Yo no me busco problemas

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La expresión que recoge el título de este escrito se ha convertido, sin mucho ruido y en la mayoría de casos silente, en un fundamento básico de la actuación de burócratas ineptos, ineficientes, indolentes, oportunistas, ”lamesuelas” y por supuesto, corruptos, que pululan descaradamente por los más diversos espacios de la administración pública.  Y es que tan sencilla sentencia constituye el principio fundamental para construir tibios nichos de vagabundería, para disfrutar a sus anchas del cargo que el gobierno les ha confiado después de recurrir a palancas, padrinazgos, compadrazgos y toda suerte de embrollos, salvados exitosamente mediante las hábiles tácticas del oportunismo.

Es esta elemental frase la fortaleza de los funcionarios que más parecen pertenecer a la “escuadra Ferrari”, envueltos en vestimentas y accesorios “rojos rojitos”, con sus respectivos discursos encendidos, pero tan huecos de conciencia y ética que son capaces de destruir el más hermoso de los sueños de un pueblo.

Y ¿qué es no meterse en problemas? Muy fácil, es ejercer el cargo pero no supervisar a sus subalternos ni activarlos para que cumplan con eficiencia la labor que tienen asignada; es aprovechar cualquier circunstancia para sacar provecho del erario; es optar por extorsionar y “martillar” a las personas en las alcabalas o puntos de control en vez de luchar de frente y sin cuartel contra el contrabando; es hacerse los locos ante los reiterados llamados del presidente a irse a la calle a luchar junto al pueblo; es incorporar a la nómina del organismo a cuanto amigote o familiar pueda aunque no sea competente; es hacerse los “musiues” en la presentación de cargos o enjuiciamientos a delincuentes mediante el cobro de jugosas gratificaciones; es convertir la ejecución de cada obra o proyecto en un festín de corruptelas entre contratistas y funcionarios; es aceptar que la obra se entregue a medias o con fallas graves porque después vendrá el contrato de la culminación y las reparaciones; es avisarle a los especuladores horas antes de una inspección para darles tiempo a que desaparezcan la mercancía; es difundir mentiras o medias verdades a través de los medios de comunicación para complacer a los financistas del despelote y la práctica conspirativa permanente; es en fin toda jugada chimba, toda trampa, todo delito amparado y exaltado como admirable viveza; pero es  sobre todo, la excreta social  que ha venido expulsando la crisis como muestra de su grave dimensión y que avanza hacia la imposición de una auténtica sociedad de cómplices. Es una danza diabólica que solo conduce a la desintegración, la anomia y la ruina moral.

Venezuela toda y no solo el gobierno bolivariano, corre el peligro de entrar en una fase de deterioro ético que puede horadar las bases de su ser nacional. En medio de una desbordada avaricia con el lucro como valor fundamental en una sociedad que se hunde en la frivolidad y el consumo, se ha venido fracturando nuestro gentilicio y por supuesto los valores que vibran aún en nuestro ser venezolano. Se impone sin retardo una gran cruzada de regeneración ética que comprometa al país entero, a las instituciones sociales y políticas,  la familia, las iglesias, los medios de comunicación social grandes responsables de mucho de lo que ocurre, la escuela y la educación en general, los intelectuales, el empresariado, los trabajadores, los organismos del poder popular, entre otros.

Las leyes que pueden ayudar existen, están vigentes, solo reclaman su aplicación. Solo así podremos enfrentar esta distorsión que amenaza la destrucción de la nación a partir de la desintegración ética de su población y sus instituciones.

Feliz año 2019.            

Gustavo Villamizar D.