Reportajes y Especiales
La Guaira se hizo cerca: en Táchira aún se vive el impacto del doblete sísmico #Especial
lunes 24 agosto, 2026
A más de 800 kilómetros de la zona cero de los terremotos registrados en Venezuela el 24 de junio de 2026, el estado fronterizo del Táchira también recibió secuelas: fallecidos, solidaridad, retornados y alteración de la dinámica diaria de los traslados terrestres y aéreos
Por Omaira Labrador M.
¿Cómo sabe que la Guaira es lejos? Los tachirenses encontraron la respuesta al refrán popular. Justo cuando el sol caía sobre el día de la Batalla de Carabobo, a las 18:04:31 del 24 de junio de 2026 la historia del país comenzó a reescribirse en dos tiempos.
A esa hora se sintió un sismo de magnitud 7,2 con epicentro en el estado Yaracuy y apenas 39 segundos después, otro movimiento telúrico de magnitud 7,5 con epicentro en La Guaira, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El doblete sísmico no solo sacudió la tierra, sino que dejó una marca en la historia reciente de Venezuela.
A 800 kilómetros de La Guaira, en el Táchira, sin daños materiales ni humanos directos, el impacto de los terremotos todavía se siente y sus secuelas permanecerán durante años. Más aún si se toma en cuenta que el estado duerme diariamente sobre la conocida Falla de Boconó.
“De acuerdo a la escala del 0 al 7 que maneja Funvisis, nuestra región se encuentra en nivel 5 de alto riesgo por estar dentro de la falla de Boconó y las respectivas subfallas: la de Escalante al norte y Uribante hacia el sur, que están en constante actividad con microsismos para la liberación de energía”, explica el director de Protección Civil, Yesnardo Canal, al equipo de Cotejo.info.
Los expertos señalan que la Falla de Boconó representa el sistema geológico de mayor longitud y riesgo sismogénico entre las cuatro estructuras principales del territorio nacional. Esta fractura, con actividad registrada desde el Pleistoceno superior, alcanza más de 500 kilómetros de extensión y entre 1 y 5 kilómetros de ancho. Su recorrido atraviesa la depresión del Táchira, al norte de San Cristóbal, hasta su empalme y ramificación con los sistemas de Morón y El Pilar, cerca de las costas carabobeñas.
Vivir sobre el peligro hace que el tema sísmico sea una preocupación permanente en esta región del país.
El fatídico vuelo 164 también tocó al Táchira
A medida que pasaron las horas, a 800 kilómetros de la zona cero también se lloraba a tachirenses que habían perdido la vida en los terremotos del 24 de junio.
Diecinueve hombres, mujeres y jóvenes, nacidos en diferentes municipios del Táchira, quedaron sepultados en La Guaira. 19 muertos es la cifra confirmada, aunque, a dos meses de la tragedia, algunos todavía hablan de desaparecidos.
Varios de los fallecidos dejaron las montañas hace años y residían cerca del mar; otros, por casualidades del destino, estaban de manera temporal en la zona más afectada por los movimientos telúricos.
Entre las víctimas fatales del Táchira hay cuatro deportados de Estados Unidos. Estaban de paso en La Guaira, como lo establece el protocolo del Gobierno, mientras les tomaban datos y verificaban sus documentos. El Hotel Santuario, en el sector La Llanada, en Macuto, no resistió los sismos y se desplomó.
Entre los fallecidos estaban tres tachirenses que no pudieron regresar a su patria chica. Un cuarto se salvó porque había sido sacado del lugar por un problema legal.

Jorge Ernesto Reaño Cuevas, de 27 años de Rubio; Luis Ángel Gaitán, de 23 años, de Ureña; y Darwin Eliezer Serrano, de 35 años, también del municipio fronterizo Pedro María Ureña, llegaron al país horas antes en el vuelo 164.
A Luis Ángel Gaitán cariñosamente le decían “Luigi”. Una de sus hermanas recordó la última conversación: “Luigi no solo pudo comunicarse con la hermana que vive en EE. UU. cerca de la 1:00 p.m. de ese miércoles 24, sino que también logró contactar a su hermana mayor, a quien le dijo que ya estaba en La Guaira y que, Dios mediante, el jueves al mediodía estaría en casa”. Ese mismo miércoles quedó sepultado junto a sus compañeros.
Jhonattan Lamus, de San Cristóbal, también llegó deportado. Su familia aún lo da por desaparecido y no hay rastros de él. Aún lo esperan.
Brotó la solidaridad
El 25 de junio, cuando se conocieron las imágenes de los daños que causó la doble sacudida de la tierra, y aún sin tener certeza del impacto que había tenido en todo el país, del que tampoco escapaba el Táchira, lo primero que brotó fue la solidaridad, las ganas de ayudar a quienes lo necesitaban.
El centro de acopio de la Universidad de Los Andes, “Núcleo Pedro Rincón Gutiérrez”, en San Cristóbal, a las 10 de la mañana ya estaba copado de voluntarios y de personas que llevaban alimentos no perecederos y ropa. Horas más tarde, Protección Civil hizo lo mismo. Luego se sumaron otras instituciones universitarias, entes privados e iniciativas individuales.
El país lloraba por la tragedia. El Táchira, sin que nadie lo pidiera, dio lecciones de solidaridad.
A 60 días de la tragedia, desde la ULA-Táchira han salido más de 200 toneladas de insumos para los afectados de La Guaira y Caracas.
El Gobierno Regional lleva en sus cómputos que desde el Táchira salieron hacia La Guaira más de 299 gandolas con ayuda humanitaria, una muestra de la enorme solidaridad de esta zona del país, con respaldo de organizaciones de Colombia.
Uno de los aspectos más resaltantes del voluntariado lo protagonizaron las mujeres, capitaneadas por la profesora Gladys Becerra. Ellas convirtieron los salones de clases en un espacio para la confección de lencería clínica. Se utilizaron rollos de tela donados por la empresa privada y aportes de particulares para hacer decenas de sábanas que enviaron a Caracas y La Guaira.

“La finalidad es que las sábanas puedan servir para los afectados, pero también que puedan ser parte de los centros asistenciales”, indicó la docente Gladys Becerra mientras le daba pedal a una máquina y cosía una sábana azul.
De las largas jornadas de recibir, organizar, embalar y enviar donativos quedó la conformación de un Voluntariado de la ULA Táchira, que ahora se forma con las clases de Protección Civil.
Sin vuelos, pero con muchos camiones que cruzaron la frontera
El aeropuerto Cipriano Castro, ubicado en San Antonio del Táchira, en plena línea fronteriza con Colombia y uno de los más frecuentados de la región, al día siguiente del doblete sísmico redujo a más de la mitad la frecuencia de vuelos.
Durante los primeros días estuvieron suspendidos todos los vuelos, salvo una línea aérea que mantuvo la ruta a Valencia.

Antes del terremoto existían 24 frecuencias y, a medida que pasaron las semanas, quedaron reducidas a la mitad. Se espera que una vez restablecida la operatividad del principal aeropuerto de Venezuela, como es Maiquetía, se vuelva al 100% de la capacidad del terminal aéreo fronterizo.
Pero si bien la puerta de salida de Venezuela se vio afectada por la emergencia que se vivía, la puerta de entrada estuvo abierta de par en par para recibir toneladas de ayuda humanitaria que ingresaron por el puente internacional “Atanasio Girardot”.
De acuerdo con quienes llevan el control en frontera, pasaron más de 203 gandolas con ayuda humanitaria procedente de Colombia antes del 10 de agosto, fecha en que el vecino país también sufrió los estragos de un terremoto.
Cada camión con insumos fue recibido por los funcionarios de Protección Civil (PC) Ureña, quienes lo custodiaron hasta San Cristóbal, donde recibió el salvoconducto para continuar con su ruta hasta Caracas o La Guaira.
La ayuda humanitaria que ha ingresado proviene de 28 instituciones, entre ellas la Asociación Banco de Alimentos de Colombia, Cámara de Industria y Comercio, Movimiento Social Un Granito de Café, Fundación Refugios Unidos, Fundación Un Solo Corazón, Fundación El Evangelio Cambia, Cáritas Diocesana Colombia y la Iglesia Cristiana Pentecostés Colombia del Movimiento Social Misionero Mundial.
64 funcionarios de Protección Civil Táchira fueron enviados a Caracas y La Guaira para responder a los sismos del 24 de junio. La misión de 15 días cerró con un balance de 19 personas rescatadas y múltiples labores de asistencia humanitaria antes de su retorno a San Cristóbal.
Igualmente, profesionales de la ingeniería y técnicos han estado presentes para apoyar la evaluación de edificaciones.
A lo interno del estado Táchira se ha incentivado la cultura sísmica y así lo explica el director de Protección Civil, Yesnardo Canal: “Nosotros hemos tenido ya 10 a 15 años continuos en la preparación de todos los tachirenses ante un evento similar. Es el ciudadano quien debe tomar conciencia en prepararse junto con los organismos competentes. La única política efectiva es la cultura preventiva, porque debemos saber en qué tipo de suelo habitamos y caminamos”.

Por su parte el historiador Walter Márquez Rondón ha propuesto una mancomunidad sísmica para fortalecer la cultura de prevención entre Venezuela y Colombia.
“Recientemente se hicieron investigaciones y se descubrió que la causa del Terremoto de Cúcuta se ubicó en la Falla de Aguascalientes, y ahí hay tres subfallas, entre Ureña y San Antonio del Táchira. También está la falla de Boconó, que atraviesa todos Los Andes venezolanos, pasa por Lara, Yaracuy y termina en Morón, en el estado Carabobo. Pero está también el nido sísmico de Bucaramanga, donde tiembla todos los días en la Mesa de los Santos”, recalca para insistir en que Venezuela y Colombia deben actuar unidos frente a la prevención.
La puerta giratoria: unos partieron, otros regresaron
Por el Táchira salieron algunos afectados o con miedo hacia Colombia, mientras otros ingresaron para saber de sus familiares que vivían en La Guaira.
Wilmer Suárez dio gracias a Dios porque solo pasó un gran susto, pero decidió partir por un tiempo a Colombia. «Vamos a estar un tiempo aquí, en Colombia, porque estamos traumados», declaró desde una buseta que lo trasladaba al vecino país.
Caso contrario es el del haitiano Walkins Lindor. Él llegó a Venezuela desde su país mediante un convenio académico impulsado por Fundayacucho, con el firme propósito de cursar estudios superiores en la Universidad Marítima del Caribe (UMC).
Los terremotos lo dejaron sin nada. Fue enviado a La Grita, en el municipio Jáuregui. Allí, entre montañas, reconstruye su vida mientras da clases de inglés.
En Venezuela existe un refrán: ¿Cómo sabe que La Guaira es lejos? Pero desde el 24 de junio de 2026, los tachirenses saben que La Guaira queda muy cerca.
Especial para COTEJO.Info https://cotejo.info/
Destacados













