Reconversión ética

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Los gobiernos regulan los asuntos de la economía a través de leyes, decretos o medidas legales de distinta naturaleza. Pero no es tan fácil imponer directrices en el orden moral de la sociedad. Hay sanciones, multas y otras acciones penales e impositivas destinadas a asegurar la puesta en práctica de tales políticas. Algunos acatan las normativas. Otros, en cambio, buscan fórmulas subrepticias para saltarse el orden jurídico e imponer juegos macabros en la dinámica diaria de la nación. La conciencia ni se decreta ni aflora por generación espontánea. ¿Cómo hacer entonces para lograr la reconversión ética en Venezuela? He ahí el gran dilema. Las respuestas no están en los discursos moralizantes de los hipócritas. Muchos farsantes se llenan la boca con retórica hueca, con prédicas y pregones cargados de aparente moralidad, mientras buscan opciones para sacar provecho del juego sucio en el marco del desespero colectivo. La crisis económica es bastante grave. Pero el abismo ético es más profundo. El darwinismo inmoral se refleja a través de una pelea invisible de todos contra todos. Es la sobrevivencia del más pícaro…

  En medio de la crisis económica proliferan los practicantes de la inmoralidad a pequeña y gran escala. No son tantos. Pero tienen fuerza y capacidad de chantaje. Son los primeros en aparecer en situaciones de dificultad. No tienen un ápice de conmiseración a la hora de sacar ventajas frente al desespero colectivo. La sociedad está cautiva en los oscuros sótanos de la riqueza fácil, en las telarañas del fraude, en la lenidad de las autoridades, en el fracaso de los liderazgos. La cuestión de la crisis sólo se plantea en términos económicos y políticos. Se ignoran las dimensiones culturales y éticas. Ningún país sale del fondo si la impunidad y la complicidad se convierten en el pan nuestro de cada día. Hasta las leyes requieren orden moral al momento de aplicar correctivos. En caso contrario, pierden eficacia y aplicabilidad. La voluntad ética es el dispositivo necesario para enderezar las cargas. Esto aplica para quienes dirigen el gobierno, para quienes llevan las riendas de los procesos productivos, para quienes aspiran al poder, para quienes controlan la circulación de bienes o servicios y para los ciudadanos en general.

  No todo está perdido. La solución a la crisis exige grandes esfuerzos y sacrificios colectivos. La ley de la selva es la peor opción. La cultura de la acusación mutua tampoco conduce a ninguna parte. La reconversión ética presupone el paso de la individualidad a la conciencia colectiva e institucional, buscando los equilibrios necesarios para construir la convivencia social en sana paz. En la vida de las naciones se requieren marcos éticos mínimos para alcanzar la estabilidad. El colapso de la moral afecta la lucha política o la generación de riqueza, las relaciones internacionales o la conquista del poder, el intercambio comercial o los procesos productivos, el flujo de información o la generación de opinión. Nada queda exento de la aplicación de la ética como mecanismo regulador de la acción social y esto implica traducir la palabra en hechos. En Venezuela, lastimosamente, la crisis económica y política ha profundizado las carencias morales. Pero, al mismo tiempo, antes de caer hasta el fondo, también surge la posibilidad de reconducir los procesos y detener la carrera desesperada hacia la autodestrucción de la patria. josegarmo@yahoo.com (José de la Cruz García Mora /C.I.V.- 9.128.178)