Regional
Sonrisa en medio de las dificultades
sábado 16 mayo, 2026

Freddy Omar Durán
La dura vida que le ha tocado a la señora Juana Graciela Molina Sánchez, no le ha borrado la sonrisa, a sus casi 80, ni las ganas de seguir preparándose, y luchar por al menos la recuperación de su alcoba-cocina, lo poco habitable de una vivienda hundida en la ruina, y que la vio crecer, formar una familia y cobijar la nobleza de su vejez.
Un accidente cardiovascular ha transformado sus maneras de comunicarse, y en compensación dispone de su amabilidad para hacerse entender.
Hace muchos años un accidente laboral la hizo perder un dedo, valiéndole una incapacidad luego de 29 años trabajando para una reconocida empresa de La Concordia, dedicándose entonces a la docencia, de la que solo un ACV la retiró.
No le pide mucho a la vida; pero algo que la incómoda, y que la puso en la obligación de recurrir a la generosidad del prójimo, es el hecho de que cada vez que llueve una gotera tortura sus noches de sosiego teniendo que dormir en una silla, a la que se amarra, en prevención de terminar de cabeza contra el piso cuando entra en sueño profundo.
La lluvia cuando se mete por todos lados, se ha ensañado contra sus enseres, y la ha obligado a arreglar la nevera y la cocina, reparándolas con lo que la han ayudado, ya que con una pensión de 130 bolívares, ni un pocillo nuevo podría comprar.
El arreglo de su habitación para que sea digno de su edad y su condición; pero si se dispone, gracias a las almas de buen corazón, un traslado a un sitio decente, en donde nadie la quiera expulsar, bienvenida sea esa bendición.
“Quiero que me adapten el cuarto como apartamento, porque ni baño tengo, ya que el que había fue tapado con tierra y piedra. Uso un vaso”
Vecina de La Concordia sobre la calle 7 entre carreras 4 y 5, no cuenta con mayores ingresos para rehabilitar el inmueble que alguna vez su padre levantó con tanto sacrificio, y que ella afirma tuvo que salvar de una hipoteca, gracias a los dos millones de bolívares que ganó de la Lotería del Táchira.
Ni el baño ha salido ileso de la acción destructora del tiempo, más radical hace unos ocho años, y apenas si se refugia en un espacio compartido entre la cocina y la alcoba, y hay otra habitación de cuya clausura bajo candado prefirió no ahondar en detalles. Vigas apolilladas presagían nada bueno para lo que permanece en pie, rodeadas de escombros por doquier. Cuando su padre vivía ese lugar se mantenía en el mejor de los aspectos con matas por todos lados, y flotando por ese ámbito el triste recuerdo de una esposa, y madre de la señora Juana Graciela, atropellada por un automóvil
Dos de sus hijos tomaron el destino, muy propio de nuestros tiempos en Venezuela, de buscar un chance allende las fronteras del Táchira; mientras uno de ellos reside Ecuador, bajo condiciones de salud de cuidado; el otro, al interior del país. Tuvo tres hermanas, una de ellas Blanca Molina, acompañándola al momento de la entrevista.
“No, no sufro por ellos; ellos tienen derecho a buscar una vida distinta por otra parte. No les reclamo nada. Otras madres humillan para que les den todo; yo no, tranquila.”
Hace 40 años perdió el embarazo con su hija, en medio una situación de violencia intrafamiliar con un esposo que abusaba del alcohol. Al separarse tomó la decisión de no convivir con más nadie, pues esa relación de algún modo la predispuso a no buscar pareja, aunque ella está consciente de que no todos los hombres son maltratadores físicos y psicológicos.
Un perro de nombre Losero le sirve compañía, y siempre hay gente pendiente de ella, especialmente hermanos en la fe de la iglesia evangélica cercana, así como un sobrino la ayuda en la adquisición de víveres, y lo que necesite. Ayuda a una amiga en Colinas del Torbes en la preparación de los alimentos, y de ahí “se gana la papa”.
Recientemente ha obtenido un nuevo título, de liderazgo cristiano, satisfaciendo a sus casi 80 años sus ansías de conocimiento, a los que no ha puesto como pretexto la pobreza para no cumplirlos. Se ha acreditado a través de la UBV y otras instituciones académicas, en áreas como el derecho, la enfermería, la docencia, auxiliar administrativo, farmacia, gestión social, y hasta veterinaria: 20 campos del conocimiento según sus cuentas. Con orgullo muestra una carpeta en la que no cabe ni un título más, de lo abarrotada que se encuentra.
“Yo no me quedo quieta. Si yo me detengo, no sirvo ya para nada. Quiero tener un cuarto bonito, más nada, y no me afano por más nada. No quiero pelear por la casa, solo un sitio donde poder dormir tranquila” (FOD)











