Regional
Táchira bajo el asedio de una crisis eléctrica sin tregua
sábado 9 mayo, 2026

Desde cortes eléctricos de doce horas en la zona norte hasta la parálisis en la capital, el recrudecimiento de las fallas eléctricas redefine la cotidianidad andina en medio de una demanda nacional récord impulsada por las olas de calor. Los ciudadanos intentan rescatar la rutina, mientras el Gobierno encargado anuncia planes de transformación estructural ante un sistema que opera al límite
Daniel Bueno
El sol ya no es el encargado de marcar el comienzo o el fin de la jornada en Táchira. Los ritmos circadianos de sus habitantes han sido suplantados por un cronómetro invisible y a veces caprichoso que manda cuándo se puede cocinar, cuándo es seguro caminar en las calles y cuándo el descanso es un lujo permitido.
La cotidianidad en la región andina está sufriendo una mutación profunda, ya que la vida personal y laboral ya no se organiza en torno a las horas del día, sino a la presencia fortuita de electrones en el cableado público.
En este sentido, esta es la crónica de una sociedad que ha tenido que aprender a vivir en los intervalos, donde la normalidad es un estado transitorio y la incertidumbre es la única constante.
El asedio doméstico
En San Cristóbal, capital del estado Táchira, el epicentro de esta transformación se vive con especial crudeza en sectores como Pueblo Nuevo. En la parte alta de la ciudad, la ausencia del flujo energético se extiende en bloques que oscilan entre 60 minutos y 5 horas ininterrumpidas.
El fenómeno adquiere tintes más dramáticos en zonas como Cumbres Andinas, ubicada detrás de la avenida Rotaria. Allí, el suministro parece poseer una naturaleza errática, ya que las fallas se presentan al alba, al mediodía, atardecer e incluso en la madrugada. Los residentes denuncian que la suspensión del servicio no conoce de treguas y puede repetirse hasta dos veces en una misma jornada, desarticulando cualquier intento de planificación laboral o familiar.
La situación alcanza un punto crítico en Barrio Obrero. En esta zona, los ciudadanos enfrentan un ciclo de racionamiento inclemente: cuatro horas de oscuridad por cada tres de luz. Para quienes habitan en edificios donde la dependencia eléctrica es total, las tareas más básicas se han convertido en desafíos logísticos. Hay testimonios de vecinos que deben preparar sus alimentos a altas horas de la madrugada para asegurar el sustento del día siguiente, pues el desayuno es una apuesta incierta.
Para el personal que labora en el sector salud, el impacto es doble: A la dificultad de cumplir con sus turnos se suma el agotamiento físico de intentar descansar en hogares donde el calor y la falta de ventilación mecánica impiden el sueño reparador.
Por la zonas norte y frontera
Si la capital tachirense padece, la periferia del estado enfrenta una verdadera calamidad. En la zona norte, específicamente en Coloncito y el resto del municipio Panamericano, la población sobrelleva racionamientos que alcanzan las 12 horas diarias.
La inestabilidad es de tal magnitud que los lugareños describen su presente como un “estado de emergencia permanente”. Esta misma sombra se proyecta sobre Capacho Nuevo y Capacho Viejo, donde la desconexión se prolonga por cinco horas; y en San Josecito, municipio Torbes, donde la indignación ciudadana crece ante la ausencia sistemática de respuesta por parte de los organismos competentes.
La crisis también ha alterado la seguridad y la educación. En sectores como Campo C, las interrupciones sucesivas se prolongan hasta la madrugada, sin explicación alguna. Esto ha generado un fenómeno colateral: La deserción matutina en las escuelas, ya que padres y representantes manifiestan su temor de enviar a los niños a los planteles en horas tempranas sin alumbrado público y bajo una penumbra total, el trayecto escolar se percibe como una amenaza latente antes de que el día aclare por completo.
En la frontera, la parroquia El Palotal no escapa a esta realidad, registrando múltiples apagones que paralizan la dinámica binacional tanto de día como de noche.
Infraestructura en ruinas
Más allá de los cortes programados, las fallas técnicas puntuales agravan la precariedad.
En la comunidad de Santa Eduviges, municipio Cárdenas, un desperfecto en un poste de la carrera 1 -la caída de una “cuchilla” según los vecinos- ha dejado a decenas de familias con sus electrodomésticos inertes desde las 8 de la mañana. Sin la potencia necesaria para que arranquen los compresores de las neveras, el riesgo de pérdida de alimentos se vuelve inminente. Mientras tanto, en Altos de Paramillo, los cortes suceden cada tres horas, manteniendo un ciclo de inestabilidad que comenzó a recrudecerse desde las noches previas.
La sensación generalizada de los tachirenses es de un trato “inhumano”; y aunque existe conciencia sobre la existencia de un Plan de Ahorro Energético, la ejecución del mismo es tildada de desproporcionada. El daño potencial a los equipos del hogar, que representan años de ahorro, se suma al deterioro de la calidad de vida, pero este malestar no es aislado; el eco de las cacerolas en Mérida -donde los cortes superan las 5 horas- y las denuncias de paralización comercial en Lara y Barinas (con hasta 12 horas de oscuridad) dibujan un mapa de crisis que se extiende por todo el occidente y centro de Venezuela, incluyendo estados como Aragua, Carabobo y Sucre.
La versión oficial: Entre el calor y el consumo
Desde el Ejecutivo nacional, la narrativa se centra en cifras de demanda históricas. La administración encargada que preside Delcy Rodríguez reportó que el consumo nacional alcanzó recientemente los 15.579 megavatios (MW), el registro más elevado en los últimos nueve años.
Según el comunicado gubernamental, este fenómeno es el resultado de una “tormenta perfecta” con la combinación de intensas olas de calor que azotan el territorio y un repunte en la actividad económica que presiona el flujo eléctrico.
Para mitigar esta situación, se ha informado sobre el despliegue de cuadrillas técnicas en maniobras de estabilización de la red. Asimismo, el Gobierno nacional ha anunciado el lanzamiento del Plan de Recuperación y Transformación del Sistema Eléctrico Nacional (PRTSEN). Esta iniciativa busca convocar al sector científico, industrial y académico para diseñar soluciones que no sean simples paliativos de corto plazo.
El discurso oficial subraya que, a pesar de las dificultades impuestas por las sanciones internacionales -que obstaculizan la compra de repuestos y tecnología de punta-, se están realizando inversiones estratégicas para robustecer la generación. No obstante, para el ciudadano de a pie en Táchira, estas promesas de transformación estructural aún no logran encender y mantener la bombilla de sus hogares. (Daniel Bueno)
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