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Inicio/Regional/Unidas comunidades de Cárdenas y Guásimos para poner freno al colapso de 80 viviendas

Regional
Unidas comunidades de Cárdenas y Guásimos para poner freno al colapso de 80 viviendas

lunes 11 mayo, 2026

Unidas comunidades de Cárdenas y Guásimos para poner freno al colapso de 80 viviendas

Freddy Omar Durán

Las comunidades de La Esmeraldina y Francisco de Miranda, entre los límites de Cárdenas y Guásimos, hacen causan común en salvar a sus habitantes de quedar literalmente en la calle, por culpa del colapso de sus viviendas, identificándose como origen del mismo, las aguas profundas que debilitan los terrenos, aguas que brotan de un sistema de encloacado averiado e insuficiente, apenas soportando lo depositado desde urbanismos montañas arriba.

Desde los sectores mencionados, acudió un grupo numeroso de vecinos para contar al equipo periodístico de Diario La Nación con lujo de detalles el complejo panorama no solo de la tragedia que ha afectado hasta los momentos a 80 viviendas -un número que se puede extender aún más si el mal no se corta de raíz-, sino la tragedia que se vive puertas adentro, protagonizada por personas de la tercera edad, menores y gente de escasos recursos, que no podrían ni con un mes de arriendo en otro sitio, ni menos pensarían en arrimarse a algún espíritu hospitalario.

Parece el escenario de una guerra que nunca ocurrió, y cuyos habitantes han hecho gala de un pacifismo extremo para calarse día a día el espectáculo de una nueva grieta, muchas pintadas de verde lama, la inclinación de paredes de su vivienda –o de ella en su totalidad-, las fallas de sus servicios básicos y el aislamiento por vías que, resquebrajadas y levantadas por los cuatro costados, ya no son acceso o salida, sino murallas de aislamiento.

Parte del municipio Cárdenas, el sector Francisco de Miranda ya lleva más de medios siglo, mientras que en La Esmeraldina, municipio Guásimos, existen construcciones de más nueva data –un poco más de una década-; no obstante, la fecha de la acción destructora la ubican por igual en ambos suburbios: En los alrededores del año 2018, y más que gradual, se manifestó con ostento y destrucción.

Muchas viviendas nuevas ni siquiera han podido ser estrenadas o apenas aguantaron un tiempo cumpliendo su función; otras viviendas antiguas fueron logradas con esfuerzos de quienes ahora por la edad y la situación país ya no podrían conseguirlos nuevamente, habiendo confiado plenamente en la fortaleza de su estructura. Un variopinto collage de escalas sociales se percibe desde fachadas y dimensiones de cada casa, más el dolor de sentir que nunca podrán recuperar esa inversión, o peor aún no tener alternativas de reubicación, crea en todos un lazo de solidaridad.

Una vecina de Francisco Miranda, mientras recorría una de las calles, con la edad bien pintada en sus canas, iba relatando que “acá antes todo era muy bonito”, y señalando una acera y otra, afirmaba que antes estaban las dos a un mismo nivel, mientras en la actualidad una lo ha sobrepasado en más de un metro. Completa el tremendo cuadro una deshabitada residencia que parece navegar sobre una ola congelada de barro. Colinda un poste de luz guindando de un barranco, a cuyos pies un trozo de cemento que alguna vez hizo parte del andén es decorado por un gracioso y accidental arreglo de petunias. Mientras un poco más abajo, una cañería arrancada de lo profundo expulsa un hilo de aguas negras, que en invierno se convierte en río.

Las aguas servidas que han logrado brotar hacia el exterior no son nada comparadas con lo que diariamente circula metros abajo de vías y edificaciones, y que han descubierto quienes, en un intento desesperado por recuperar sus propiedades, han gastado de donde no tienen para drenar las bases y así alcanzar un provisional alivio. Torrentes se escuchan cuando se remueven tres bocas de visita, una de ella ubicada en plena carretera Panamericana, a la altura de Patiecitos, y las otras dos en línea recta y sentido descendente sobre la calle 5.

En una de las bocas de visita se incrustó una lata para evitar que un chorro, intenso todo el año y más aún en temporada de lluvias, rebose por la vía y entre hacia las casas. En las otras lo que se ve al fondo son vórtices, por donde el agua toma curso, en tanto le han sido bloqueados otros desahogos, por trabajos de infraestructura que nadie entiende quién los decidió. En fin, por todos lados claman las pruebas de que la acumulación de humedad ha alcanzado niveles preocupantes, contribuyendo enormemente a la inestabilidad de los terrenos en la zona limítrofe entre Guásimos y Cárdenas

Vecinos exigen soluciones

Durante la asamblea de calle de los vecinos de La Esmeraldina y Francisco de Miranda se recordó que muchos han sido los llamados de auxilio a alcaldías, Gobernación y demás organismos con competencia en la solución del problema, como Hidrosuroeste, expresados en cartas formales, proyectos de Consejos Comunales, o en continuos llamados a través de redes sociales o medios de comunicación. Inspecciones se han dado, auxilios puntuales han aplicado; pero la solución requerida viene a gran escala técnica y presupuestaria, y entonces es cuando el Estado venezolano podría de manera conjunta y orgánica entrar en acción.

Los afectados insisten en que la causa de sus males parte del desvío de las aguas negras desde la curva de Patiecitos, tomando rumbo por la calle 5 y calle 6 hacia tuberías no solo antiguas sino de reducido diámetro de máximo 10 pulgadas, teniendo que soportar hasta 20 pulgadas de un caudal en ímpetu gravitatorio, por lo que parte de la solución sería por un lado reconducir las aguas negras y otra por supuesto reparar los sistema de drenaje obsoletos de la zona, cuyos arreglos han tenido que financiar los propios vecinos, optándose a soluciones, como en la calle 14 entre carrera 7 y 6, poco higiénicas y fiables, de lanzarse tuberías aéreas.

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