Opinión
Sucesivas razones para continuar
viernes 23 octubre, 2026
*Viena Zamudio Valero
En octubre de 2010, Instagram llega al mundo de las aplicaciones móviles con una propuesta sencilla: compartir la vida cotidiana a través de fotografías tomadas con el teléfono. Dieciséis años después, una consulta breve puede prolongarse de una publicación a un video y de los comentarios a otro contenido, hasta ocupar más tiempo del previsto. Entre aquella propuesta inicial y la experiencia actual transcurre una historia de cambios que invita a preguntar: ¿qué ha cambiado en la plataforma para que una visita de pocos minutos se extienda dentro de la aplicación? Revisemos algunos momentos de su evolución que permiten comprender cómo se construye esa permanencia.
El orden de las publicaciones influyó en lo que encontrábamos y en los motivos que descubríamos para seguir dentro de la aplicación. En 2016, la plataforma comenzó a mostrar primero los contenidos que estimaba de mayor interés para cada usuario, según el vínculo con quienes publicaban y la novedad del contenido, en lugar de ordenarlos únicamente del más reciente al más antiguo. Así, al deslizar la pantalla, recorríamos una secuencia que había sido organizada para anticipar nuestras preferencias, de modo que la siguiente publicación podía despertar un interés que no formaba parte del propósito inicial de la visita. En 2013, la posibilidad de grabar y compartir videos había sumado un nuevo lenguaje a esa secuencia; pero fue la irrupción de los formatos breves, años después, la que terminaría de alterar el ritmo del recorrido.
Con la llegada de Reels en 2020, la continuidad de la visita encontró un nuevo impulso: videos cortos de personas que no seguíamos, capaces de despertar intereses que surgían durante el recorrido. Al terminar un clip, otro ofrecía una razón para quedarnos, de modo que la consulta inicial podía prolongarse sin una decisión previa de dedicar más tiempo a la aplicación. Tim Wu ya había advertido, en Los mercaderes de la atención (2016), ya había explicado el valor comercial de atraer públicos y ofrecer a los anunciantes la posibilidad de alcanzarlos, una perspectiva que permite comprender por qué esa sucesión de motivos para continuar también resultaba valiosa para el negocio. Si el orden y la recomendación empujaban a seguir, faltaba un modo de medir y volver visible ese tiempo.
La medición le dio visibilidad al valor de la duración en 2023, cuando la plataforma incorporó para los creadores el tiempo total y promedio de visualización de sus videos, con las repeticiones incluidas en el primero. En 2026, Meta informó que amplió el historial de interacciones utilizado para entrenar sus sistemas y que las mejoras de recomendación del primer trimestre elevaron un diez por ciento el tiempo dedicado a Reels. La permanencia quedó así vinculada con dos decisiones que atraviesan nuestra experiencia: cómo presentar un contenido para que continuemos ante él y qué ofrecernos después para prolongar el recorrido. Pero ese tiempo medido no dice todo sobre lo que ocurre mientras seguimos allí.
La atención, en efecto, puede cambiar mientras seguimos dentro de la aplicación: un video merece una mirada detenida, otro pasa casi inadvertido y un tercero nos conduce a sus comentarios. Yves Citton (2014), propone comprender cómo los entornos orientan aquello a lo que atendemos, una perspectiva que invita a examinar nuestra visita junto con las condiciones que facilitan su continuidad. Desde esa mirada, una particularidad se vuelve visible: podemos dispersar la atención entre numerosos contenidos y, aun así, prolongar nuestra estadía en un mismo espacio digital. Esa distancia entre atención y duración conduce a la pregunta que las cifras no resuelven.
Lo recorrido responde la pregunta inicial: la visita se prolonga porque el orden de las publicaciones, la irrupción de Reels y la medición del tiempo fueron encadenando motivos para seguir. Esas fueron las sucesivas razones para continuar: unas elegidas por nosotros, otras dispuestas por el sistema que aprendía de nuestras acciones. Al apartar la mirada de la pantalla queda, sin embargo, una inquietud que los registros de duración no alcanzan a resolver: ¿qué hace que ese tiempo resulte valioso también para quien lo entrega? Y acaso la pregunta de fondo no sea cuánto duró la visita, sino qué aprendemos a esperar de un sistema que siempre tiene una razón más para quedarnos.
*Comunicadora Social. Profesora de la Universidad de Los Andes, Núcleo Táchira.
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