Opinión
Tratos o travesuras: el Halloween geopolítico de la transición venezolana
sábado 31 octubre, 2026
Leomgano Flores
Cada 31 de octubre, el mundo se entrega al juego de las máscaras de Halloween. Para los niños, la consigna del trick-or-treat (truco o trato) es un juego inocente: ofrecer una tregua pacífica a cambio de dulces para evitar una travesura. Sin embargo, en el actual escenario de la transición político-social de Venezuela, esta dinámica ha dejado de ser una diversión infantil para convertirse en la estrategia diplomática de supervivencia de un sector muy específico. Los deudos políticos del madurismo, despojados de su viejo ropaje antiimperialista, tocan hoy la puerta de los Estados Unidos ensayando su propio «truco o trato»: sumisión cosmética a cambio de impunidad.
La analogía no es exagerada si revisamos la evolución de la fiesta. Originalmente, el «truco» implicaba una amenaza real de daño a la propiedad si el vecino no cedía al chantaje de entregar una recompensa. De la misma manera, quienes durante años sostuvieron un modelo que destruyó el entramado institucional de Venezuela, intentan hoy extorsionar el proceso de transición. Su propuesta a Washington y a las nuevas fuerzas locales es clara: si les garantizan un trato que preserve sus capitales y archive sus expedientes judiciales, prometen un comportamiento dócil; de lo contrario, la «travesura» será el sabotaje permanente a la gobernabilidad y a la estabilización del país.
Este camaleonismo evoca también la vieja leyenda irlandesa de STINGY JACK, aquel hombre que talló un nabo para meter una brasa incandescente y vagar eternamente al ser rechazado tanto en el cielo como en el infierno. Hoy, los herederos del colapso madurista se encuentran en un purgatorio político similar. Rechazados por una sociedad venezolana que exige justicia y desconfiados por los sectores democráticos, caminan en la oscuridad cargando su propia linterna de conveniencia, buscando desesperadamente que la Casa Blanca les abra una puerta de escape a través de la flexibilización de sanciones personales.
Para la sociedad civil y las fuerzas que lideran el cambio, ceder ante este trick-or-treat criollo representa un peligro sistémico. Si bien las transiciones políticas exigen pragmatismo y negociación, aceptar este trato sin la mediación de una justicia transicional sólida vaciaría de contenido la democratización. El riesgo es transformar la transición en una fiesta de disfraces permanente, donde las viejas élites solo cambian de máscara para seguir usufructuando el poder bajo una nueva fachada geopolítica. La verdadera soberanía de la Venezuela del futuro no se construye pactando inmunidades en el vecindario del norte, sino desmontando de raíz las estructuras de impunidad de quienes pretenden pasar de victimarios a copilotos de la democracia.











