Reportajes y Especiales
En enero, San Cristóbal no celebra: recuerda.
viernes 30 enero, 2026
Bregeen Stiveen Alvarado Rondón *
La feria llega como llegan los viejos relatos, sin pedir permiso, ocupando la ciudad entera. Las calles se llenan de pasos, de música repetida, de voces que regresan año tras año como si el tiempo aprendiera a caminar en círculo.
La ciudad cambia, pero la feria insiste. He visto fachadas renovarse, generaciones marcharse, discursos oficiales envejecer más rápido que las aceras. Y, sin embargo, la feria permanece. No como un lujo, sino como una necesidad: la de reconocernos en medio del ruido.
Aquí la historia no está en monumentos silenciosos. Está en el vendedor que repite el mismo pregón que escuchó de niño, en la familia que vuelve al mismo punto de encuentro, en el recuerdo de ferias pasadas que se narran como si fueran hazañas. Cada gesto es una herencia; cada repetición, una forma de resistencia.
Hubo años de esplendor y años de escasez. Aun así, la feria nunca dejó de ser memoria activa. Cuando faltó todo, sobró la voluntad de mantener el rito. Porque las ciudades también luchan por no desaparecer, y lo hacen aferrándose a sus tradiciones.
Por eso, cuando San Cristóbal se llena de feria, no huye del presente: lo enfrenta con su pasado. Y en ese cruce de tiempos, la ciudad se confirma. La feria no es solo una fiesta: es la prueba de que seguimos aquí, contándonos para no olvidarnos.
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- Ganador del segundor lugar de la primera edición del concurso de microrrelatos “Donde la feria se vuelve historia”.
Concurso organizado por Formación Permanente de la UNET y Letras Conectadas.
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