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Inicio/Opinión/Vivir entre la sustentabilidad y la sostenibilidad en el siglo XXI

Opinión
Vivir entre la sustentabilidad y la sostenibilidad en el siglo XXI

lunes 4 mayo, 2026

Vivir entre la sustentabilidad y la sostenibilidad en el siglo XXI

Hogan Vega y Dorli Silva

En la sociedad de la Inteligencia Artificial, no hay cultura de sostener; solo existe la cultura del atajo de conseguir todo lo más rápido posible, en cualquier área. Pero, es vital concienciar a las personas que no tenemos la capacidad de sostener: Una idea, un concepto, un conflicto, un trabajo, la intención de sostener la pareja, entre otros. Todo lo que nos lleva a sostener, es como un rechazo y tan fácil que es cultivar, ya que en la vida solo te llevas lo que siembras: Familia, la pareja, los clientes, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, entre otros. Y solo se inicia con un saludo para crear una sensación bonita y recibimos una respuesta. Por ejemplo, “te invito a almorzar”, o a llevarle un pan, un café, u otros, a un familiar, vecino, o amigo. Eso es cultivar.

Por ello se hace necesario, definir sustentable y sostener, de acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española (DLE, 2024), de la Real Academia Española (RAE) define sustentable, en su primera acepción indica: “Que se puede sustentar o defender con razones”.  Sus sinónimos son: defendible, sostenible, razonable; la segunda acepción señala: “Que se puede mantener sin agotar los recursos.” A diferencia, define sostenible, en su primera acepción indica: “Que se puede sostener. Opinión, situación sostenible”. Sinónimos son defendible, razonable, sustentable; la segunda acepción señala: “Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. Desarrollo, economía sostenible”. De ahí que la Real Academia Española tienda a ver la sostenibilidad como el proceso que se mantiene en el tiempo, mientras que lo sustentable es lo que tiene argumentos o razones para mantenerse.

Sin embargo, para los ambientalistas y conservacionistas, es definida la sustentabilidad: Se refiere a la capacidad de mantener algo por sí mismo, centrándose a menudo en el uso eficiente de los recursos naturales en el presente. En cambio, sostenibilidad: Es un concepto más sistémico y a largo plazo que busca equilibrar lo económico, lo social y lo ambiental para no comprometer a las generaciones futuras. Por ejemplo, en la educación es donde se siembra la semilla del cambio cultural. Es decir, definir la educación para la sustentabilidad: Suele enfocarse en la eficiencia y el ahorro. Enseñar a reciclar, a cuidar el agua o a usar energías limpias. Es una educación basada en soluciones técnicas a problemas específicos de recursos. Al igual que, la educación para la sostenibilidad: Va un paso más allá, enfocándose en el pensamiento sistémico. No solo enseña a reciclar, sino a cuestionar por qué consumimos lo que consumimos. Fomenta valores de justicia global, ética y responsabilidad colectiva. Es formar ciudadanos, no solo usuarios eficientes.

Por consiguiente, hablar de sustentabilidad educativa: Se mantiene el sistema abierto gracias a la mística de los docentes y planes de emergencia, tales como: Contribuir a que las niñas, niños y adolescentes (NNA) más afectados por la crisis tengan acceso a escuelas seguras y equipadas con condiciones materiales para mejorar la calidad de la educación y los resultados de aprendizaje; apoyar la mejora de las condiciones de ejercicio de la docencia para que maestros/as puedan entregar una educación de calidad y reforzar la capacidad del sistema educativo y las comunidades para brindar una respuesta educativa segura e inclusiva en el regreso a clases; aportar a que NNA afectados por la crisis adquieran las competencias y habilidades fundamentales por medio de oportunidades de educación alternativa, incluidos las y los adolescentes en situación de vulnerabilidad, que buscan que los niños no queden fuera del sistema.

Por lo tanto, la falta de sostenibilidad educativa: Sin embargo, una educación sostenible requeriría actualización tecnológica, investigación gnoseológica profunda y salarios dignos. Lo que tenemos es una “sustentabilidad de nómina,” el sistema existe formalmente, pero su capacidad de transformar la realidad social está seriamente mermada. En consecuencia, Venezuela está atrapada en la sustentabilidad del “mientras tanto”. Las políticas son reactivas; buscan que el país no se detenga hoy, pero rara vez se sientan a planificar cómo funcionará el país dentro de 30 años.

En otras palabras, como académicos interesados en la epistemología y la gestión, es necesario plantearnos la siguiente pregunta: ¿Cómo crees que el cambio de paradigma en la educación universitaria podría presionar para que estas políticas pasen de la mera supervivencia a una visión de país sostenible? Y de inmediato la respuesta desde una perspectiva epistemológica y de gestión, es que el salto de la supervivencia a la sostenibilidad en Venezuela no es solo un problema de falta de recursos, sino de modelo mental. Para presionar un cambio en las políticas públicas, la universidad debe dejar de ser una “fábrica de títulos” y convertirse en un centro de reconfiguración del pensamiento.

Actualmente, muchas políticas en el país operan bajo un enfoque fragmentado (positivismo lineal): “Falta luz, reparo el transformador”. Esto es sustentabilidad reactiva. El cambio: La universidad debe enseñar a abordar los problemas como sistemas complejos. Al formar profesionales que entiendan la interconexión entre la economía, la degradación ambiental en el Arco Minero y la salud pública, se empieza a exigir una gestión pública que no solo “parchee” el presente, sino que anticipe el futuro; además, un gestor formado en la complejidad no aceptará soluciones transitorias; exigirá planes de desarrollo que contemplen variables a 20 años, rompiendo el ciclo del cortoplacismo político.

Sin duda, la política pública venezolana actual se basa en la gestión de crisis (sobrevivir al día), mientras que el cambio: El paradigma educativo debe migrar hacia la gestión del conocimiento y la prospectiva. Esto implica enseñar a los estudiantes de ingeniería y ciencias sociales a diseñar modelos basados en escenarios de incertidumbre, utilizando la inteligencia artificial y el análisis de datos para prever colapsos antes de que ocurran. Esta situación, impulsa a la academia a producir datos técnicos irrefutables sobre la inviabilidad de las políticas actuales; se genera una “tensión creativa” que obliga al Estado a rendir cuentas bajo criterios de eficiencia técnica, no solo política.

Al mismo tiempo, la sostenibilidad académica requiere que el conocimiento no sea solo teórico, sino que esté anclado a la realidad territorial y nacional (como los Proyectos Socio-integradores, las investigaciones en las universidades Nacionales, entre otros). Visto desde la perspectiva del cambio para pasar de una educación que contempla la realidad a una que interviene en ella. Si los proyectos de grado en ingeniería, por ejemplo, se enfocan en soluciones de energía renovable local en lugar de solo estudiar la red nacional colapsada, se crean “nodos de sostenibilidad” independientes del centralismo. Al demostrar que la autogestión sostenible es posible a pequeña escala (comunitaria/universitaria), se evidencia la obsolescencia de las políticas públicas centralizadas y extractivistas.

A pesar del esfuerzo, la academia debe enfocarse en los tres ejes de transformación universitaria, iniciando por la investigación, vista desde el paradigma actual (modo supervivencia), desconectada de la industria y la crisis. Y si lo enfocamos desde el paradigma sostenible (futuro), se requiere de una investigación aplicada, ética y orientada a problemas reales. En segundo lugar, tenemos el eje perfil del egresado, en la actualidad visto como técnico ejecutor de tareas, y desde lo sostenible como líder con inteligencia emocional y visión crítica. En tercer lugar, el eje de relación con el entorno, en la actualidad considerada como una extensión universitaria pasiva y desde lo sostenible, es una co-creación de soluciones con la sociedad civil.

En síntesis, para que la política cambie, la universidad debe dejar de validar el conocimiento que solo sirve para “mantener lo que queda”. Debe empezar a generar un conocimiento que invalide la ineficiencia. Con el objeto, de que el currículo universitario integre la ética de la sostenibilidad como un eje transversal, donde el éxito de un proyecto no se mida solo por si “funciona” (sustentabilidad), sino por su impacto en las próximas generaciones (sostenibilidad), la presión sobre el sector público será inevitable: se pasará de ciudadanos que piden soluciones a profesionales que imponen estándares. Albert Einstein concluye con su frase: “La Tierra no la heredamos de nuestros padres, la pedimos prestada de nuestros hijos”.

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