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En Plaza Venezuela nació la Feria

Desde Plaza Venezuela, la Feria de San Sebastián comenzó a ganar prestigio internacional; pero ya desde los setenta fue cumpliendo sus funciones económicas específicas dentro de una San Cristóbal que creció vertiginosamente durante esa época y en los ochenta


En lo que antes fue lugar para un coso taurino portátil donde se celebrarían las primeras corridas con animales de casta en San Cristóbal, hoy convertido en uno de los polideportivos más importantes de la ciudad, se cifra el nombre del sector: Plaza Venezuela.

Desde entonces ha venido cobrando la zona una importancia económica con el establecimiento de pequeñas y medianas industrias, y un comercio que. aunque enfocado en la mecánica automotriz. se ha diversificado en víveres, vestuario, ferretería y papelería.

Más que un epónimo de la localidad, Plaza Venezuela se erige como un símbolo en un área de aproximadamente 3.300 metros cuadrados, tiempo atrás ocupada por una gran laguna en la cual muchos se aprovisionaban de agua para sus familias y bestias. Durante la época de Pérez Jiménez, la laguna se selló y se prepararía el terreno para lo que sería en los años 60 un primitivo complejo ferial, cuyas graderías fueron adaptadas incluso para ubicar 10 mil personas. Junto al Complejo Deportivo, administrado por el IDT, operan la Prefectura de La Concordia y el Centro de Prevención del Delito, sede actual de un comando de las FAES.

—El problema es que no contamos con recursos oficiales -afirmó Fernando Zavala-, que no han bajado desde hace dos años, y tampoco lo de la autogestión ha funcionado, pues los actuales aportes, de los 8 clubes que aquí practican, no resultan suficientes. Esto ha traído como consecuencia un deterioro de las instalaciones, aunque gracias a algunas gestiones y el gran apoyo de la empresa El Reservista, se ha avanzado en la rehabilitación de los espacios.

No solo el fútbol amateur, en todas las edades, entrena y protagoniza históricos torneos, aun cuando comparte espacio con el básquet, el fútbol sala, el voleibol y las artes marciales.  Uno de los grandes dolores de cabeza de esas instalaciones ha sido la falta de conciencia de los vecinos que botaban basura en una de las esquinas de Plaza Venezuela. Para prevenir esto, se ha pintado en la pared un gran aviso, amenazando con sanciones a quienes incurran en esta poca ciudadana actitud.

—Han salido de acá muchos jugadores para el fútbol profesional –afirmó el entrenador Alexis Duque-, muchos de los cuales han provenido de las 2 escuelas de mayor tradición: de la Monseñor Arias tenemos a Javier Pérez Greco, Tomás Rincón, Jean Carlos Maldonado, Heineker Zafra, y de Escuela Plaza Venezuela, Jhon Murillo. El Ministerio del Deporte ya ha pintado la cancha de fútbol sala y se espera una ayuda prometida por el Protectorado del Táchira para una serie de torneos interbarrios que se van a hacer. Las actividades se han venido reactivando, poco a poco, pues hay que cuidar la salud de los atletas, ya que la pandemia está fuerte. Con el problema del botadero de basura en la parte de atrás, estamos pensando en que lo mejor sería construir en el sitio un parque infantil.

Gente de bien…

Alrededor de Plaza Venezuela se ubican casetas y puestos que intentan sobrevivir con la venta de comida e incluso con la reparación de electrodomésticos. En otra época disfrutaron las casetas del florecimiento deportivo allí presente, en tanto compradores y jugadores se convertían en sus principales clientes.

En una de esas ventas ambulantes se ubica Maritza González, quien sostiene que “para la comunidad hay muchas cosas que quedan pendientes, como la vialidad, que se debe arreglar; vea usted, todas esas calles rotas, tan feas”.

Por un tiempo, los cortes de luz -de tres y cuatro horas- eran puntuales a diario, situación que ha mermado en la actualidad. Los enredos en el cableado y el consumo intenso de la energía eléctrica, igualmente han sido, en ese sentido, problemáticos para la vecindad.

En la acera del frente de la Plaza Venezuela, César Silva, ingeniero industrial de 60 años, ha apostado a un pequeño emprendimiento en su propio hábitat, obligado por la situación económica del país. “Las ventas están muy flojas, y cuando es semana rígida, de cuarentena, quieren que uno tenga los negocios cerrados, y así no se puede”.

Oriundo del lugar, ha conocido los momentos de esplendor y sombras, ha visto gente prosperar y ha visto gente abatida por la violencia. Pero considera que ya todo se ha tranquilizado, e incluso los disturbios nocturnos con sound-cars -que se escuchaban a varios metros a la redonda-, luego de campeonatos importantes, fechas representativas o celebraciones por algún acontecimiento en especial, se han venido a menos.  Hoy en día, Plaza Venezuela sigue siendo un ámbito residencial en el cual los vecinos se reconocen entre sí las caras.

—Los miembros de las bandas que por aquí operaban ya se fueron al exterior. Aquí lo que hay es gente de bien, tratando de sobrevivir con lo que puedan. Ya ni carros se estacionan para colocar la música a todo volumen como antes, porque ¿a cómo está una batería? ¿Y cuánto cuesta una caja de cerveza? Y a los arrimados por licor ya no se les puede mantener (risas)— sostuvo Silva.

De hecho, el establecimiento de un comando de las FAES en Plaza Venezuela ha sido punto a favor del declive de la delincuencia. En los años sesenta ocurrió uno de los primeros asesinatos, perpetrados con puñal, contra un hombre de apellido Peñaloza, en una de las esquinas de la Plaza Venezuela, en las que también ocurrirían años después otros hechos de sangre.

Extraña Silva el movimiento comercial y de personas que reverberaba, y que hoy hacen parte de sus recuerdos, teniendo como sonido dominante el “pitido” que brotaba de Telares Táchira y que indicaba el receso del mediodía. Gran parte de esa agitación social se debatía en ese entonces en el Centro Comercial San Cristóbal, aún con su aviso de identificación, y en el que hoy en día celebra su culto una iglesia evangélica.

Iván Zambrano, también es otro de los detentores de la memoria de Plaza Venezuela, tanto por ser el escenario por excelencia de gran parte de su vida, como por las investigaciones y consultas que tuvo que realizar con los “libros vivientes” ya fallecidos, entre ellos su padre, como parte de los requisitos para obtener su licenciatura en Educación, dentro de un programa de formación que alguna vez se denominó Misión Cultura.

—Todo esto se llamaba anteriormente Sabana Abajo –expuso Zambrano- y hasta los años cuarenta estaba ocupada por potreros y cafetales, en terrenos propiedad de Azael Cárdenas, y dentro de los cuales se encontraba una pequeña casita de bahareque que años después se convertiría en el Centro Deportivo y Familiar El Platanal. Él comenzó a vender la parcela a un bolívar.

Nos recordó Zambrano que la antena repetidora de Radio Táchira, la más antigua del estado, se construyó en donde después sería el potrero de los toros de lidia, y también serviría de depósito a Telares del Táchira.

—Hubo muchos personajes típicos, aún en nuestra memoria: a uno le decían Bernardino, que era pequeñito y cargaba una cauchera; por acá se paseaba María Bonita; otro era Melesio, quien se la pasaba con un volante en la mano, y de los últimos tenemos a Antonio Piporrón, aún vivo, que vendía sangre en unos potes y los muchachos le echaban mucha broma.

Las celebraciones feriales en Plaza Venezuela eran a lo grande y de ellas hacían parte lanzamientos desde paracaídas y todo tipo de animados espectáculos. Incluso el escritor Arturo Úslar Pietri protagonizó en esos predios su lanzamiento a la candidatura presidencial.

—A Plaza Venezuela acudieron toreros de la talla de El Cordobés y El Pino; artistas como Cantinflas y Sadel, que se presentaban al comienzo de las corridas, y se exhibían paseos a caballo. Allí funcionó una pista de hielo, y se instalaron circos como Thiani, Alemán, Razore y Hermanos Bell. Se celebraban competencias de ciclismo, y donde hoy es la sede de las Faes funcionaba un mercado popular, entre muchas otras actividades.

Freddy Omar Durán

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