Regional
Randy Cabrera, el sobreviviente del valle de Mifafí
lunes 10 agosto, 2026



Junto a Luis Gerardo Sánchez Useche (65), el 19 de abril de 2025 la montaña los atrapó y cubrió con su manto blanco. Una competencia deportiva terminó en tragedia. Randy (39), sobrevivió al frío que buscó paralizar su cuerpo y su mente; Luis Gerardo, falleció. Aquí narra parte de la historia en suelo merideño
El resumen de la IA:
La Inteligencia Artificial resume la conversación de una hora en el siguiente párrafo: “…A través de un testimonio cargado de emoción y reflexión, el autor –Randy Cabrera- detalla cómo una tormenta de nieve y granizo transformó una prueba física en una tragedia, subrayando fallas en la señalización de la ruta y la falta de preparación ante cambios climáticos drásticos”.
José Luis Guerrero S.
@joseluis.guerrero.73700
I
El recuerdo de Gerardo
“Gerardo y yo, Randy Cabrera, quedamos atrapados en el Valle de Mifafí. El clima nos envolvió en plena competencia de senderismo. Era la undécima edición de la carrera de montaña Mifafí Ultra, para la cual nos habíamos preparado meses atrás.
Fue hace un año y tres meses: El 19 de abril de 2025. Ese es el lugar del viento, de lo sagrado, de naturaleza plena en el estado Mérida. Es territorio del Parque Nacional Sierra de La Culata, Venezuela, a una altura entre los 3.300 y 4.100 m.s.n.m. Un mal presentimiento me acompañó desde que partimos de Táriba, municipio Cárdenas, a Mérida, en un microbús que iba lento y que varias veces falló en su fuerza.
Quedamos extraviados entre frailejones, corrientes de agua fría, muy fría; capas de niebla y fuerte brisa, granizo, lluvia. El clima, las condiciones atmosféricas de temperatura, humedad, lluvia, viento, bloquearon nuestras mentes al no encontrar la ruta en la competencia deportiva de senderismo. No vimos las señales, y si las vimos no las entendimos, otras se ocultaron entre la nieve.
Yo, caminaba y caminaba sobre el mismo círculo, en mi desesperada búsqueda de ayuda para mi compañero de ruta deportiva, Gerardo, un educador jubilado, de 65 años de edad, quien no pudo seguir. Se quedó en cuclillas, tranquilo, en medio de aquella tempestad. El, muy sereno, y yo, desesperado, angustiado en plena naturaleza, en plena montaña. No pude traerlo conmigo. Murió de hipotermia.
Fueron largas horas. Sentí la soledad, la angustia de verme perdido, de no ser escuchado, desconectado del mundo exterior, viviendo horas en mi propio mundo entre la montaña a la que le hablé para que me dejara salir. Ya al final el frio era algo brutal, las rodillas me empezaban a doler muchísimo y las nalgas me empezaban a temblar.
Soy Randy Cabrera, odontólogo de profesión, de 39 años, residenciado con mi esposa Jéssica y mis dos hijas, en Cordero, municipio Andrés Bello, el inicio de la zona de montaña del estado Táchira. Tengo escasos 18 meses como senderista, en el grupo Peregrinos Táchira, de Táriba. Quince meses después narro parte de la historia vivida, el pánico, la fuerza del alma para vivir y la despedida al amigo Gerardo. Yo soy sobreviviente del Valle de Mifafí”.
En esa competencia, otros cuatro senderistas fueron reportados como desaparecidos: Leonardo Pérez, de 62 años; Deisy Salmorrera, de 55 años; Jesús Lugo Gallo, de 43 años, y José Sequera, de 61 años. Ellos lograron sobrevivir a la tempestad refugiándose en las ruinas de un refugio de montaña, donde encontraron fósforos y pudieron encender una fogata, quitarse la ropa, protegerse de la furia del valle que ese día no aceptó que pisaran su territorio.
II
La cruz en honor a Gerardo
“Yo regresé a la montaña en noviembre de 2025. Tenía que hacerlo. Allí, una cruz de hierro, colocada por los familiares de Gerardo y un grupo de senderistas, nos recuerda el sitio donde los rescatistas de Protección Civil Mérida encontraron el cuerpo de mi compañero. Yo no lo dejé en ese lugar. Èl siguió buscando destino. Buscando el camino. Fue hallado sin vida cerca del Collado del Cóndor.
Subimos varios senderistas y llevamos una placa con su rostro, las fechas de su nacimiento y de su muerte. Un presente para su recuerdo en la montaña. La cruz queda en un sitio prácticamente estratégico. También, muy cerca, como a menos de un kilómetro, construyeron un refugio donde incluso hay señal de wifi. Entonces, esa cruz está en un sendero que indica que para los dos lados puede haber salida, una guía para cualquiera que suba y sea atrapado por la montaña.
Ese día estaba nervioso. Regresar a aquel lugar donde casi muero. “Vuelve otra vez al sitio para que tú dejes esos temores”, escuché varias veces en voces de mis amigos de senderismo. Caminaba tranquilo, iba en grupo compacto. Eso me sirvió mucho. Me dio temor, porque cuando ya estábamos en el sitio empezó a cambiar el clima. Sentí latir acelerado el corazón. Ver de pronto como está el cielo despejado y en minutos todo se pone negro, empezó a llover y yo dije: “Así empezó la vez pasada”. Ya de regreso a casa, entendí que me ayudó mucho, estar allá otra vez me ayudó bastante.
Esos senderos y esa ruta que la naturaleza cubrió nos puso a prueba. La competencia tenía dos rutas: Una de 19 kilómetros y la otra de 38 kilómetros, entre las localidades del Páramo de La Culata y el Valle de Mifafí, zonas de los parques nacionales Sierra La Culata y Sierra Nevada, por los municipios Libertador y Rangel de la entidad merideña.
Gerardo y yo tomamos la ruta más larga; pero en el recorrido, el clima cambió. Comenzó a caer granizo con mucha fuerza y el piso se cubrió de nieve. Se intensificó el frío. Ambos nos encontramos en el camino y decidimos seguir juntos. No nos enteramos que la carrera había sido suspendida dos horas después de la partida y al final del día, seis senderistas estábamos atrapados en la montaña, en realidades diferentes”.
Define a Gerardo como un hombre valiente, una persona competitiva. Lastimosamente, él se quedó. No estaba en las condiciones físicas de continuar y el valle lo atrapó, el frío lo cubrió y lentamente la muerte hizo que su alma volara por entre la niebla y las nubes.
“Si hubiese continuado, de pronto hubiésemos soportado ambos, pero ya él no quiso seguir, porque sus condiciones físicas no lo permitieron. Estaba tranquilo. Ese era su destino. Yo seguí buscando la ruta. No podía cargarlo. Era imposible. La única opción fue avanzar en medio de la montaña y el fuerte clima, buscar ayuda, pero en medio de la inmensidad del valle, esa ayuda no era nada fácil”.
La falta de señalización y el clima son señalados por Randy Cabrera como las responsables de la tragedia en la montaña.
“Él estaba muy bien preparado. No iba padeciendo en ningún momento de que me tengo que parar porque voy cansado. Él iba bien. Lo que nos jugó la mala pasada fue el cambio de clima, que nos cambió a un extremo que nosotros no pensamos. No nos imaginamos nunca que íbamos a pasar esa situación. El clima, un cambio muy, muy brusco, y también la falta de una mejor señalización. Yo he visto videos de otras personas que han ido al mismo sitio y ha nevado, pero no tiene nada nada que ver con lo que nos pasó a nosotros. Lo que nos pasó a nosotros fue algo totalmente distinto. Cayó mucho hielo. Fue un clima extremo. Cambiaba, granizo, neblina muy fuerte que cubría todo, había que tomar decisiones.
Nosotros buscamos sacarle el cuerpo a la tormenta, pero en medio de la tormenta, entre la tormenta, pero hay que ubicarse en el contexto, caminábamos por donde se veía más despejado, pero no vimos ningún banderín, ninguna palma, nada para poder orientarnos y las dos señales que nos conseguimos eran señales que no eran de la competencia, ubicando un sector ahí en la montaña.
Yo caminé mucho. Al final me refugié entre unas piedras y pude comer unos chocolates. Gracias a Dios llevaba la ropa térmica, las medias, el pantalón, el buzo tenía una capucha térmica, eso me ayudó mucho, pero recuerde, nosotros no fuimos a una competencia pensado en la nevada. Una cosa es que haya frío, que llueva mucho, pero muy diferente una nevada de la que fuimos protagonistas.
A mí me localizan en horas de la madrugada del lunes 20 de abril. Los otros cuatro senderistas también lograron salir de la montaña ese día, y a Gerardo lo encontraron en horas de la tarde”.
III
La pasión por el senderismo
Después de este incidente en la montaña, Randy regresó a Mérida a otra competencia. Participó en noviembre de 2025 en el Cruce de los Altos; también caminó senderos de Capacho. Pensó en retirarse del senderismo, pero sus compañeros lo motivan a seguir adelante.
“En las dos últimas competencias me he colocado una franela que nos hicimos en homenaje a Gerardo, porque una de las cosas que me pareció a mí más dura de todo eso, fue la soledad. Yo no me vuelvo a quedar solo en una montaña… Cuando me toque una competencia de montaña, me pongo la franela para que él siempre me esté acompañando de alguna manera.
Fueron muchas horas en la montaña. El cuerpo se va como adaptando al frío, que quema durísimo. Es una quemazón, sentir el hielo en las manos, en la piel, en el pecho. Es como si se metiera la mano a la candela, al fuego. Algunas partes del cuerpo, lo que son las manos y los hombros, más que todo, es como que se congelan, y cuando uno hace fuerzas para tratar de moverlos es como si esa candela aumentara muchísimo.
Aprendí muchas cosas, en lo religioso, en lo personal, en lo deportivo. Uno dice: Yo estoy fuerte, yo soy fuerte, yo voy contra todo y la montaña, pero hay situaciones donde cualquiera se pone chiquito. Entonces, eso lo aprendí de que no es que yo que estoy volando, que estoy fuerte, no, ahí nadie está fuerte. Ahí el que esté fuerte se vuelve nada, pero rapidito, bien sea por la altura, o sea por cualquier vía. Ahí uno empieza a implorarle a Dios. El que no es católico, el que no es creyente, se vuelve creyente en el momento, porque eso es algo bastante fuerte.
En la vida hay que tener fe en algo. Un amigo evangélico me cuestionó porque le dije que empecé a pedirle permiso a la montaña para poder salir, ya había escuchado eso, que la montaña si no te deja salir, hay que pedirle permiso. Lo hice porque estaba en una situación de peligro. Yo empezaba a orar, a hablar con la montaña: Déjame salir. Me di cuenta que caminaba en círculo.
Muchos me dijeron en ese momento: Por qué no cargaste a Gerardo, por qué no te quedaste con él. No había fuerza para cargarlo, era muy difícil yo caminar con una persona alzada porque se me estaban hundiendo los pies en la nieve. Si me quedaba, me iba a morir con él también. Yo le dije: “Yo voy y vengo.” Los rescatistas cuando me encuentran no me dejaron subir. Ellos se fueron a buscarlo y lo encontraron muerto como a las 2 de la tarde.
La experiencia vivida la narro en un libro. Va muy adelantado. No estamos buscando culpables, lo que se busca con el libro es una reflexión tanto para los corredores como como para los organizadores de eventos, que se tomen las previsiones y se cumplan todas las normas. El libro se llama: “Mifafí, la montaña que nos puso a prueba”.
Una recomendación en cuanto a lo competitivo: “Si es una organización que no tenga una buena referencia, yo no me inscribo”.
Randy no olvida a su amigo Gerardo. Recuerda su entusiasmo, su fortaleza física en cada ruta compartida. Aprendió que la montaña siempre es más fuerte que el hombre, por mucha fortaleza física. Nada se puede pasar por alto. Gerardo, el senderista que no volvió…
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