Opinión
San Antonio del Táchira: La Gesta de 26 Años y el Rigor de nuestra Identidad (II)
martes 27 enero, 2026
Alexis Balza
En nuestra entrega anterior, asomamos una tesis que para algunos puede sonar audaz, pero que para la historia es un acto de justicia: el gentilicio sanantoniense es la matriz de la “Tachirensidad”. No se trata de un arrebato de orgullo localista, sino de una verdad que emerge al descorrer el velo de los archivos coloniales y eclesiásticos. Hoy, nos adentramos en la interpretación de esa génesis, allí donde el documento se convierte en espíritu.
Una fundación que fue batalla
La historia oficial suele resumir las fundaciones como actos administrativos de un día. Sin embargo, la hermenéutica de nuestra identidad nos revela algo distinto: la erección de la Parroquia de San Antonio de Padua fue una gesta de resistencia. Desde la intención inicial en 1711 hasta la culminación oficial en 1737, transcurrieron 26 años de lucha incansable.
¿Qué nos dice este lapso de más de dos décadas? Nos habla de la tenacidad como rasgo genético de nuestro gentilicio. Figuras como Eugenio Sánchez Osorio y el Padre Antonio Rivadeneira no solo enfrentaron la selva y la distancia, sino el rigor de una burocracia colonial que, en un punto crítico, llegó a anular la fundación tras un litigio con el cura de Capacho. Pero el sanantoniense de entonces —al igual que el de ahora— no aceptó el “no” de la historia. Esa capacidad de revertir nulidades legales y restablecer su derecho a existir es el primer gran hito de nuestra conciencia ciudadana.
El rigor de la fuente primaria
Para sustentar esta “restitución histórica”, no nos hemos conformado con el relato heredado o la media verdad. Esta investigación ha sido un peregrinaje por el Archivo Histórico de la Nación en Caracas, el Archivo de Colonias en Bogotá, y los registros de las arquidiócesis de Mérida y Maracaibo.
La interpretación de estos documentos nos permite afirmar que San Antonio no nació por azar. Fue un proyecto de vida por el cual nuestros fundadores hipotecaron sus bienes y su tranquilidad. Por ello, al hablar de la “Villa Heroica”, no usamos un adjetivo vacío; nos referimos a una comunidad que desde el siglo XVIII ya entendía de leyes, de defensa del territorio y de autonomía espiritual.
De la Villa a la Identidad Regional
El alcance de esta obra, que hoy compartimos en estas líneas, busca conectar esos puntos olvidados de la cronología: desde las Leyes de Indias hasta la participación vital de los comuneros sanantonienses. Es allí donde se cocina la “conciencia andina”.
San Antonio no es solo el borde geográfico de la nación; es el origen. Al estudiar el terremoto de 1875 o la construcción del primer puente internacional, no solo vemos cemento y piedras, sino la resiliencia de un pueblo que ha sabido resurgir de las ruinas y de la indiferencia del poder central.
Invitamos al lector a despojarse de los relatos incompletos. Ser sanantoniense es poseer un título de honor que precede y fundamenta al ser tachirense. En la próxima entrega, profundizaremos en cómo esta tierra, que dio nombre a nuestro estado, se convirtió en el faro de la libertad con la llegada de la Campaña Admirable.
Porque conocer nuestra génesis es la única vía para garantizar que, a pesar de los ciclos de estancamiento, San Antonio del Táchira resurgirá.
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