viernes 3 diciembre, 2021
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Ideas para un voto consciente: parte dos

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Francisco Corsica


En la publicación de la semana pasada, conversamos un poco sobre las elecciones del 21 de noviembre. Dijimos que son 3.082 cargos disputados por más de 70 mil candidatos a nivel nacional. Igualmente, mencioné unos artículos constitucionales que pueden ayudarnos a dilucidar la función de nuestras divisiones político-administrativas, así como la dificultad de emitir un voto cruzado.

Habíamos quedado en el asunto del voto entubado. Si su intención sigue siendo apoyar candidatos de partidos distintos, les sugiero revisar los postulados por cada tarjeta que aparezca en la boleta. Algunas de ellas colocaron aspirantes de diferentes planchas en una sola. Quizá alguna de esas fórmulas acabe gustándoles y puedan sufragar por candidatos de diferentes partidos usando una sola de las tarjetas. Esta opción será muy útil para varios inconformes. Si no, lo más sencillo es decantarse por uno de los partidos principales aunque no todos sus nombres sean nuestros preferidos.

Pasemos ahora al tema de la abstención. No soy quien para juzgar a aquellos que opten por ello. En todos los países donde se celebran procesos como este hay porcentajes de abstención. Altos o bajos, son datos presentes que se anuncian junto a los resultados. Ocurre sobre todo cuando al elector no le importa mucho la política o cuando no se identifica con alguna de las ofertas electorales. Es curioso que esto último ocurra, porque en promedio hay 22 candidatos por cargo. Se supone que hay para todos los gustos.

Sobre el interés por la política local, tampoco voy a venir con el dicho que dice: “si no votas, dejas que otros decidan por ti” porque el voto debe reflejar la opinión política de cada quien en ese momento. Si a alguien no le gusta la política o los candidatos no son de su agrado y aún así participa, no está manifestando su preferencia real. Optará por abstenerse. En fin, cada quien sabrá por qué vota o se abstiene.

Lo que sí debemos tomar en cuenta y tenerlo presente es que el 21 de noviembre, en horas de la noche, habrá un resultado. Para bien o para mal, tendremos 3.082 nuevos funcionarios, así voten solamente los 70 mil candidatos o toditos los inscritos en el registro electoral. De modo que si su intención es incidir en esos números, lo más sensato es participar. Quienes pregonan las ventajas del sufragio no se equivocan cuando alegan esto. Les tocará pensar si se quedan en casa o salen a ejercer su derecho. Será cuestión de sopesar.

Con todo esto dicho, podemos pasar al que debe ser el verdadero epicentro de toda reflexión en torno a este proceso. Más allá de tantos partidos y candidatos, así como las incesantes luchas por el poder, debemos procurar que los triunfadores al anochecer trabajen en función de garantizar nuestro bienestar. Todos y cada uno de ellos son nuestros servidores. Aspiran obtener esos puestos porque quieren servir a los demás miembros de la comunidad política. No solo de los miembros de su partido ni de quienes hayan votado por ellos. O al menos así tendría que ser.

Que cada gobernador y legislador vele por el desarrollo integral de su entidad. Fomentar el empleo y la inversión, superar la pobreza, garantizar la seguridad jurídica y servicios públicos estadales de calidad para todos los habitantes. Aparte, los alcaldes y los concejales deben mantener los espacios públicos impecables. Si ya leyeron los artículos constitucionales que les sugerí, sabrán que hablo sobre todo de calles, plazas y parques. Queda de parte de nosotros —o si no, de los que acudamos al llamado— saber escoger, y de los que ganen en saber honrar la fe depositada en ellos.

Ahora sí puedo dar por terminadas estas palabras sobre una de las convocatorias políticas más importantes del año. Siempre queda algo por colocar acá, pero ya hemos dicho suficiente por los momentos. Espero haber ayudado a despejar algunas dudas sobre el proceso y que a estas alturas tengan más claro por quienes desean votar. Si se fijaron bien, estas elecciones son más significativas de lo que la mayoría se imagina. Ojalá nuestros nuevos representantes se avoquen a promover el desarrollo del país desde sus trincheras y sus competencias. Realmente lo necesitamos.

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