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Inicio/Opinión/Repelencias 633

Opinión
Repelencias 633

sábado 12 septiembre, 2026

Repelencias 633

Carlos Orozco Carrero

“¡¡Me vacié!!” Con esta lapidaria frase, Lionel Andrés Messi dijo adiós a la selección de futbol de Argentina. Solamente queda dar gracias a Dios por permitirnos apreciar el accionar del mejor jugador de la historia. Dios te pague, Lionel Andrés. 

A punta de diccionario se van armando discursos rufos que no pasan el trapo colador de realidades palpables a la hora de confrontar con los que verdaderamente saben de la actividad pedagógica en nuestras escuelas primarías.  Lo real verdadero está en los planteles frente a unos 35 muchachos con todo lo que esto representa. Eso de intentar “subir” niveles pedagógicos dejando a los niños por fuera de la ecuación educativa, suena a humo colorido para impresionar a los que nunca han vivido la experiencia escolar cuerpo a cuerpo durante unos veinte años entre los muros de las instituciones educativas y sus propósitos. Mis respetos a los maestros de primaria en Venezuela, verdaderos conocedores de lo que llaman pedagogía. Los estudiosos pueden seguir con su narrativa, doble cinco, resiliencia, antiretruque, paradigmas, horizontalidades, falso nueve y lo que quieran acomodar en su formaleta particular. Creo que hasta Ana María Rodas, Mariano Azuela y Umberto Eco quedarían ruborizados de por vida. Pupitre y pizarrón junto a la sonrisa del maestro eterno. Y esto no lo digo yo, señores. Es un primado documento elaborado por el Consejo de Sabios en Asamblea General realizada el pasado fin de semana en el Bodegón del Buen Estar de La Ermita. Déjenme decirles que el cacumen no lo dan de ñapa en este sitio maravilloso. Y puedo asegurarles que se han visto cosas en materia educativa, como dice el libro Santo, cariños.  

Enzo balanceaba el incensario aquella nochebuena sin sospechar absolutamente nada. Sus compañeros habían soltado las cadenitas que sostenían la parte alta del aparato que soltaba humo al moverlo con fuerza en círculos precisos. Se apartó este monaguillo tan eficiente y quedó entre el pesebre y la feligresía que observaba con alegría a Enzo en su práctica religiosa. Un zumbido sacaba nuestro amigo con el movimiento acompasado, mientras los monaguillos lo miraban de reojo esperando lo planeado. Un sonido metálico advirtió que algo extraño empezaba a ocurrir. El incensario salió disparado contra el pesebre y fue en cuestión de segundos que el estruendo del golpe y la candela agarrando el papel almidonado envolvieron la iglesia entera. Los gritos desesperados de los fieles creyentes y el humo maloliente hicieron el pandemonio inolvidable para   los que asistieron esa noche a la misa de gallo. En cada esquina una historia.   

La camioneta mostraba signos de llevar el carburador lleno de mugre y por eso lloraba en la subida infernal. Por más que Adolfo le clavara la pata al acelerador, su rendimiento era casi nulo y de vainita no se apagaba, amenazando con dejar al desesperado chofer en pleno páramo andino. Llegó a la cima y se santiguó al ver que el vehículo emparejaba al tomar la recta inmensa en la bajada que le daría fuerza para llegar rápido al poblado. El viento le daba en la cara y secaba el sudor que había salido de su cuerpo en la desesperante subida. Era tal la emoción que sentía con la velocidad que agarraba la camioneta que empezó a disfrutar del paisaje a esas horas de la tardecita con claroscuros reflejos amarillentos. Era una recta larga con una curva cerrada al final del asfaltado de la vía. -Si un carro se va por este precipicio será como un accidente aéreo, dijo Ramoncito Runche un día que se asomó y vio un hilito de agua en el fondo de la profundidad señalada aquí. Adolfo entendió que algo extraño pasaba cuando el volante empezó a temblar y las ruedas daban golpes a los lados de las puntas de eje. Intentó frenar al llegar a la curva y de repente no sintió la carretera bajo las ruedas. Me dan nervios al recordar lo que contaron unos campesinos que vieron todo desde la montaña del frente. Después les sigo con la charlonería para entrar en el estilo de los que saben contar historias formidables.   

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