación y lideró lo que es hoy La Nación Radio, es de Queniquea, el pintor Elder Guerrero, muy conocido en su pueblo, tiene varios murales en Queniquea, como obras en locales internos, lo conozco cuando trabajé en el MAVET (Museo de Artes Visuales y del Espacio), compartiendo una exposición colectiva, es de Queniquea. El ex presidente de Venezuela, Eleazar López Contreras (en el pueblo hay un museo que le hace honor a su vida y obra), no sólo fue presidente y gran militar andino, fue figura importante en la historia, cambio a la democracia, y desarrollo en Venezuela, por esos decisivos años de 1935 a 1941, nació en Queniquea. Y viene un Diógenes Escalante, nacido en Queniquea en 1877, fue ministro y candidato presidencial del país, de repente le cayó una enfermedad mental en plena campaña y todo se paró. Hace poco viajé a Queniquea, pero esta vez sí para quedarme un día y caminar sus calles por un rato.
Mi compañera cumplía años y quería retirarse de la ciudad. Viajamos en carrito con otros pasajeros, el pasaje está a 35 mil pesos en carro, me recibieron una parte en Pago Móvil. Nos quedamos en el Hotel Turístico Queniquea. Tienen piscina, y salas de baile y eventos, dicen que en la feria del pueblo este hotel está lleno. Un gran vidrio se ve en sus instalaciones donde se ve la inmensa montaña desde el sector El Barrio. Caminamos algunas de sus calles principales, sus esquinas, andamos en moto taxi, fuimos a una quebrada donde sale agua azufrada, y así aprovechamos de pasear por el pueblo. El pintor Elder Guerrero me pasa el número por WhatsApp del Cronista del municipio Sucre, Ricardo León, me contacto y al rato voy desarrollando una entrevista con él sobre su libro: QUENIQUEA Un centro poblado del estado Táchira entre los siglos XVI y XIX. Ese libro está en digital y fue editado por la histórica Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, el video ya está en YouTube y lo consiguen buscando en: Cuestiones de Lectura (Queniquea + Cronista del Municipio Sucre). La entrevista es muy interesante porque el cronista habla de lo pasado, cómo se fundó el pueblo, cómo investigó para obtener datos importantes para el libro, los primeros habitantes que llegaron, sus primeros apellidos, la mención de San José de Bolívar, de la ciudad de La Grita, las investigaciones que incluye visitas a Mérida, La Grita, e incluso un libro de Trujillo. Menciona palabras antiguas como “presbítero”, o describe los primeros censos, o la repartición de tierra, entrar en contextos, por ejemplo, sobre Mérida que antes era la capital de la región de los andes.
No nací aquí, pero soy andino, me gusta bañarme con agua fría. Le voy al Deportivo Táchira, menciono la palabra toche en conversaciones y pensamientos. Hablo de usted, y cuando tuteo no me siento tan cómodo, de parte de mi madre conozco al pueblo de Capachito. Digo ¡que hijueputas! Así dicen los de aquí. Me falta visitar otros municipios, me alimento de las montañas y la neblina. Cuando viajamos a Queniquea esas inmensas montañas y cuando uno empieza a bajar en zigzag, empieza ver los caminos, de lejos, que se conectan a casas, caminos que no se ven, caminos más cerca, la meseta se empieza a inclinar, uno se siente dentro de inmensas alfombras de musgos, pasto, grama, vida verde, vida humana, vida rural. Cuando terminé la entrevista con Ricardo, me fui a caminar con la cumpleañera por el pueblo, y ya había pasado anoche, ya habíamos cantado el cumpleaños feliz en casa de Elder Guerrero, con su mujer, e hija, ya habíamos comido arepa con atún, cebolla y tomate y cilantro picado con aguamiel, aunque yo tomé Coca-cola, escuchando música típica de los pueblos del campo, sintiéndonos parte de una familia. La noche fue fría de luna llena con la noche despejada y el martes 28 de julio estaba haciendo un sol que picaba la cara. Es fino sentir el frío sol en el cachete, mientras uno ve la gente pasar y ver de lejos las montañas mientras uno está visitando a Queniquea. Fuimos a la Biblioteca Pública Queniquea, luego comimos empanadas en una esquina donde queda la Alcaldía, la hacen cuando uno la pide, el piso es verde, reciben Pago Móvil. Pasamos por el Hospital, tienen una estación de servicio donde surten gasolina, hay un Banco Digital de los Trabajadores, antiguo Bicentenario, aproveché y saqué efectivo, 2.500 bolívares. Hay una virgen grande. Hice un video en la Plaza Bolívar, otro video donde aparece un aviso antiguo de la C.A.N.T.V. Vimos a varias mujeres, mujeres jóvenes manejando moto, conocí una profesora que vende dulces, tortas y fresas con crema, vi en una esquina, una taguara, donde vendían botellas de miche. Greissy probó un masato, me dijo que le gustó.
Hay una historia local en Queniquea, una rivalidad entre Queniquea y San José de Bolívar, sus habitantes, hace muchos años atrás, se sabe en los textos y en la oralidad, entre historiadores, entre la gente, se dice que todavía existe, otros que ya no, no sé muy bien, la división entre un río, Río Bobo, un árbol. El escritor José Antonio Pulido Zambrano, presidente de la Academia de la Historia del Táchira, es de San José de Bolívar. Roxana Escalante Roa, mujer muy estudiada en letras y filosofía, es de Queniquea. Luisa Elena Contreras Mattera, primera mujer piloto civil graduada en Venezuela, es de Queniquea. La historia de las casas y terrenos cerca del pueblo, la historia del viento, la historia de la memoria a través de las generaciones. Tengo o tenemos pendiente otro viaje a Queniquea, Elder me dice que recorre por una hora el pueblo haciendo ejercicio, pasa por zonas hermosas del pueblo, me gustaría ir con él. Hay esquinas que me faltaron conocer, historias, conversaciones con habitantes, fotografías, Elder me dijo que tuvo un tío pintor, que pintó bonito a Queniquea, me mostró el cuadro, exhibió su arte en Caracas, lo mataron con los mismos instrumentos que pintaba. Quiero conocer ese trabajo del pueblo con el trigo. Quiero mirar nuevas montañas a través de sus otras montañas, como lo hice de niño en Mesa de Aura, que no me falte la vida para regresar a Queniquea, que no me falte la vida para seguir conociendo el Táchira, quiero conseguir nuevos riachuelos. Que no me falte la vida.
Locutor de La Nación Radio
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