Opinión
Notations/Opus13/Concierto de Aranjuez/Joaquín Rodrigo
viernes 24 abril, 2026
“Es muy difícil la vida de un músico, como difícil es el arte en sí. Pero cuando se tiene verdadera vocación, ser músico es bonito; mejor dicho: divino. Hay que ser sobre todo leal y auténtico con uno mismo”
Elvis Joan Suárez
Joaquín junto a su esposa Victoria vuelven al palacio de Aranjuez, hacia el sur de Madrid, no lo visitaban desde que casaron y pasaron su luna de miel, es primavera, están entrando al salón de las porcelanas, la sala está cubierta de paneles de porcelana con colores vivos sus pisos de mármol, le dan la bienvenida siete grandes espejos y unas porcelanas chinas con figuras orientales, dragones, monos y frutos, que impresionan a Victoria, ella le dice a Joaquín, – ven acércate, ¿Quieres tocarlas?. Se acerca y comienza a palparlas con palmas, al acariciarlas le viene cierta imagen, en esa misma sala la reina Isabel II interpretaba obras del siglo de oro español con su piano Collard&Collard. Al salir del palacio lo primero que percibe Joaquín es el aroma de las magnolias, ¿Puedes oler Victoria?, son las flores nuevamente, esa fragancia es la misma que cuando nos casamos, siguen caminando y se consiguen con las fuentes, esos sonidos del agua que al caer también le inspiran, pero no solamente escucha el sonido del agua sino el de los los pájaros revoleteando alegres porque es primavera. Rodrigo mientras sigue caminando agarrado del brazo de su esposa, recuerda aquella mañana en el barrio Latino de Paris de la Rue Saint Jacques, pensando en aquel encuentro que tuvo con el guitarrista español Regino Sainz de la Maza en San Sebastián, cuando fue invitado para dar unas series de conferencias en la universidad de dicha ciudad, mientras cenaban y tomaban un buen vino, Regino tomo la palabra: “ Tienes que volver con un concierto para guitarra y orquesta, es el sueño de mi vida, eres el elegido” esa misma mañana Joaquín, escucho una voz interior que cantaba el tema del “Adagio” y después esa misma voz le llevó a componer en máquina de braille el tercer y primer movimiento de una sola pasada, se dijo así mismo: “La intuición no nos engaña”. Joaquín le pregunta a Victoria: ¿Y si volvemos a España? Victoria sin dudarlo dijo que sí. Ya el Concierto para guitarra estaba terminado, lograron pasarlo por la frontera franco-española en unas maletas de manos que era lo único que llevaban consigo, eran tiempos difíciles, la Guerra Civil española y se avecinaba la Segunda Guerra mundial, pero los cierto es que el matrimonio llevaba una de las obras más universales del planeta en sus humildes maletas: “El concierto de Aranjuez”. Joaquín Rodrigo nacería en 1901, el día de Santa Cecilia la patrona de los músicos en Sagunto, ciudad de la provincia de Valencia, a los tres años de edad se contagió de difteria perdiendo la vista, esto lo llevó desde muy pequeño a acercarse al arte musical. Sus padres lo llevan a Valencia donde estudiaría en el colegio de los niños ciegos y comenzará su afición por la literatura y la música. A pesar que nunca se inscribió de manera formal en el conservatorio de Valencia, estudió composición y armonía con profesores que pertenecían a dicha institución, los padres de Joaquín contrataron Rafael Ibáñez quien era el que colaboró con Rodrigo como secretario y copista” Me prestaba los ojos que no tenía”, hasta que contrae matrimonio con Victoria. Ya a los 20 años era un virtuoso del piano y buen compositor, estrenando su primera obra para orquesta: “Juglares”, por la orquesta sinfónica de Valencia, cuando decide irse a Paris donde estudia con el compositor Paul Dukas en la École Normale de Musique, allí en la ciudad luz conoce al compositor español Manuel de Falla, quien lo alienta a seguir componiendo y a estrenar muchas de sus obras. La música de Joaquín Rodrigo, se caracteriza por ser una fusión entre la tradición clásica y la cultura española, donde destaca su claridad formal y refinamiento armónico, evocando la tradición musical española de los siglos XVI y XVIII. La semana pasada la Orquesta de Cámara “Simón Bolívar” del Táchira junto con el virtuoso guitarrista: Yeritzon García en tres escenarios diferentes en la ciudad de San Cristóbal, interpretaron el Concierto de Aranjuez, terminando en una gran gala en el Teatro Gilberto Mendoza de la Unidad Vecinal, destacándose el Maestro José “Cheo” Mora en el solo del corno Ingles y el Maestro Marco Sayago como Concertino, el concierto tenía más de diez años que no se realizaba en nuestra ciudad cordial. Recuerdo que el 2002 fue interpretado por el Maestro Carlos Bonell, la asistencia fue muy masiva, muchos tuvieron que sentarse en el suelo porque no había butacas, el bis de aplausos, hizo que se interpretara nuevamente el emotivo segundo movimiento, el final del concierto fue largo, la gente seguía fuera del teatro de la UNET esperando, fue tanto el furor como si tratase de un concierto de rock, que el guitarrista Carlos Bonell tuvo que repetir el concierto una segunda vez y nuevamente otro bis repitiendo el segundo movimiento nuevamente. Con la visión retrospectiva sobre Joaquín Rodrigo, en un pasado cuando tuvo cinco años, juega con sus hermanos, lo llevan a la playa para que reciba en su rostro un poco de la brisa marina, él escucha con detenimiento el oleaje y escucha los gritos de los pescadores que llegan en sus embarcaciones con sus redes llenas de pescados, vuelven junto a sus hermanos al centro de su pueblo Sagunto, pero esta vez jugaran a las rondas populares infantiles de su España natal y que le servirán de inspiración para su obra musical, el niño Rodrigo canta: “Este es el juego de Antón Perulero, que cada quien atienda a su juego” ¡Qué toque la guitarra!.
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