domingo 16 mayo, 2021
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Voluntarios del ancianato le ponen corazón a su servicio

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Por Ligia Parra *


Entonces el Rey dirá: “Vengan, benditos de mi Padre y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber. Fui forastero y me recibieron en su casa. Anduve sin ropa y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver”. Y los justos preguntarán: -¿Cuándo lo hicimos Maestro? Y el Rey responderá: “En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, lo hicieron conmigo”.
La parábola del juicio final recogida en el capítulo 25, versículos 31 al 40, del libro de Mateo, sirve de guía a los voluntarios que prestan apoyo en la Casa Hogar San José de La Grita.
Modesto Moncada es una de esas “almas cristianas” que desde hace cuatro años decidió sumar ánimo, manos y voluntad a la tarea de servir en esta institución menesterosa administrada por cuatro religiosas: Dora Álvarez, su directora; Blanca Soto, Aura González y Clara Márquez.
Con él, bajo el nombre de “amigos del ancianato”, hay un grupo de colaboradores entre quienes se cuentan el doctor Freddy González, la enfermera Génesis García, Agustina Sosa, Doris y Alberto Armijo, Armando Sánchez, Margarita Pérez, Yudith Ayelone, Alicia Moncada y Herminio Urbina, entre otros.
Religiosas y amigos se reparten las faenas que implican estar al servicio de cuarenta adultos mayores, hombres y mujeres, disminuidos en sus capacidades físicas, salud endeble y distintos caracteres: asearlos diariamente, darles alimento y medicina, velar por su espiritualidad y entretenimiento.
Y todo se hace con amor -asegura Modesto- que viene de una familia de formación cristiana evangélica con vocación de servicio. Cuando su papá, don Cruz Moncada, vivía, su casa era una hospedería donde todo el que llegaba se quedaba en sus aposentos sin tener que pagar nada. Así que sus hijos se acostumbraron a socorrer a quien lo necesita.

Cambio de percepción

Moncada se ha convertido en ejemplo de buen samaritano. La mayor parte de su tiempo diario transcurre en los pasillos, cuartos y salas de esta casa hogar. Ayuda a cambiar las camas, baña a los ancianos, les corta el cabello, les cambia la ropa y los saca a tomar el sol, si no pueden hacerlo por cuenta propia. Y si hay que cargar un bulto de papa, o cualquier otra tarea, también lo hace.
Cuando vivió en Caracas por más de 25 años, prestó servicio como agente de policía y también fue músico de banda. Ahora, por las tardes, se desempeña como instructor de percusión menor del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, seccional La Grita.
Su cercanía con el ancianato le ha permitido ver el trabajo que con tanta entrega hacen las religiosas allí, apoyadas por sacerdotes y laicos comprometidos. Eso le ha llevado a cambiar su percepción sobre la iglesia católica: “Realmente no es tan mala como le dicen a uno en otras corrientes del cristianismo. Aquí se hace una verdadera obra humanitaria a personas que ya no pueden valerse por sí mismas, y requieren comprensión y cariño para sobrellevar sus últimos días.

 

Necesidades como cuentas del rosario

Dentro de las paredes y bajo el techo del ancianato San José hay muchas necesidades. “Aquí, como en una casa, hay que tener diariamente para comer y limpiar”, comenta. “Ahora mismo requerimos con urgencia pañales desechables; a los ancianos que lo necesitan les estamos colocando centros de cama sostenidos como “guayucos”.
Además de alimentos, medicinas y suministros para el botiquín de primeros auxilios, se requiere jabón de baño y detergente para lavar ropa, lencería, pisos y baños.
La institución no ha escapado al padecimiento por la crisis nacional del combustible. “Como no se dispone de gasolina, el vehículo del geriátrico ha dejado de hacer sus viajes hasta el estado Portuguesa para recoger donativos de pasta y arroz. Tampoco ha vuelto por El Vigía o Coloncito por plátanos o requesón; habiendo tanto que remediar aquí, esos aportes se han perdido”.
Sin embargo, reconoce, “no falta uno que otro héroe anónimo que dona algo de alimento para aliviar un poco la situación”.

Dios multiplica al 100 por ciento

Fiel a los postulados bíblicos, Modesto Moncada confía en que “lo que uno da, Dios lo multiplica al cien por ciento. Recordemos los pasajes de la pesca milagrosa o de la multiplicación de los panes”, refiere convencido del amor y la misericordia de Jesús.
“Todos estamos llamados a ser santos, y a compartir de lo que tenemos; pero los ricos tienen más responsabilidad porque tienen de donde dar”, afirma.
“Aquí en La Grita hay muchos ricos. Si ayudaran más, si se comprometieran más con causas como la de la Casa Hogar y otras de alcance colectivo, nuestro municipio fuera otra cosa. Dios hizo el llamado a amar al prójimo como a uno mismo. Y prójimo quiere decir próximo, entonces el prójimo es la persona que está a tu lado, tu vecino, padre o madre, alguien que vive en tu misma comunidad”.
Su reflexión sobre el dar concluye con esta pregunta: “¿Si no amamos al que está a nuestro lado, cómo vamos a amar a Dios que no lo vemos? Él conoce hasta lo más profundo de muestra alma. Nosotros cuidamos a los viejitos y él nos cuida a nosotros”.

Los abuelos del Sistema

Entre las satisfacciones que le da su trabajo como voluntario, está el haber hecho realidad una cátedra musical para los residentes del albergue.
Hace dos años tuvo la idea de crear un núcleo del Sistema de Orquestas para la gente de la tercera edad. Hoy en día, funciona en el hogar “San José” un módulo experimental del Sistema de Orquestas, único de su tipo en el país. “El resultado ha sido fantástico, unos rasgan el cuatro, otros las maracas y panderetas y yo les acompaño con el cuatro o la guitarra. Todos los instrumentos son propiedad del Sistema”.
El día a día de los adultos mayores se ha diversificado y mientras algunos están en el patio, u oran en la capilla o van al jardín, un grupo de ellos recibe clases de música, que les ha ayudado en el ánimo y en el manejo de enfermedades, como el caso del señor Esteban, que aunque sufre la enfermedad de Parkinson, toca la tambora.
El proyecto ya cuenta con su primera producción, una parranda al Santo Cristo, grabada en un estudio local y difundida a través de la radio. Y para consumo de las redes sociales, se grabó también un video con la participación de los abuelos.
El rostro de Modesto Moncada refleja plenitud cuando habla de su entrega a esta misión de vida. Su conversación con [lagrita7diario] concluyó con una solicitud: “Colaboren más con el ancianato. Dios se los multiplicará”.


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