Regional
Nilson Guerra Ramírez: Nosotros debemos despresidencializar el país
domingo 24 mayo, 2026
El escritor plante plantea un proyecto de país en su libro; “ Es posible otra democracia”
Freddy Omar Durán
Bajo el contundente título “Es posible otra democracia”, el historiador Nilson Guerra Zambrano entrega un aporte fundamental a las transformaciones por las que transita un país y que necesariamente pasa por la reconstrucción del Estado.
Una reconstrucción del Estado que pasa por la cultura ciudadana, antes que por las enmiendas de lo escrito en ley, o la transposición de figuras prestigiosas, así difieran en colores y posiciones ideológicas. Cultura que sirva para esterilizar a la política de mesianismos, y abra ventanas a la “caja negra” en la que termina convertido el aparato estadal, que trata de mantener al “ojo público” alejado de indiscretas miradas.
Miembro de la Academia de la Historia del Táchira, ha sido autor de varios libros entre reportajes periodísticos y biografías, dos de ellas dedicados a tachirenses ilustres, como monseñor Acacio Chacón Guerra y el educador Félix Omar Duque, un egregio educador nacido en La Grita. Su investigación, que lo ha conducido hasta archivos de España y Colombia, que concluyó en una transcripción de documentos históricos sobre Tovar y Bailadores, al acceso del público general.
La política pasa por la cultura
“Lo que conocemos como democracia es una parcialidad de lo que es un verdadero sistema, porque la democracia implica una percepción cultural de todos los ciudadanos de lo que es el sistema. Desafortunadamente, a lo largo de muchos años nos hemos mantenido, la mayoría de la población, en la creencia de que la democracia es un ejercicio electoral, de elección de las autoridades.
La democracia es mucho más. La democracia implica, primero, organizar los procesos, pero en segundo lugar, facilitarle a las personas, a través de las organizaciones partidistas, pero también de todo tipo, de cualquier clase en la sociedad civil, presentar candidatos que tengan cualidades para el buen gobierno, para el ejercicio del gobierno.
Desafortunadamente, no tenemos personas que se estén formando, aunque existe la investigación de ciencia política, pero eso es para otra cosa, para interpretar los procesos, más no para preparar gente para la función de gobierno. Hace falta el proceso cultural de percibir a la democracia como el sistema de gobierno, pero también el modo de vida”
— ¿Cómo aspirar a ese líder idóneo que supere esa imagen del líder populista, del líder carismático, simplemente?
— Nosotros tenemos un gran déficit cultural democrático, así como, podemos decirlo, andamos con un déficit en nuestros bolsillos, porque no nos alcanza para comprar la alimentación o para pagar la salud, la transportación. Así, tenemos un déficit de conocimiento de la democracia. Ese es un problema fundamental. ¿Por qué? Porque debemos lograr una mejor sociedad, donde todos estemos conscientes de que el Estado no es el gobierno, sino que el Estado somos todos nosotros, los millones de habitantes de este país.
Desde la cultura democrática emana la autoridad a la hora de exigir soluciones desde las más inmediatas de su comunidad y hasta las que implican el destino de todo un país.
“No se trata de que los más importante sea el prefecto de un municipio, el alcalde del municipio, el Gobernador o el Presidente; se trata de que un ciudadano esté preparado para exigir a esa autoridad para que cumpla con las funciones que dice la Constitución, con las funciones que dicen las leyes y con el rendimiento de las cuentas de la gestión administrativa. Entonces nosotros, por ese problema cultural, encumbramos a los presidentes como las grandes figuras.
— ¿Usted no piensa que nos distraemos demasiado con esa figura presidencial, casi que se nos convierte en entretenimiento y en un sufrimiento al mismo tiempo. El presidente a veces viene siendo una figura a la que tememos, y otras veces, en una figura tragicómica cuando no anodina?
— Nosotros tenemos que despresidencializar el país. En Venezuela no nos hace falta un liderazgo ni del 80 % ni del 90 %, ni del 1000 %; lo que nos hace falta la integración de toda la sociedad en ese propósito común de replantear el sistema democrático de gobierno y relanzarlo. Nosotros tenemos en el ejercicio de la política la circunstancia infeliz de colocar siempre al presidente como la gran figura. Bueno, la figura tienen que ser todos los ciudadanos del estado Táchira, por ejemplo, que mediante las academias, mediante los colegios profesionales, mediante las organizaciones de base, mediante el gremio de empresas han logrado diseñar un programa de desarrollo que el gobierno apoya, que el gobierno estimula.
— Un presidente preocupado por hacer ruido en las redes sociales, que por mostrar una gestión de Gobierno.
— En efecto, el sistema comunicacional de Venezuela nos lleva a que tengamos un presidente que distrae a la sociedad, que la maniata, que incluso se atreve, y eso ha ocurrido con muchos presidentes, a anunciar leyes con las cuales luego improvisan los parlamentos aprobándolas. El presidente es el primer magistrado. ¿Qué quiere decir eso? El primer maestro del país. Si elegimos un mal maestro, tendremos muy malas lecciones. Un problema gravísimo. Si nosotros logramos que el presidente no sea la figura del país, aunque se haya elegido con el 40, 45 por ciento, que es mucho, entre varios candidatos, eso le da legalidad, le da validez, pero no le da la legitimidad del ejercicio soportado por la población. Creemos que ese es el rey, creemos que ese es el dueño de la vida nacional. Es una total equivocación”
Una mala educación política a la larga incide en la baja tasa de participación electoral, incluso en un discurso que más que razonamiento va expresando ideas sin fundamentación.
“Los presidentes de los últimos 30 años no han estado pensando en cómo educar mejor a la sociedad. ¿Por qué? Porque no es del interés, porque una sociedad más educada sería menos manipulada. Ya ese déficit del cual yo les hablo, de cultura democrática, lo tenemos expresado en las cifras electorales. Lo cual hace que la democracia esté aplazada o que tenga una valoración inferior por la sociedad, lo cual es pésimo”.
En ese ánimo formativo, Zambrano replantea la función del diputado nacional o regional, encargado de explicar leyes, y no de ciegas defensas a un gobierno, o en una confrontación constante con el adversario político.
“La gente no conoce qué es un buen Parlamento porque no saben qué es eso, nunca lo han visto. Bueno, tenemos que comenzar a enseñarle a empezar con películas, con videos, con gráficos, con simulaciones de inteligencia artificial ahora, para que entiendan qué es un verdadero Parlamento. El Parlamento es para hablar, para discutir, pero para hacer las leyes. Y las leyes no las pueden seguir haciendo un bufete de abogados. Pero también al Congreso o al Parlamento, a la Asamblea le corresponde la labor de controlar la gestión del gobierno, para lo cual existen los técnicos de la Contraloría General de la República, pero también los expertos; así cómo pueden crear comisiones para hacer investigaciones y presentarlas”.
Destacados











