Reorganización y lecciones no aprendidas

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La política tiene que girar en torno a la organización, estrategia, objetivos y medios para lograrlos; pero no puede girar en torno a las individualidades. Esa organización se alimenta, para su expansión estructural, de activistas, dirigentes y líderes de masas, que son los grandes voceros nacionales.

Hoy estamos en la imperiosa necesidad de hablar de la reestructuración de la oposición, toda vez que se dice que es imprescindible la presión interna para lograr los objetivos de doblegar al régimen de Maduro.

Desde el año pasado hemos estado promoviendo la necesidad de que la sociedad elija a sus dirigentes, eso permite estructurar base y dirección a lo largo y ancho del país. Cosa que no se ha logrado. Los partidos dicen estar organizados y no dispuestos a someterse a escrutinios ciudadanos. Así, tampoco aceptaron las primarias de selección múltiple para la escogencia de los líderes fundamentales que dirijan a la sociedad opositora.

Lo cierto es que Juan Güaidó es líder en razón a la circunstancia que lo acompaña de haber asumido la responsabilidad constitucional de ser presidente encargado, reconocido por unos 50 países. Pero la organización va más allá de una individualidad.

La oposición requiere legitimar estructura y dirigentes, continuar con el G4, como estructura de oposición, sería continuar la cadena de errores. Dos casos de cómo se pierden oportunidades por desviar los objetivos, torciendo la función organizativa, lo constituyeron los comités por la Libertad, que terminaron en una disputa de control partidista y la estructura para repartir la ayuda humanitaria; solo sirvió a los dos partidos que lo usaron para proselitismo político; pero en nada sirvieron a los efectos de darse una organización de base para la movilización y presión, objetivo real frente al régimen.

Los partidos deben abrirse ahora y permitir que la sociedad organizada advierta en condición de iguales la participación, dirección y ejecución de la política. Si el G4 sigue monopolizando las decisiones políticas y de la participación, pues no se habrá logrado el llamado de inclusión e incorporación del que se habla.

La organización partidista privilegia solo el hecho electoral. El punto es ¿cómo lograr una organización para la movilización, objetivo de la lucha para doblegar a Maduro? Pues, estructurando una única plataforma de organización para el desarrollo del trabajo político. De esta manera no se sabotearía el trabajo.

Ahora bien, esta estructura tendría que trabajar para todas las opciones de salida de Maduro. Si la alta dirigencia solo trabaja para una salida electoral, estaría condenando, como actualmente sucede, la posibilidad de estructurar una organización para la movilización y presión.

Es por ello que la oposición en la mesa habla de elecciones, y el G4 espera pacientemente su convocatoria sin presiones para, por consenso entre cuatro, repartirse el país en colores.

Lo cierto es que el éxodo no se detiene, en razón de que el ciudadano no ve posibilidades reales de cambio. El régimen persigue, no por débil, sino por sentirse superior y cómodo frente a la oposición, que al tener el juego cantado, tiene cantadas sus acciones.

La oposición requiere presionar para doblegar al régimen y no lo consigue; al interior del país no existe estructura de oposición movilizada. Al régimen lo golpean actualmente son las acciones y las sanciones de EE.UU.

Esta es la razón por la cual la oposición luce sin trabajo, luego de que el régimen se retiró del diálogo, no tiene planes alternativos, ni organización para presionar.

La oposición así, esperara elecciones, o se abre organizativamente y se estructura para desplazar al régimen con la movilización de presión para resquebrajarlo. Antes no lo logrará.

Tampoco la sociedad hará el trabajo sola, sin la coordinación estructural nacional. Se trata, en consecuencia, de reorganizarse para avanzar.

(Carlos Casanova Leal)