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Diario La Nación lo recuerda | Nicolás Reidtler, el campeón sentimental de la Vuelta al Táchira en Bicicleta

Armando Hernández


 

En las páginas de la Vuelta al Táchira en Bicicleta aparecen escritos, con letras de oro, los nombres de una legión de pedalistas que con gran espíritu, coraje y pundonor deportivo aportaron lo mejor de sí para tratar de conquistar los lauros de un evento que llegó a ser considerado como uno de los más importantes de América y del mundo del calapié. Hay historias de hazañas inolvidables y el inicio de carreras destacadas que llevaron a decenas de ciclistas al exterior para formar parte de importantes clubes y codearse con figuras del mundo del deporte de las bielas y los pedales.
Entre este grupo de ciclistas sobresale la figura de Nicolás Reidtler, considerado como uno de los mejores ciclistas de Venezuela. Tomó parte en diferentes oportunidades en esta competencia, que se disputó por primera vez en el año 1966, gracias a los esfuerzos y dedicación de un grupo de personas que se encargó de convertir en realidad un sueño que se ha consolidado, con 57 años de existencia, y pese a las dificultades, se mantiene, resultando imposible borrar de la mente los nombres de sus mentores y de aquellos primeros entrenadores y ciclistas, venezolanos y extranjeros, que al dar los pedalazos iniciales contribuyeron a consolidar uno de los eventos más importantes del ciclismo nacional e internacional.

Venezolanos y colombianos

El 25 de enero de 1966 se da el banderazo inicial de la Vuelta al Táchira en Bicicleta, en una primera edición que comprendió un recorrido de 603 kilómetros, a disputarse en cinco etapas, con la participación de tres equipos colombianos, que vinieron con los mejores ciclistas del momento, y ocho equipos venezolanos, donde se incluía al Táchira con dos escuadras. 43 pedalistas fueron de la partida en un circuito disputado en San Cristóbal, que fue ganado por el colombiano Luis E. Vélez, de Antioquia, quien se convierte en el primer ganador y líder de la Vuelta. Fue seguido por Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y Álvaro Pachón. Corredores colombianos ocuparon las primeras siete casillas de la clasificación general.
De los ciclistas tachirenses se recuerdan los nombres de Víctor Caballero, Guillermo Proceso Hernández (colombiano), Zoilo Pérez, (ciclista-bombero); Jorge Alí Pinzón, Miguel Rosales, Luis Eslava, José Moreno y Valdemar Pelves, entre otros.
En esa primera Vuelta ocurrió un hecho significativo que demostraba el poderío de los ciclistas colombianos, que por siete años dominaron totalmente el giro tachirense. Ocurrió en la etapa La Grita – Pregonero, pasando el páramo La Negra bajo un impresionante clima glaciar que calaba en los huesos de quienes integraban la caravana y más aún en los ciclistas, que con gran coraje y pundonor le ponían el pecho a la fría brisa.  Martín Emilio “Cochise” Rodríguez protagonizó la mayor escapada de la historia, lograron llegar a Pregonero en solitario, en medio del asombro de todos. Logró una ventaja de veinte minutos sobre el segundo corredor, su compatriota Álvaro Pachón. Cuando los corredores comenzaron a llegar a Pregonero, Cochise ya estaba bañado y descansado, se decía en son de broma. Guillermo Proceso Hernández fue el primer defensor de los colores tachirenses en arribar a la meta, con más de una hora de retraso respecto al líder.
La primera Vuelta fue ganada por “Cochise” Rodríguez. El venezolano mejor clasificado fue el carabobeño Gregorio Carrizales, ocupando la décima casilla, a más de dos horas del triunfador, en tanto que el mejor tachirense fue el bombero Zoilo Pérez.

Dominio colombiano


El dominio colombiano era manifiesto. Ganaban la Vuelta y todas las especialidades. En 1966 gana Martin Emilio “Cochise” Rodríguez, seguido de sus paisanos Víctor Leguizamón y Gliserio Penagos, respectivamente. En 1967 triunfa Gustavo Rincón y sus paisanos, Severo Hernández y Jairo Gómez, llegan segundo y tercero.  En la tercera Vuelta repite Emilio “Cochise” Rodríguez, en tanto que Severo Hernández, corriendo por su país, logra el segundo puesto, y Javier Amado Suárez ocupa la tercera casilla.
En la cuarta Vuelta triunfa Álvaro Pachón Morales, seguido por Hernando Gómez. Allí aparece el nombre del venezolano de Cagua, estado Aragua, Nicolás Reidtler, en la tercera casilla de la clasificación general. En 1970 repite Pachón, seguido de sus coterráneos Pablo Enrique Hernández y Miguel Samaná. En 1971 repite su triunfo “Cochise” Rodríguez, subcampeón Nicolás Reidtler y tercero el tachirense Luis Gabino Rosales. En 1972 la gana Miguel Samacá, seguido de Rafael Antonio Niño y el también colombiano Fabio Acevedo.
También se recuerda la rivalidad deportiva que en su momento se vivió con rusos y cubanos.

Tres ciclistas de categoría

El desarrollo que alcanzó el ciclismo en el estado y el prestigio de la Vuelta al Táchira atrajeron a ciclistas de diversas latitudes. Llegaron de Venezuela y Colombia, unos atraídos por el boom y otros por iniciativa de entrenadores y dirigentes deportivos. Entre ellos se encuentran Fernando Fontes, natural de Portugal y conocido como “El Rubio de Rubio”, por haber fijado residencia en la capital del municipio Junín; Santos Rafael Bermúdez, ´pasista´ por excelencia y ciclista de grandes virtudes, y Nicolás Reidtler, sobre quien se colocaron grandes esperanzas para acabar con la hegemonía de los equipos colombianos. La idea era armar un verdadero “trabuco”, junto a los pedalistas tachirenses, para dar la pelea a los ciclistas del vecino país. Corría el año 1968.
Nicolás recuerda que no llegaron juntos, sino que cada uno lo hizo en su momento, atraídos por las propuestas. Primero se vino Fontes, luego Santos Rafael Bermúdez y finalmente Nicolás. Los tres se conocían por su participación en diferentes pruebas a nivel nacional y, pese a pertenecer a diferentes equipos, eran amigos. “Fontes ya corría por la Lotería del Táchira y yo con el equipo Castell Gandolfo, una empresa de vinos, cuando nos encontramos en la Vuelta a Venezuela”, dice el moreno de Cagua, estado Aragua.
Explica que los tres ciclistas formaron parte en su debido momento del equipo de la Lotería del Táchira, participando en competencias donde debían enfrentar a ciclistas colombianos y a muchachos del Táchira, excelentes corredores, y de otras partes del país, porque todos, debido a la programación y el prestigio de la Vuelta, querían venir a San Cristóbal.
Nicolás Reidtler recuerda que no los contrataron, sino que les hicieron ofertas por separado para que vinieran al Táchira y así lo hicieron. “El primero fue Fernando, el más dado a la migración, en junio de 1968. Fue cuando me ganó la Vuelta a Venezuela, la cual yo había conquistado un año antes. Después se vino Santos Bermúdez, quince días antes que yo. Recuerdo que pintamos mi casa”, contó más adelante. Los tres formaron parte del equipo Lotería del Táchira y luego pasaron a otras escuadras, entre ellas la de Martell.

Ciclismo duro


Nicolas considera que el ciclismo de esa época fue más duro, no comparable con el de ahora. Era un ciclismo más exigente, con etapas más duras, por carreteras infernales y bajo condiciones muy fuertes. “Ahora es más técnico, no se sube a Mucubají ni al pico El Águila. La topografía era más exigente. Ahora las cosas cambiaron, desde el punto de vista técnico, y se cuida más al ciclista física y psicológicamente”, explica.
 
Así mismo, recuerda la competencia que existía con los pedalistas colombianos, en medio de una cordial rivalidad, porque eso es el deporte. “Me ganaron y les gané, porque eso es el ciclismo. Aún conservo una gran amistad con varios de ellos. Cochise está pendiente de mi cumpleaños, que es el cinco de diciembre, y siempre me felicita. Otro gran amigo es Patrocinio Jiménez. Una vez fui a Bogotá y el primero que me recibió fue él”, explicó más adelante. “Es bonito conversar con una amistad a pesar de los años transcurridos”.

Una Vuelta esquiva

Nicolás Reidtler es considerado por la fanaticada como el campeón sentimental de la Vuelta al Táchira. A pesar de su desempeño y esfuerzos, no logró conquistar ese título, al cual considera como la joya de la corona que le ha sido esquiva. “No logré ese campeonato, pero sí un trofeo que para mí es muy importante, el cariño y la admiración de la gente, el respeto de la fanaticada, que me recuerda y hasta me envían saludos con mis amigos ciclistas. Aún conservo el apoyo de la afición tachirense, que no me ha olvidado. A donde voy me reciben con mucho cariño. Hace poco fui orador de orden en un acto que se celebró en el municipio Guásimos”, comenta agradecido.
En conversación con el periodista, e Morocho, como también llaman sus amigos al ciclista, habla con melancolía de su retiro y dice que no tuvo la oportunidad de prepararse para ello. “No me retiré por razones de edad o por falta de condiciones. Eso ocurrió hace más de treinta años, a causa de un accidente de tránsito que sufrí en la vía al llano, donde resulté con fractura de tibia y peroné”, explica.  De hecho, al caminar aún se notan las secuelas de esa lesión que lo alejó para siempre de las carreteras y puso fin a su destacada trayectoria como ciclista.
Eso ocurrió viniendo de Barinas, a donde fue como parte de la preparación para la Vuelta a Barinas. Venía a entregar todo el material y alistarse para participar en el Clásico de la Consolación de Táriba y luego saltar al ciclismo italiano. “Me arrolló un carro”, comenta con sentimiento. El accidente ocurrió el 25 de mayo de 1978. Reidtler regresaba en motocicleta cuando fue embestido por una camioneta que adelantaba otro vehículo e invadió el carril por el cual el deportista se desplazaba. Nunca logró recuperarse de este golpe, que también afectó sus rodillas, y el retiro llegó antes de tiempo, cuando aún tenía mucho por dar.
En el palmarés de Reidtler existe un gran espacio vacío y él lo sabe. En su galería falta el trofeo de campeón de la Vuelta al Táchira, que estuvo a punto de ganar en varias ocasiones y siempre le fue esquiva. Dos veces ganador de la Vuelta a Venezuela (1967 – 1971), ganador del Clásico de la Consolación de Táriba (1971), ha ocupado por cinco veces la segunda casilla de la clasificación general del giro tachirense. Fue subcampeón en los años 1971, 1973, 1975, 1976 y 1977. En 1969 ocupó el tercer lugar. Además ha ganado los trofeos de campeón de los premios de montaña, en los años 1971, 1973 y 1975, y campeón de la clasificación por puntos en el año 1975.
Recuerda que en 1970 su amigo, Santos Rafael Bermúdez, le ganó la Vuelta al Táchira con diferencia de tan solo 14 segundos. “Yo nunca he sido conformista, dice. Me quedé con la espinita de no haber ganado la Vuelta, pues yo sabía, por lo que decía la gente, que la afición del Táchira quería que eso ocurriera, así fuera una sola vez. En lugar de eso, le di los mayores triunfos, con cinco subcampeonatos, dos campeonatos de la Vuelta a Venezuela y del Clásico de la Consolación de Táriba, y triunfos en numerosas etapas. “En una sola Vuelta gané cuatro etapas”, argumenta.
Es Nicolás un ciclista que logró un envidiable apoyo popular, verdadero ídolo de una fanaticada que en cada competencia lo aupaba a grito pleno y aún lo recuerda con gran cariño.
Al hablar sobre la asistencia de la gente a los diversos escenarios de la Vuelta, incluyendo el circuito de las avenidas España y 19 de Abril, dice: “Eran verdaderos ríos humanos, que hoy no tienen comparación. Hasta en eso las cosas no son como antes”.
Entre risas, reveló que vino al Táchira devengando un sueldo de mil quinientos bolívares, lo cual era plata para la época. “Cuando ingresé al equipo de la Lotería del Táchira comencé a recibir todos los beneficios laborales, y hasta me dieron una casa en la urbanización San Sebastián, que me fue entregada por el licenciado Hugo Domingo Molina. Era el pedalista mejor pagado de la época y me metieron en nómina como empleado, no ciclista. Lamentablemente, después del accidente, me retiré a causa de un inconveniente con uno de los directivos. Opté por marcharme para evitar problemas y confrontaciones”, dijo.

Rescatar el velódromo

A pesar de las circunstancias, Nicolás no se ha retirado del ciclismo y en la actualidad se desempeña como captador de talentos, tratando de descubrir nuevas figuras. Confiesa que tuvo una escuela de ciclismo que lleva su nombre, en la población de Delicias, municipio Rafael Urdaneta, y lamenta que a causa del problema para transportarse y los efectos de la pandemia, no ha podido regresar a la misma. De igual manera, cuenta que tuvo otra escuela en el velódromo de San Cristóbal, la cual está inactiva por las mismas razones, pero existe la posibilidad grande de que sea reactivada.
Aprovechó para decir que al velódromo le dieron una manita, pero no resultó suficiente. Necesita más. Es como si fuera una casa sin gente, que se va deteriorando porque necesita del calor humano y actividad. Así mismo, necesita de personas que lo cuiden y se ocupe de su mantenimiento. Es como un carro que requiere funcionar, pues cuando no se prende, ni se le da mantenimiento, se va deteriorando, argumenta.
Por último, agradeció a la afición del Táchira y Venezuela por todo ese cariño que le han brindado. Nos dice que en su querido pueblito natal, Cagua, estado Aragua, hay una avenida que lleva su nombre y un monumento de su persona en la entrada. Entre risas comenta: “Iban a hacer un estadio con mi nombre, pero me ganó un pelotero”.
 
 

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