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Inicio/Opinión/Violeta Parra

Opinión
Violeta Parra

viernes 18 septiembre, 2026

Violeta Parra

La vida de Violeta Parra conmovió a Chile, a Latinoamérica, y al mundo. Nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, provincia de Ñúble, al sur de Chile. Fue artista, tejedora, poeta, arpillera, compositora, cantante, folclorista, investigadora y más. En Chile la ven como de las grandes maestras del folklore, ese reconocimiento viaja por el continente americano, fue muy popular por su canción protesta, les cantaba a los marginados de los pueblos, pueblos que ella conoció viajando, con su letra desafiaba a presidentes y monaguillos de las iglesias, cantó sobre su congoja, sus pesares. Comprometida con la creación y la divulgación de sus antepasados, humilde, algunas veces de gran carácter, sencilla de amor, quiso ser flor, mamá, hermana de los demás, quiso estar ausente como una de sus canciones, y luego de tanto quebranto, de tanto dolor ajeno y propio, no quiso vivir más. Su historia fue una película que ya la hicieron, “Violeta se fue a los cielos”, del director Andrés Wood, en 2011.

Perteneciente a la Familia Parra, familia chilena de destacados artistas, su hermano Nicanor Parra, el antipoeta, Premio Miguel de Cervantes. Violeta hizo un dueto con su hermana Hilda Parra, se llamó, Las Hermanas Parra. Desde los años 40 hasta 1953. No solo cantaban música chilena, incluso la influencia de México se sentía en sus estilos, cantando corridos y rancheras.  Su padre fue un maestro de escuela, incluso haciendo de su casa una escuela donde ingresaban niños, jóvenes, con sus padres y representantes, recibiendo clases. Ese era el ambiente artístico, rodeado de instrumentos y cantos, de esas familias donde se respira arte y creación en varios lugares de sus hogares. En los años 50 Violeta Parra emprendió un proyecto de conocer la identidad nacional de Chile, recopiló las tradiciones musicales de las diferentes comunas de su país, de una forma y pasión como no se había hecho anteriormente. Conoció a Pablo Neruda, Pablo de Rokha, poetas famosos, nacionales e internacionales con su obra.

En 1953 grabó las canciones “Casamientos de Negros” y “Que pena siente el alma” canciones que se hicieron muy conocidas en ese país, entre artistas, el arte y la gente. Por aquella época Violeta ganó un premio que hizo que la invitaran a cantar en Varsovia, Polonia. Su influencia de pensamiento de Izquierda fue decisiva para que ella aprovechara y recorriera la Unión Soviética de aquel entonces, y otras regiones de Europa, llegando a Francia donde grabó en París “Chants et danses du Chili” un álbum que hizo que su canto se escuchara en el mundo con el pasar de los años. Una de sus tantas tragedias, la muerte de su hija Rosa Clara, regresa a Chile con la fama y la pena, y fundó un museo de arte folclórico. Sus hijos Isabel y Ángel Parra, de la herencia ya escrita se hicieron artistas, buenos músicos, hicieron un dueto, y también cantaron por separados, Isabel Parra de voz noble pertenece a lo que luego se llamó La Nueva Canción Chilena. Cuando tengo la oportunidad escucho de su canto “Ni toda la tierra entera”. Canción de exilio y amor a la tierra de uno.

Isabel y Ángel Parra, como su madre, investigaron y se escucharon música e influencias, llegando hasta Venezuela, ellos versionaron canciones como “Polo Margariteño”, “Rio Manzanares”, “El cantar tiene sentido” y “Decimas del Folklore”, entre otras. Regresando a la vida de Violeta, seguía componiendo, tocando su guitarra, haciendo la cueca, género musical y de danza muy tradicional en Chile, siendo la danza oficial de ese país, patrimonio cultural. Viaja a festivales folclóricos de música de otros países, con sus hijos, en 1961 viaja a Argentina y dicta talleres, canta y graba discos, y de allí viaja a Finlandia y canta, sigue representado el país. Se cansa y lo sigue intentando, compone con el corazón, goza de la libertad de su lenguaje, varias canciones alegres, otras su melancolía se refleja en su voz, en su estilo, en su circunstancia. Violeta Parra se ve en un documental en blanco y negro, hablando en francés, hablando de su trabajo, de su arte, de sus obras textiles, arpillera, obras que parecen pinturas, colores de su cuerpo, de su mente, de su pueblo, figuras de paisaje, incluso expuso en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre, una muestra llamada “Tapices de Violeta Parra”. Mujer chilena haciendo historia en el arte, y en la historia de la misma mujer.

Violeta Parra se convirtió en la voz de la persona que no podía cantar. Violeta Parra tan importante en la cultura y en la rebeldía como Bob Dylan, el artista de música folk que luego fue rock de Estados Unidos, incluso ambos poetas, y ambos sin una voz tan prodigiosa o que se escuche “bonita” pero cambiaron el mundo con su dolor, pena, y silencio. Violeta Parra la gran cantautora de la canción que se hizo clásico “Gracias a la vida” canción que luego inmortalizó otra grande, Mercedes Sosa de la Argentina. Violeta Parra tan rabiosa como Alí Primera, escupiendo lo que sentían, buscando la revolución más allá de la revolución. Violeta Parra sin pensar en el futuro de la música, llegando hasta Gustavo Cerati de Soda Stereo, el argentino usó una parte de la canción “La Carta” fragmento de guitarra para su canción ya siendo solista llamada “Karaoke” en 2002. Violeta Parra tan enamorada que se enamoró de Gilbert Favre, un suizo antropólogo, que viajó con ella y se conocieron y se acostaron, y se miraron como un amor de jóvenes hasta que ella se dio cuenta que él le fue infiel. Su canción “Run run se fue pal norte” que la compuso para él, se convirtió en una de sus grandes obras, obra maestra versionada por reconocidas agrupaciones chilenas como Los Jaivas (con Claudio Parra de la Familia Parra de integrante) o Inti-Illimani, y versionada por otros artistas de varios países del mundo. Violeta Parra quiso más, quiso recorrer más, levantó una gran carpa para seguir compartiendo con artistas y la gente, mostrando las tradiciones, pero no le fue tan bien como ella esperaba. Una fuerte depresión acabó con su vida, buscando el suicidio en 1967. Su legado sigue en las tertulias, en el próximo canto de las nuevas generaciones, en los festivales, en la lucha, en el pueblo, con el que busca la libertad, con el que tenga cualquier corazón. ¡Viva La Violeta!

Locutor de La Nación Radio 

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