Se sienten engañados los jubilados por el pago fraccionado de pensiones

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Imagen de referencia. (Foto/Tulia Buriticá)

“Yo pensé que luego de trabajar duro en la vida iba a pasar una vejez tranquila y ahora estoy a punto de llorar por tanta injusticia”. Así se expresó un señor de la tercera edad que desde otro municipio del Táchira tuvo que venir a cobrar 90Bs.S en efectivo del primer abono de su pensión de 450 Bolívares Soberanos.

Hombres y mujeres que se  prometieron a sí mismos luchar hasta el final contra las adversidades; pero no pensaban que la más terrible de todas era el absurdo de calarse un día con sus noches en una cola.

Muchos venían de varios municipios del Táchira, para aglomerarse en las oficinas bancarias donde les correspondía cobrar en San Cristóbal, de las cuales máximo dos estaban habilitadas por cada banco.

La queja general fue la desinformación. Había quienes creían que les cancelarían toda la pensión, otros un monto fraccionado mayor.

En el desconcierto ellos no sabían a quién culpar si al Gobierno,  a los mismos bancos, o a la ola de rumores que cunde por doquier.

Lo cierto es que ya desde el sábado, no pocos perdieron el viaje al intentar cobrar la pensión, y confrontar la realidad de que ni los bancos abrieron las puertas, ni los cajeros automáticos daban señal de vida.  No faltó el porfiado que se desplazaba de un sitio a otro, o que sencillamente aguardaban, por si a algún funcionario se le abría el corazón.

Entonces no sería sino hasta el lunes que poco a poco se despacharía a los pensionados, a una velocidad que iría desde lo incómodo hasta lo desesperante.

Ni aún tantas veces que han tenido que soportar las colas, se han terminado de acostumbrar, incluso los más pacíficos en algunos puntos de la ciudad se amotinaron ante la lentitud en la atención, el abuso de los vivarachos, la falta de organización y de autoridad –no más de dos agentes policiales intentando imponer el orden en la entrada-  y la escasa cantidad que recibían en billete.

Estar informados

Muchas personas de la tercera edad se agolparon en las instituciones bancarias, con las condiciones físicas que tuviesen, para cobrar la primera fracción de su pensión. (Foto/Tulia Buriticá)

Para Tareck El Aissami, vicepresidente del área económica, todo se trató de una falsa matriz de opinión, ya que en ningún momento se anunció oficialmente que funcionarían las oficinas bancarias el sábado.

Por otra parte la Sudeban aclaró que ya están disponibles por tarjeta de débito los 450 Bs.S de la pensión, de los cuales este lunes se entregaban 90 Bs.S en efectivo y sin restricciones del número de cédula, el viernes 7, 450 Bs.S y el 14 de septiembre los 900 soberanos restantes.

Gladys Niño venía de Rubio, gracias al aventón de unos sobrinos pudo apostarse desde las madrugada en una cola que ya superaba las tres cuadras en una entidad bancaria de La Concordia sobre la avenida García de Hevia, llamada como Quinta Avenida.

A las 10 y  media de la mañana, le marcaron en el brazo el número 356, es decir, que a esos de las dos de la tarde, si la línea no hubiese caído, sería atendida por alguno de los dos únicos cajeros asignados para tal fin. Por su parte, Michelena, Andreina Hernández se quejaba de que tendría que pagar hasta 500 Bs.S en puro pasajes, una cantidad que se suma a lo demás que tendrá que pagar para seguir acumulando efectivo, y se resta al total de su pensión: el mismo suplicio de los que tuvieron que viajar de otros puntos alejados del Táchira, como La Tendida, La Fría, San Simón, San Antonio, Ureña, etc.

En dicha sede se formaron dos colas; una para los discapacitados y otra para propiamente la tercera edad, pero esto en vez de contribuir al orden, alborotó aún más los ánimos, y no fueron pocos los que de viva voz calificaban su situación de burla, de falta de respeto a sus “canas”.

La señora Josefina Camacho tenía a su hijo enfermo en Cumana, y declaró que con lo que iba a sacar en efectivo ese día no le alcanzaba ni para cancelar la parte del pasaje en efectivo que le exigen.

A las tres de la tarde aún las aglomeraciones de clientes bancarios en aceras y calles eran enormes, y las mismas soportaban el intenso sol del lunes. Muy pocos contaban con la suerte de estar en compañía de algún familiar, y aún menos, los que contaban con la suerte de tener la salud idónea para tanto aguante, paliado a punta de sillitas plegables, sombrillas, o de socializar con sus compañeros de plantón.

Freddy Omar Durán