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Inicio/Opinión/Un Walmart en San Cristóbal

Opinión
Un Walmart en San Cristóbal

jueves 1 octubre, 2026

Un Walmart en San Cristóbal

Alans Peralta Mora

Confieso que esta sentencia se la escuché a un amigo que, mitad en broma mitad en serio, señalaba que el éxito de un negocio de este tipo estaría garantizado en nuestra tierra ya que los tachirenses preferirían comprar en un local made in USA que made in Colombia.

Alegaba que, históricamente, nuestra cultura comercial y empresarial privilegiaba la relación con lo americano. Soy honesto al afirmar que sus palabras me dejaron una necesidad de reflexionar sobre el tema para plantearme abordar el paradigma de la integración comercial colombo venezolana desde esta frontera del Táchira y el Norte de Santander y el paradigma económico venezolano en construcción que deriva de los hechos políticos del 3 de enero pasado y la cada vez mayor integración de la economía venezolana a las necesidades y demandas del mercado norteamericano.

Soy de frontera y he visto cómo se han multiplicado los eventos comerciales (ferias, conferencias, simposios, encuentros, etc.) de contacto entre empresarios de ambos lados de la frontera durante el último año. Todos fundamentan su justificación en la necesidad de integración, de apertura de mercado, de proveedores y reglas confiables para compradores y vendedores.

Colombia y Venezuela marchando juntos en una relación de beneficios mutuos. Y eso luce lógico y deseable pero la realidad derivada de la tutela americana parece plantear otro escenario.

La gran despensa

Primero hay que entender la perspectiva de la plataforma comercial colombiana frente al tema Venezuela. Hasta la década de los 90 éramos los segundos socios comerciales después de los Estados Unidos. Venezuela mantenía una balanza comercial favorable frente a Colombia impulsada, fundamentalmente, por el sector petróleo y derivados, siderurgia y metalmecánica, automotores.

Nuestras economías eran fuertemente interdependientes. Hoy la realidad es otra: una Venezuela en medio de una crisis endémica, que según los especialistas llegó a perder el 80% de su PIB y con un aparato productivo deprimido. Según Datanálisis (2026) el ingreso promedio de una familia se ubica en 1.100 dólares mensuales de los cuales CENDAS estima que 755,36 dólares se van en gastos de alimentación. Frente a este mercado, ¿qué piensan los colombianos?

Desde la reapertura comercial fronteriza los colombianos han ido avanzando en un acercamiento desconfiado y de exploración del mercado venezolano buscando garantías, adaptando su oferta de bienes y servicios a la realidad del consumo, construyendo alianzas y reconociendo socios.

La premisa que impulsa este proceso es la siguiente: dada la situación del mercado de consumo venezolano de poca variedad y limitada oferta, Colombia se transforma en la gran despensa para ese mercado con capacidad de producción industrial, cercanía y flexibilidad de costes. Gran parte de las necesidades en alimentos, maquinarias, equipos e insumos necesarios en Venezuela pueden ser abastecidas por empresas colombianas.

Dada la situación política del país antes del 3 de enero se veía a Colombia como el proveedor necesario de Venezuela ya que era uno de los pocos mercados disponibles para el abastecimiento por el aislamiento internacional del país. Pero la realidad de 2025 es muy distinta a la de 2026.

El otro factor

Colombia tenía a su favor la capacidad de despensa y el papel de proveedor necesario en la ecuación económica binacional. En el 2026 aparece otro factor en la ecuación: Estados Unidos y su afán estratégico de convertirnos en suministro, seguro y confiable, de petróleo y gas.

Y su agenda en este sentido es clara: reactivación, recuperación, modernización de la industria, ampliación acelerada de su capacidad productiva, lo que viene acompañado de una importante inversión de capital foráneo en el sector y en la infraestructura necesaria para el apoyo de la producción como la electricidad.

Tras casi tres décadas sin rumbo claro, la economía venezolana retoma su motor tradicional bajo el control directo de los Estados Unidos y la consecuente apertura del país a mercados internacionales (banca, finanzas, bienes y servicios) que se irán haciendo naturales al consumidor nacional.

¿Cómo queda Colombia frente a esta realidad? En estos niveles no se habla de integración. Colombia debe prepararse para competir fuertemente por un mercado que representa 27 mil millones de dólares según la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios de Venezuela (ANSA) y que hasta hace algunos meses lucía como bastión natural.

Ante el crecimiento del retail y ante las perspectivas de un favorable impacto del sector petrolero en el país, tres cadenas internacionales han manifestado su interés de instalarse en Venezuela: la colombiana D1, la francesa Casino y la paraguaya Grupo Vierci básicamente con el modelo de tiendas de descuento. Vale la pena recordar que el nuevo embajador colombiano en Caracas Jaller, precisamente estaba vinculado al retail con D1 así que conoce esta realidad.

Entonces, con estas condiciones, puede ser realidad la sentencia de mi amigo: un Walmart quizás no en San Cristóbal, de momento, pero si es probable verlo en Caracas, Valencia, Monagas y el Zulia como respuesta a la reactivación petrolera y la mayor integración de Venezuela al circuito económico norteamericano y nuestra propia naturaleza de consumo.

¿Cómo queda la integración binacional en el escenario post 3E? Es significativo que ni Caracas ni Bogotá hayan retomado la agenda de la integración por lo menos en el último año. Menos ahora que hay un distanciamiento debido a la transición política en ambos países, lo que ha dejado los temas comerciales de frontera. Para completar: la Zona Económica Especial Binacional perdió soporte jurídico por la decisión de la Corte Constitucional de Colombia.

El tema de la integración carece de relevancia para ambos gobiernos frente a otros temas de agenda de opinión. El tema va quedando en manos de ministerios, cancillerías, gobiernos locales, municipales y el sector empresarial, quienes aún creen en la necesidad de unirnos para crecer.

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