Regional
La nostalgia del pasado nos dejó con los crespos hechos
lunes 14 septiembre, 2026
Víctor Matos
Estaba por culminar el año de 1970. Presidía la República el doctor Rafael Caldera y la Cadena Capriles celebraba los 45 años de la fundación de su revista Élite, en cuyo número aniversario destacaba un aviso desplegado a media página de la empresa estatal Cadafe, “Electricidad para el desarrollo”, anunciando en la edición de ese 18 de septiembre sobre la ejecución de la Central Hidroeléctrica Uribante-Caparo, todo un complejo de generación de energía, ubicado entre el Táchira y Barinas.
Esta obra, considerada desde un principio como la más importante ubicada al norte del río Orinoco, estaba destinada a una capacidad instalada para suministrar potencial eléctrico a los Andes venezolanos, incluyendo al llanero estado Barinas.
El anuncio señalaba un costo estimado en 650 millones de bolívares, que al cambio de entonces, 4.30 por divisa norteamericana, sumaban 151 millones 162 mil 791 dólares, lo que permitiría una capacidad de generación instalada de unos 700.000 Kw y la producción anual de 3.267 millones de Kw, y además garantizaba la regularización de las crecidas y la conservación de los suelos de los llanos occidentales y el piedemonte andino.
En suma, esta ciclópea obra de la ingeniería moderna promovería el fomento industrial y de una ganadería extensiva, y el turismo y bienestar social, con lo cual se afirmaría el desarrollo socioeconómico de la región.
El proyecto, titulado después en la época del presidente Carlos Andrés Pérez como “Dr. Leonardo Ruiz Pineda”, fue considerado como el más importante ubicado al norte del río Orinoco y con una capacidad instalada para suministrar no solo la suficiente energía regional, sino hasta para vender a la vecina república de Colombia.
Desde 1987, cuando se inundó el pueblo de Potosí como parte de la construcción, este estuvo sumergido bajo las aguas; y desde el 2010 se produjo el descenso del líquido, que se ha hecho notorio, señalándose que en el 2022 representó el 20 por ciento de disminución, aumentando así la deforestación en la periferia del embalse y ocupación de zonas descubiertas por el retraso en los despejes de agua.
A la fecha, estos trabajos encargados en un principio al consorcio italiano Empregilo, luego de manera directa por Desurca, se desconoce en su estado actual si se han destinado nuevas inversiones para el funcionamiento del sector San Agatón, y si de alguna manera forma parte en la solución de la crisis energética que estamos padeciendo.
Igualmente no se sabe a cuántos millones de dólares se ha tenido que sumar para su desarrollo y si actualmente las obras de finalización tienen fecha de culminación o no.
Los sueños tenidos en cuanto a la instalación de campamentos turísticos en los sitios denominados Siberia y La Trampa, se desconoce si funcionan normalmente, y en suma en qué estado se encuentran las obras, si se han destinado los recursos para su finalización y sobre todo si terminaremos de vivir con la nostalgia de unos trabajos emprendidos para mejorar nuestro futuro, o ubicar la misma, denominada en la actualidad “Fabricio Ojeda”, en una pirámide egipcia o en un elefante blanco propio de nuestros recuerdos oníricos.
La Hidroeléctrica no ha hecho historia

Se atribuye a las sequías que la megaobra de la Represa Uribante-Caparo aún no esté en su pleno funcionamiento, y prueba de ello sería que por temporadas, emerge la figura de la iglesia San Isidro Labrador de Potosí, pueblo que tuviera que ser inundado como parte de la construcción del complejo hidroeléctrico, tan celebrado, pero poco disfrutado por los pobladores de la región andina.
Este episodio ocurrió en 1987, pero desde el 2010 se produjo el descenso del agua, haciéndose notorio que para el 2022 se expresara este fenómeno en el municipio donde precisamente se encuentra el complejo de Uribante-Caparo, que ha producido incluso el aumento de la deforestación en la periferia de embalses y la ocupación de zonas descubiertas por el retorno de los espejos de agua que han provocado las fallas en el suministro de energía eléctrica y la disminución de los caudales hídricos que ponen en riesgo las especies que se encuentran aguas debajo de este complejo que disminuye la disponibilidad de abastecimiento de agua para el consumo humano.
Víctor Matos













