Regional
Mujeres tras las pistas de familiares desaparecidos
lunes 5 octubre, 2026


En frontera, son muchos los casos de hombres y mujeres que dan la sensación de que la tierra se los hubiera tragado
Jonathan Maldonado
Yadira Rodríguez, Zugey Peña y María Isabel Vargas, son solo tres nombres de las decenas de mujeres buscadoras de sus parientes desaparecidos. A todas las une el anhelo de hallar a sus parientes que suman hasta 20 años o más sin tener información de su paradero.
Muchas de ellas están agrupadas en asociaciones que les aportan cierto sosiego en medio del gran dolor por la gran cantidad de preguntas sin respuestas en torno a un hijo o hermano que, de un momento a otro, pareciera que la frontera se lo tragó.
Pese al duro peregrinar, no hay tristeza que aminore su fe inquebrantable por llegar hasta la verdad de lo que hizo que ese familiar no volviera al hogar. La mayoría son madres que no ocultan sus lágrimas y el dolor, sino al contrario, dejan que fluyan mientras avanzan en su objetivo.
24 años sin saber del padre de su hijo
«Tengo derecho a saber la verdad». Con esta frase, María Isabel Vargas asegura que lleva 24 años tras la pista de Segundo Feliciano Triana, el padre de su hijo mayor, víctima de desaparición forzada en el departamento fronterizo de Norte de Santander.
Pese a los casi cinco lustros de incesante búsqueda, no ha perdido la fe de hallar una respuesta al porqué se lo llevaron. Quizá, por la cantidad de años que han transcurrido, no cree que esté con vida, pero sí desea encontrar su cuerpo, darle cristiana sepultura, que su hijo sepa dónde está.
La ciudadana detalló que la desaparición se dio el 4 de febrero de 2002 en La Gabarra, en el municipio Tibú: “Es un proceso de mucha lucha, de mucho dolor porque aún sigo tras una verdad que nadie me ha dado”.
Aparte del hijo que tuvo con ella, puntualizó que Segundo tenía dos hijos más: “Encontrarlo con vida no creo que sea posible. Ningún padre se va, dejando a su hijo. Él lo adoraba y era un hombre que lo llevaba para todos lados”.
Espaldarazo
Además de la Asociación de Madres Buscadoras (ASOMUB), que agrupa en frontera a progenitoras de Colombia y Venezuela, María Isabel ha conseguido ayuda de otras entidades, sobre todo desde lo psicológico, que es vital para ella.
«Trato de estar serena. Y aunque me organicé, no descansaré hasta encontrarlo. Era el padre de mi hijo mayor y simplemente se lo llevaron», señaló, indicando que el joven de 28 años, cuando estuvo en el Ejército, sacó su tiempo para buscar a su papá, pero el intento fue infructuoso:
“Dicen que él está en el kilómetro 60, en una fosa donde hay un árbol de mango. Esa es nuestra esperanza, hallarlo en esa fosa”.
Joven trujillano desapareció en Cali
Zugey Peña nunca imaginó que la migración le daría un cambio radical y doloroso a su vida con la desaparición de su hijo menor, Néstor Luis Peña Vielma, en Cali, Colombia.
El 16 de mayo de 2020, el joven de 18 años partió de Norte de Santander, donde el núcleo familiar se había establecido tras dejar su tierra natal, el estado venezolano Trujillo, a otros departamentos del vecino país a buscar empleo.
En Tuluá, Cali, halló trabajo en el área de la construcción. Desde ese momento, pareciera que la tierra se lo hubiera tragado. No hubo más señales de él, empezando para la familia un camino cargado de turbulencias.
La lucha por conseguirlo no ha sido fácil. En muchas ocasiones, la xenofobia ha estado presente. «Recuerde que su hijo es venezolano y la prioridad es para los colombianos». Esa frase aún retumba en su mente, pues fue la respuesta que recibió de algunos funcionarios al poner la denuncia.
En ASOMUB (Asociación de Madres Buscadoras), Zugey ha recibido cobijo y consuelo. El estar con otras madres que están pasando por el mismo escenario, le ha permitido sentirse entendida y abrazada.
–Hubo momentos en los que me deprimí y pensé en quitarme la vida, pero un angelito me decía que debía seguir, que no fuera egoísta, ya que tengo otros hijos que también me necesitan– confesó la ciudadana en entrevista con Diario La Nación.
La fe sigue intacta
La agonía que esta madre ha sentido por más de seis años, no ha sido motivo para perder la fe y la esperanza de hallarlo, de conseguir respuestas a preguntas como por qué y dónde está:
“Mientras yo viva, voy a buscar a mi hijo. Me considero como una palmera que, ante la adversidad y la tormenta, siempre se vuelve a levantar, estar firme. Así me siento en estos años de búsqueda”.
Lamentó que en Colombia se nombre mucho la paz total. “Dónde está la paz total cuando se llevan a un familiar, se lo desaparecen. Lo que hay es incertidumbre en el camino”, enfatizó a modo de reflexión.
Heredó la búsqueda de su hermano
Yadira Rodríguez Cruz heredó la búsqueda de su hermano, Jhonny Rodríguez Cruz, luego de la muerte de su madre, María Gisela Cruz Ortiz, el 25 de marzo del año 2024.
El 1º de diciembre de 2013 fue la última vez que María Gisela tuvo contacto con su hijo, quien llevaba más de medio año trabajando en El Tarra, en Norte de Santander. «Ese día le dijo a mi mamá que iba a cruzar a Venezuela a comprarle los estrenos a sus dos hijos», relata Yadira.
Desde ese momento, no se supo más de Jhonny, de 32 años. “Pareciera que se lo hubiera tragado la tierra”, prosiguió la ciudadana en entrevista concedida a Diario La Nación.
La familia, a 13 años de su desaparición, no ha logrado tener certeza si realmente cruzó a Venezuela, y allá fue donde se perdió su rastro por completo, o si le pasó algo en El Tarra, la zona donde laboraba.
Este duro transitar deterioró mucho la salud de doña María Gisela, quien iba apagando su luz en medio de la zozobra de no saber qué pasó con su muchacho: “Al principio se encerró, se aisló, no quería que nadie la visitara”.
“Ella, estando internada en la clínica Duarte de Cúcuta, no dejaba de pedirle a Dios que le permitiera ver nuevamente a Jhonny. En mi caso, lo que hice fue traerle a los nietos, los dos hijos de mi hermano, para que los viera. Luego, a las dos horas de ese 25 de marzo, murió”.
ASOMUB
A raíz de lo que sucedió con su madre y ante el compromiso de seguir con el proceso, Yadira se armó de valor y, pese a la partida física de su pariente, logra crear la Asociación de Mujeres Buscadoras (ASOMUB), con su eslogan «Dejando huellas». Fue creada un 6 de agosto de 2024.
–Esta asociación la empezamos con 12 mujeres y, en la actualidad, ya somos 40 mujeres buscadoras, donde tenemos también integrantes venezolanas que responden a la Asociación Esperanza de Madre– subrayó.
Entre todas se apoyan, se respaldan y se abrazan cuando una de ellas recae. Yadira indicó que muchas madres colombianas tienen hijos desaparecidos en Venezuela, mientras un grupo de venezolanas en Colombia.
Enfatizó que su objetivo no es solo encontrar a Jhonny, sino a todos los desaparecidos para darle un poco de paz y alivio a todas esas madres, hermanas y esposas que no han cesado su peregrinar.
La foto de María Gisela estaba exhibida, junto a otras madres buscadoras, en una galería que le rindió tributo en Cúcuta a esas mujeres que ya no están y cuya lucha por saber algo de sus hijos las mantuvieron vivas hasta el final. El evento se desarrolló en el marco de la Fiesta del Libro, desarrollada en la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero.











