Regional
Daniel Santos, “el inquieto Anacobero”
lunes 2 febrero, 2026
Víctor Matos
El inquieto Anacobero ya no está. Se marchó hace 34 años. Daniel Santos tenía 75 años cuando fuera reclamado por el destino en sus últimos días, que fueron de oscuridad, recluido en su rancho de Ocala en el estado de la Florida, en los Estados Unidos, y en donde un fulminante paro cardíaco lo envió al más allá.
A pesar que su luz y su voz no siguen brillando para las actuales generaciones, su estilo y talento han quedado plasmados para la historia de ese mítico y más que centenario ritmo llamado bolero.
Este próximo viernes 6 de febrero estaría cumpliendo 110 años desde que vino al mundo este cantautor, músico y director de orquesta puertorriqueño, aunque nacido en los Estados Unidos, considerado uno de los más grandes intérpretes del género tropical, poniendo en lo más alto del firmamento musical la guaracha, el mambo, y sobre todo el bolero.
Muy joven, se unió a la orquesta habanera Sonora Matancera, en donde estuvo desde 1948 hasta el año de 1953, lo que le permitió participar en dos películas, ganando mucho dinero por sus actuaciones que consolidaron su fortuna y le permitieron conquistar los escenarios más destacados de esta parte del continente.
Pero por otra parte, se entregó a una vida muy desordenada, envuelta en el consumo del alcohol y las drogas que fueron minando su existencia, mas no su voz y estilo para cantar, pero que debido a esta indisciplina, se le conoció como mujeriego, pendenciero y jugador como dicen los mexicanos, y que lo llevó a engendrar doce hijos no reconocidos formalmente, y a ser arrestado en países como Ecuador, Cuba y República Dominicana por su adicción a la marihuana.
Su año estelar fue el de 1960, en donde estuvo en el pináculo de la fama artística y sus triunfos fueron celebrados en diferentes lugares y en donde sus temas eran reclamados en todas las emisoras, rockolas, para escuchar su voz redonda, desafiante, tanto en los grandes salones de baile como en los lugares más sórdidos, cantinas y botiquines de baja estrofa, pero entrelazados por el amor, el más exquisito amor, que no tiene fronteras y rompe barreras cuando mejor le viene en gana.
En Venezuela, en 1976, el gran escritor Salvador Garmendia publicó el libro “El inquieto Anacobero”, considerado uno de los mejores relatos sobre este gran personaje; y en 1982, otro periodista y escritor nativo, Héctor Mujica, hizo lo propio con el texto titulado: “Confesiones de Daniel Santos a Héctor Mujica”, ambas biografías que han quedado para la historia.
Entre nosotros se le recuerda por su magnífica presentación en una de las Ferias de San Sebastián, cuando había tomado a Caracas como parte de su reino artístico, en donde entre su amor por el amor que nada sabe de poesía y sí mucho de dolor y lágrimas, transitó con su voz inconfundible el gran Daniel Santos, estampado en la placa áurea de la historia musical de habla hispana.
Voy a decir adiós a los muchachos

“Despedida”, es el título de uno de los temas inconfundibles de Daniel Santos, el inmortal bolerista que puso en el acetato la inspiración de Pedro Flores que hizo en homenaje a los jóvenes puertorriqueños reclutados por los Estados Unidos para ir a combatir en Europa a principios de la Segunda Guerra Mundial.
El tema de inmediato se convirtió en el emblema de rechazo a la imposición norteamericana, y apenas salió al dominio público, en 1941, fue prohibida su radiodifusión aunque fuera cantado en los espacios públicos, en posición firme de los que querían desde entonces su independencia frente al país del norte.
La letra, señala la tristeza del joven soldado que tiene que dejar a la novia y a la madre enferma sin saber si retornará a su tierra, y es un rechazo firme al tener que ir al frente a pelear por intereses de otras naciones.
Esta página musical, bajo el estilo del recio bolerista, es hasta ahora escuchada en muchas partes y forman parte de los coleccionistas melómanos de ese gran ritmo que reinó todo el siglo pasado, llamado bolero.
Víctor Matos
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