Opinión
Venezuela: El gigante dormido de los minerales críticos y el salto al mercado global
jueves 19 marzo, 2026
Feijoo Colomine Durán*
En 2026, los conflictos globales han duplicado el precio del concentrado de wolframita (tungsteno) poco refinado de $70.000/tonelada (enero) a $142.000/tonelada (marzo), exacerbado por déficits chinos y tensiones en cadenas críticas de provisión y transporte.
Está dinámica posiciona al wolframio como mineral de primera necesidad en el complejo tablero de la geopolítica industrial de 2026.
La transición energética y la soberanía tecnológica han desplazado el foco del petróleo hacia los denominados minerales críticos.
En este nuevo orden, Venezuela emerge como una pieza indispensable, no solo por su conocida riqueza en hidrocarburos, sino por poseer los recursos necesarios para romper el actual monopolio de suministros asiáticos.
El Tesoro Geológico del Escudo de Guayana
La ventaja competitiva de Venezuela reside en su geografía de más larga data: el Escudo de Guayana. Esta formación alberga un potencial de tungsteno (wolframio) que, según analogías geológicas con yacimientos activos en Brasil y China, podría oscilar entre las 180.000 y 320.000 (siendo modestos) toneladas de trióxido de tungsteno recuperable.
Con leyes de pureza detectadas en zonas como Parguaza que alcanzan hasta el 1.2% —cifra que duplica el promedio mundial—, el país se posiciona con un recurso de altísima calidad industrial.
Sinergia Extractiva: El “Paquete” de Metales Críticos
Lo que hace que el tungsteno venezolano sea excepcionalmente atractivo para los inversores es que su extracción no ocurre de forma aislada. Gracias a la naturaleza de las rocas graníticas del sur del país, el proceso de minado permite obtener simultáneamente un conjunto de minerales de alto valor.
El tungsteno suele extraerse junto a la Casiterita (la fuente principal de Estaño) y el Coltán (compuesto por Niobio y Tántalo).
Esta coexistencia permite que una sola operación de procesamiento, utilizando técnicas de separación por densidad o flotación, entregue múltiples flujos de ingresos.
Mientras el tungsteno se destina a aleaciones militares y blindajes, el estaño se dirige a la industria de soldaduras electrónicas y el tántalo a la fabricación de condensadores para teléfonos inteligentes y vehículos eléctricos.
Esta extracción polimetálica optimiza la maquinaria y el consumo energético, reduciendo drásticamente el costo operativo por tonelada extraída.
Un Mercado de Cifras Récord
El momento para la entrada de Venezuela al mercado no podría ser más oportuno.
Con el precio del concentrado de wolframita alcanzando los $142.000/tonelada, bajo un escenario moderado de reservas, el patrimonio mineral de este metal alcanzaría los 25.000 millones de dólares, cifra que podría escalar hasta los 46.000 millones en un escenario optimista de certificación total.
Esta valoración responde a un déficit global proyectado de 15.000 toneladas anuales para finales de este año.
Venezuela tiene la capacidad técnica, si se consolidan las inversiones en infraestructura, de alcanzar una producción de 15.000 toneladas anuales en un horizonte de diez años, lo que la catapultaría directamente al Top 5 de productores mundiales, compitiendo con potencias como Vietnam y Rusia.
Más Allá del Tungsteno: El Arsenal Completo de Minerales Críticos
El Escudo de Guayana no se limita al tungsteno: ofrece un portafolio integral de minerales críticos coextraíbles en los mismos yacimientos graníticos y lateríticos.
Bauxita (aluminio): Reservas probadas superan 700 millones de toneladas en Los Pijiguaos y Upata; esencial para baterías y aleaciones en vehículos eléctricos.
Níquel: Potencial de 340 millones de toneladas; clave para cátodos de baterías de litio-ion y acero inoxidable en renovables.
Cobre: Yacimientos significativos en Guayana; vital para cables y electrónica en infraestructuras verdes.
Oro: Reservas estimadas en 2.200-8.000 toneladas; usado en electrónica de alta conductividad y contactos de precisión.
Tierras raras y coltán adicional: Incluyendo torio y lantánidos en arenas negras; para imanes en turbinas eólicas y motores eléctricos.
Esta sinergia multiplica ingresos por yacimiento, posicionando a Venezuela como proveedor integral para la electrificación global y la industria tecnológica en general.
Sostenibilidad y Desarrollo del Capital Humano
Para que esta riqueza se traduzca en progreso real, el modelo de 2026 debe apostar por una minería de impacto controlado. Al procesar el tungsteno junto al estaño y el niobio en plantas de beneficio integradas, se reduce la huella de carbono y el movimiento de tierras por cada kilo de metal obtenido.
El uso de tecnologías de circuito cerrado de agua y energía hidroeléctrica de la zona del Caroní permite que el tungsteno venezolano aspire a certificaciones de “minería verde”, un requisito indispensable para los fabricantes tecnológicos de la OCDE.
Asimismo, este renacimiento industrial puede proyectar la creación de más de 25.000 empleos directos e indirectos altamente calificados. La demanda de ingenieros metalúrgicos, geólogos de campo y técnicos en separación mineral reactivaría el ecosistema académico y profesional de la región de Guayana, transformando el sur del país en un polo de innovación técnica que puede ir mucho más allá de la simple extracción primaria.
Un HUB Estratégico
La cercanía geográfica con los centros industriales de Estados Unidos y la Unión Europea otorga a Venezuela una “prima de proximidad”, reduciendo los costos logísticos en un 60% frente a los proveedores asiáticos.
Esta ventaja, sumada a la magnitud de sus reservas y la versatilidad de extraer metales como el estaño y el niobio en un mismo proceso, sitúa al país como un HUB estratégico capaz de redefinir las cadenas de suministro globales en la era de la alta tecnología.
Venezuela puede trascender su imagen petrolera: su ubicación estratégica en el Caribe, capacidad hidroeléctrica masiva del Caroní (que genera más del 70% de la electricidad nacional) y potencial hídrico excepcional la posicionan como fuente confiable de minerales críticos en el contexto internacional. Esta trifecta energética —combinada con la proximidad a EE.UU. y Europa— asegura suministros estables y sostenibles, independientes de cadenas asiáticas que han sido históricamente volátiles.
*Profesor Titular UNET.
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