Regional
Tres décadas de abandono entre Capacho Viejo y Junín
lunes 14 septiembre, 2026

Habitantes y transeúntes exigen compromiso total en la solución definitiva al olvido de la laguna de Puente de Oro.
A pocos kilómetros de la entrada a Rubio, en jurisdicción de Capacho Viejo pero clave para quienes a diario se desplazan hacia y desde el municipio Junín, el sector Puente de Oro se ha convertido en un constante dolor de cabeza para sus habitantes.
Desde hace más de 32 años, esta carretera arrastra un deterioro crítico, sostenido por la indiferencia de distintas gestiones municipales, la insuficiencia presupuestaria y la falta de mantenimiento.
El problema tocó fondo en las últimas semanas con el desbordamiento constante de la laguna.
Hoy, cruzar este tramo somete a vehículos particulares, motos, unidades de transporte y camiones de carga a costosas averías mecánicas —con reparaciones de motor que golpean bolsillos ya afectados por la coyuntura nacional—, mientras la comunidad exige respuestas que las autoridades vienen postergando.
Límites territoriales, mismo problema
Geográficamente ubicado en Capacho Viejo, pero a escasos metros del límite con Junín, Puente de Oro vive una realidad que trasciende los linderos territoriales. César Vásquez, fundador del sector, afirma que Jackson Carrillo, alcalde del municipio Junín, se hizo presente desde el inicio para brindar apoyo, pero sostiene que la magnitud del problema requiere un esfuerzo interinstitucional para alcanzar una solución definitiva.
“La Gobernación propuso hacer un drenaje a la laguna, algo que no se hace desde hace 28 años. Trajeron las máquinas y creo que se va a hacer; es la única forma”, afirma Vásquez. Asimismo, agrega: “La Gobernación debe finiquitar esta situación. Jackson ha estado desde el principio; y, por su parte, al alcalde Ernesto Becerra, de Capacho Viejo, lo estamos esperando junto a los concejales, ya que vino una sola vez y no volvió”.
Alertan sobre la montaña
Vásquez denunció además que frente al trapiche existe un caudal que desciende de la montaña y conecta directamente con la laguna a través de un cajón estructural que, de no limpiarse adecuadamente, terminará por desbordarse y arruinar los trabajos ejecutados.
Justo al frente del puente se encuentra la estructura que antes de la pandemia funcionaba como vivienda y comercio, donde habita el hijo de Vásquez, quien vive el impacto directo del agua a las puertas de su hogar y colabora como obrero voluntario en la zona. “La laguna, al no tener oleaje, no arrastra, pero va navegando y afloja todo lo que toca. Se puede llevar toda la carretera”, advierte el poblador.
Transporte en emergencia
El impacto sobre la movilidad resulta insostenible. Henry Lizcano, transportista de la ruta Las Delicias, comenta con indignación que dos de sus unidades permanecen inoperativas por fallas de motor tras cruzar la zona anegada. “Un país rico en petróleo y no arreglan nada”, cuestionó.
Por su parte, Willy Pimiento, distribuidor de medicinas, señala que es la primera vez en tres semanas que logra transitar por el puente en condiciones secas: “La última vez, el agua me llegó a la puerta; tuve que hacerle mantenimiento al motor porque se llenó de agua”.
Pese a los años transcurridos en medio del abandono y la falta de respuestas, los habitantes sostienen la expectativa de que se ejecuten las obras necesarias. Claman a los entes gubernamentales por una coordinación efectiva que brinde a esta comunidad una solución estructural a una problemática que los ha afectado por décadas.
(Olliana González / Pasante ULA)













