Opinión
Repelencias 634
sábado 19 septiembre, 2026
Carlos Orozco Carrero
Farallones, barrancos, profundidades y precipicios nos han acompañado desde siempre a los que transitamos estas carreteras de Dios. A veces unas ramitas dividen el perfil de la vía y el abismo que espera al que descuidó sus maneras de conducir entre neblinas y curvas. Pues, nuestro chofer apuradito perdió la posibilidad de mantener su camioneta sobre la carretera esa tarde. Su vehículo arrancó unos palos alambrados que evitaban que algún becerro saliera del terreno sembrado de pan de sal y fideos cabello de ángel y voló en elevación sorprendente para ir derechito a incrustarse de frente sobre un viejo eucalipto que vivía solito en la falda del cerro y a veces acompañado por unas matas de tártago ralas. Casi una pared, señores. Todo el centro del carro enfiló contra el árbol y quedó prácticamente clavado allí. La corneta quedó sonando, mientras los campesinos que habían visto todo el episodio corrían a buscar ayuda en plena vía. Los parroquianos sacaron al asustado chofer, quien no reaccionaba al momento de su aventura. Unos veinte minutos más tarde logró pronunciar una especie de oración sagrada: – Dios Todopoderoso, tenga en el reino de los cielos al hombre que sembró este eucalipto hace más de cien años. En cada esquina una historia.
Empezó la zafra peloteril en el Club Latino, señores. Lo mejor del softball de la región estará presente durante el nuevo torneo en varias categorías. La muchedumbre apoya el accionar de la categoría Súper Senior, división que convoca a los verdaderos conocedores de la pelota suave. Creo que la afición disfruta con las jugadas del rey del piconazo y sus tremendas enguantadas. -Suelta esa bola, entelerido.
Preguntan los lectores de estas repelencias sobre lo que ocurrió con Enzo, el monaguillo uruguayo. Les cuento que después del trágico accionar del incensario y el posterior incendio en la Misa de Gallo aquella nochebuena, el padre Artigas hizo uso de su anillo enorme para consolar a los monaguillos con un toque aleccionador en sus porras. Comentan que la risa que les provocaba el recuerdo de Enzo y sus gritos les hacía más fácil asumir ese castigo divino. Mucha risa no es cariño.
Ya lo hemos advertido desde hace tiempo ya. Eso de la Inteligencia Artificial es cosa peligrosísima para el desarrollo de la humanidad. Ya estamos viendo a lo que hemos llegado con el poder de las máquinas diabólicas. Hay preocupación en el bodegón del Buen Estar de La Ermita respecto a estos inventos perversos que tarde o temprano generarán violencia sobre la raza humana.













