Opinión, Regional
Se solicitan contrapesos
viernes 6 marzo, 2026
Ricardo Escalante
Una regla esencial de la democracia es el juego de pesos y contrapesos, porque la existencia del partido o líder único conduce a desviaciones cuyo costo termina por ser elevado. Todo gobierno, partido y líder, requiere un contrapeso firme, capaz de formular advertencias, corregir errores y favorecer la alternancia política.
En el caso venezolano, el recio Rómulo Betancourt desempeñó un papel crucial en 1958 y en los años subsiguientes al estimular el crecimiento de Copei como partido opositor y de estimular a Rafael Caldera como figura central en la vida política nacional, frente a Acción Democrática. Así contribuyó a asentar el entonces naciente libre ejercicio de ideas.
Ahora, cuando el país está en trance de emprender un nuevo camino que ojalá sea exitoso, carecemos de un puñado de dirigentes como el que nos adornaba en 1958, con formación, experiencia y proyección política, que venían de batir el cobre frente a las persecuciones, torturas, desapariciones y asesinatos, implantadas primero por Juan Vicente Gómez y después por Marcos Pérez Jiménez.
Hugo Chávez y Nicolás Maduro, llevados de la mano de Fidel Castro, trataron por todas las vías posibles de eliminar la disidencia, cualquier manifestación que oliera a oposición. A eso contribuyeron también las torceduras morales y las incapacidades que los viejos partidos y ciertos líderes nuevos incubaron, sin que otras caras se encargaran de un reemplazo tan saludable como el visto a la caída de Pérez Jiménez.
A consecuencia de lo antes señalado, ahora carecemos del abanico de organizaciones políticas que en otros tiempos nos adornaban. Los viejos partidos no tienen nada que ofrecer porque son entelequias con vicios y sin las ideas ni la fuerza indispensable para atraer a las nuevas generaciones de ciudadanos. Entre los partidos surgidos en el último cuarto de siglo todavía no hemos visto liderazgos colectivos bien estructurados; sin embargo, tendrán que surgir con prontitud porque las circunstancias así lo demandan. Por brillantes que sean ciertas individualidades, al país le resultaría inconveniente una nueva Asamblea Nacional con 80 por ciento de sus miembros encasillados en una sola tendencia. Eso significaría el augurio de una pesadilla. Y aunque las circunstancias son muy distintas, no deberíamos olvidar el enamoramiento de la mayoría de los venezolanos con Hugo Chávez Frías, a quien en 1998 le dieron el poder a ciegas y poco después una constituyente absurda, que lo facilitó todo para que llegáramos a un corolario desastroso. Por eso, insisto, sin pesos y contrapesos no habrá verdadera democracia.
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