POR Daniel Pabón


Le pasó hace años, con una familia de Táriba. Por una pena amorosa, el hijo se había entregado a no querer vivir. Lo botaron del trabajo. Todo le salía mal. Entonces, una vecina les recomendó: “Póngale a Anna Capra, que ella siempre dice cosas buenas en la radio”.

“Resulta que yo, un día, hablé del respeto por nuestro ángel de la guarda. Después me llamó a la radio la mamá de ese muchacho para contarme que él la llamaba gritando: ‘Mamá, tengo pena con Anna Capra, llévenme al médico, sí quiero vivir, ella tiene razón’. Esa señora me dijo que su hijo está vivo gracias a lo que yo dije”.

Con el mismo compromiso y con el mismo cuidado, pidiéndole antes a papá Dios que hable a través de ella cuando el micrófono se enciende, como acostumbra hacer, Anna Capra, la moderadora estrella de programas de televisión regional y también locutora radial desde hace 22 años, asume ahora ser la imagen central de “Ciudad cordial”.

Serán micros de un minuto de duración que comenzarán a verse en la Televisora Regional del Táchira (TRT) este mes de julio. Dos actores, Guillermo Martínez y Alfredo Aparicio, encarnan los roles del buen y el mal ciudadano. Ella será una suerte de “voz de la conciencia” para los sancristobalenses.

—¿De qué va este proyecto  de TRT “Ciudad cordial”?

—La idea es que recordemos tantos valores que nos han caracterizado a través de la historia. Y no solo San Cristóbal; todo el Táchira, porque para nadie es un secreto que, cuando vamos a cualquier otro lado, el gentilicio del tachirense es admirado por todo el mundo. Esa cordialidad muy nuestra, esa puerta abierta, ese saludo, ese dar el paso, ese permitir que el otro se sienta bien.

—Mucho se dice en la calle que ya San Cristóbal no es la Ciudad de la Cordialidad que fue. ¿Será que se extravió este valor en nuestra sociedad?

—No se ha perdido, estoy clara, porque incluso en momentos difíciles, cuando llamamos a la solidaridad, la cordialidad aparece. Lo que pasa es que con este corre corre y con lo que estamos viviendo en el país, la gente anda desesperada y por momentos se olvida, o está tan descuidada que se olvida. Por eso, con “Ciudad cordial” queremos recordar que eso está vivo, y que no permitamos que se muera por ninguna circunstancia.

—Siempre termina sus programas invitando a “aceptar y respetar a nuestros semejantes tal cual como son”. ¿La tolerancia entre iguales es una batalla perdida en este país?

—Lamentablemente el venezolano está dejando de ser tolerante, en muchos aspectos, pero creo que es motivado por la frustración; hay muchísima frustración en el ser humano y creo que el no ser tolerantes es una manera de desahogarse.

—Como figura pública, ¿qué tanto le hacen mención en redes sociales para que multiplique mensajes en la búsqueda de medicamentos y otras necesidades?

—A diario, es impresionante: niños, personas mayores, de mediana edad. Es impresionante cuánto se necesita para que la gente pueda recuperar su salud. Y, mientras yo pueda hacerlo, tanto en las redes como a través de la radio y la televisión, yo voy a tender la mano.

—Las redes permiten esa acción social, pero también destruyen mucho. Con más de 45 mil seguidores en Instagram y más de 33 mil tuits publicados, ¿cómo se blinda para no afectar a otros y que no la afecten a usted?

—La clave es el respeto. A mí me gusta respetar mucho a mis semejantes porque cada ser humano está viviendo un mundo que puede ser muy fácil, muy complicado o medianamente complicado. Cuando alguien se torna ofensivo, o lo dejo pasar o lo bloqueo, y punto. Pero, no caigo en peleas, porque yo no sé por qué situación puede estar pasando esa otra persona.

—Con 22 años en cabina, ¿qué cambios advierte en la radio tachirense producto de la situación país?

—La situación para muchos se ha tornado difícil. He notado que, quienes tenemos tiempo haciendo radio, o quienes tenemos una referencia en el medio o en el mercado de la publicidad, hemos llenado los cupos, gracias a Dios, pero sí he notado que a la nueva generación le ha costado mucho, porque no todo el mundo quiere invertir en programas nuevos; quieren irse a lo seguro, a lo que ya tiene una sintonía arraigada. Ahora, de dos años para acá he notado en los medios la pérdida de calidad en producción; la gente llega sin un guión a la radio.

Para la televisión también ha sido un golpe duro. Nosotros en nuestra casa, en TRT, estamos guapeando, dándole con ganas para mantenernos y mantener al personal que está fijo.

—Se mantiene al margen del activismo político, ¿por qué?

—Porque yo trabajo para todos. Cuando yo decidí estar en los medios, establecí una ley en mí: vas a ser universal y le vas a trabajar a todos por igual, porque todo el mundo oye y todo el mundo merece que se le brinde calidad de trabajo por igual, respetando la ideología de cada quien. Yo soy copeyana, a mí mi papá, que trajo de Italia su ideología, me inscribió en el “fenecido” Copei… bueno, ahí está otra vez, apareciendo… (risas). Nos habló con absoluta libertad, pero para que a través del partido ayudáramos en actividades. A través del partido recuerdo que pude conocer a Alfredo Sadel y nos hicimos grandes amigos. Pero no, no soy activista.

—Trabajar para todos hará que, cuando la reconocen en la calle, pocos se queden indiferentes. ¿Qué le comentan, qué le piden a usted que diga frente a los micrófonos en nombre de ellos?

—Aparte de pedir los medicamentos, hay mucha gente pidiendo ayuda moral. A mí me escribió una señora diciéndome “Anna, ya no tengo ganas de vivir, he pensado en quitarme la vida, diga algo que me motive”. No soy psicóloga ni psiquiatra, ¿qué le puedo decir que la ayude y que no la afecte? A mí me gusta decirle a la gente que la vida es maravillosa porque cada uno de nosotros está acá; si no, no lo fuese.

—Una carrera consagrada a la presentación -piensa uno- permite descubrir cómo le gusta a los tachirenses que les animen sus eventos más importantes. ¿Qué es lo que más agradece la gente y qué es lo prohibido sobre un escenario en el Táchira?

—He trabajado en muchos escenarios dentro y fuera del país y uno de los públicos más exigentes es el tachirense. El secreto es respetar la producción y respetar al público, consentir al público, mimarlo; al público de aquí le encanta que uno le haga caricias verbales, y la respuesta es inmediata. Lo prohibido es llegar al escenario creyéndose la estrella.

—Usted es considerada por muchos un símbolo de elegancia. ¿Las mujeres tachirenses siguen siendo glamorosas y coquetas a pesar de los tiempos que corren?

—Han salido muchas licras, por el corre corre de las colas (risas). Las mujeres tachirenses van, en todo momento, maquilladas (hasta en el gimnasio), perfumadas y entaconadas. La mujer tachirense es coqueta por excelencia y la crisis les ha recordado que hay que mantenerse bonitas aunque sea sencillas, sin andar con marcas o con lo más costoso.


 

“Este país es maravilloso y hay mucho que dar”

Anna Capra da gracias a Dios porque ha tenido buenas proposiciones para trabajar fuera del país, pero acá, muchos como ella también están viendo los resultados de trabajar con constancia. “Puede que tome vacaciones, pero irme del país, a vivir, no”, responde la hija de La Fría, de orígenes italianos. “Este país es maravilloso y hay mucho que dar”.

Su papá y su tío se vinieron de Italia muy jóvenes, solos, sin hablar el idioma, en tiempos de Marcos Pérez Jiménez. “Mi papá ama tanto este país… su primer trabajo fue echando gasolina en una bomba, el dueño vio que él se metía mucho a ayudar a la gente cuando veía carros accidentados y le pagó un curso de mecánica a ambos. La aprendieron, y eso nos levantó a todos”.

Ahora su papá tiene 84 y su tío 76 años. “Me dicen que a ellos les falta juventud y más años de vida para seguir trabajando porque aquí hay mucho que hacer. ¿Con qué moral yo, teniendo este ejemplo, voy a decir que me voy porque aquí no hay que hacer?. Al que le salga una oportunidad y se quiere ir, chévere, porque todo está difícil, para todos se nos puso apretado. Pero aún hay mucho por hacer. ¿Y si nos vamos todos? No”.


 

Con voz de terciopelo

Yo cuido mucho la tolerancia. En estos días le dije a mamá: cuando yo desencarne y papá Dios me pregunte por valores, voy eximida en tolerancia”.

Empecé a administrar mi tiempo en redes sociales, porque me estaban absorbiendo. Por estar viendo el teléfono me puedo perder un mundo maravilloso que está pasando frente a mí”.

Yo llego a la radio, como el doctor Chapatín, con un bolsito donde cargo mi música, mi producción comercial, mi guión… porque yo sigo haciendo mis guiones a mano”.