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Inicio/Reportajes y Especiales/Los contratos petroleros sin auditar le cobran al tachirense en el bolsillo

Reportajes y Especiales
Los contratos petroleros sin auditar le cobran al tachirense en el bolsillo

sábado 30 mayo, 2026

Los contratos petroleros sin auditar le cobran al tachirense en el bolsillo

El Estado venezolano mantiene en secreto los términos de sus acuerdos petroleros. Así lo documentó The New York Times a comienzos de mayo, señalando que la falta de divulgación sobre esos contratos persiste sin señales de cambio. Para el ciudadano de a pie en Táchira, esa opacidad no es un asunto abstracto de política energética. Se traduce en billetes que escasean, en un bolívar que no para de moverse y en pasajes fronterizos que suben sin explicación oficial.

Lo que Caracas no quiere mostrar de sus contratos petroleros

Venezuela extrae y vende petróleo bajo acuerdos cuyos términos el gobierno no ha hecho públicos. No existe auditoría independiente accesible. No hay cifras oficiales sobre cuánto ingresa, bajo qué condiciones ni a quién se le debe qué. El Estado administra esos ingresos con la misma lógica con que ha manejado buena parte de su economía en los últimos años: puertas cerradas, sin rendición de cuentas.

Esa ausencia de información no es un detalle técnico. Es la condición que permite que los ingresos petroleros, que siguen siendo la principal fuente de divisas del país, circulen sin que nadie por fuera del gobierno pueda verificar cuánto entra ni cuánto queda disponible para el resto de la economía. Y cuando nadie sabe cuánto hay, nadie confía en lo que hay.

La incertidumbre cambiaria que llega hasta la esquina

La desconfianza tiene consecuencias directas. El venezolano que tiene dólares en efectivo no los suelta. No los cambia, no los deposita, no los mueve hacia el sistema formal. El fenómeno de los venezolanos que no sueltan sus dólares ya lo registró este medio: billetes que desaparecen de la calle porque quien los tiene prefiere guardarlos antes que enfrentar una tasa que puede moverse en cualquier dirección de un día para otro.

Esa conducta tiene una causa estructural. Cuando los ingresos petroleros son opacos, el mercado cambiario opera sin ancla. El bolívar fluctúa no solo por razones económicas visibles sino por rumores, por expectativas que nadie puede corroborar con datos reales. El resultado es un ciclo: la opacidad genera volatilidad, la volatilidad genera desconfianza, la desconfianza saca los dólares de circulación, y la escasez de divisas en la calle profundiza la inestabilidad.

Aleksandras Rusinovas, analista que sigue mercados internacionales y colabora con https://smartbettingguide.com/ en el análisis de probabilidades y riesgo en entornos de información asimétrica, lo plantea con claridad:

“La opacidad en cualquier sistema, ya sea en una mesa de póker o en un contrato petrolero estatal, siempre traslada el riesgo al participante con menos información. En Venezuela, ese participante es el ciudadano común.”

Rusinovas, que viaja regularmente a torneos internacionales y conoce de primera mano cómo los mercados reaccionan ante la falta de datos confiables, señala que la dinámica no es exclusiva de Venezuela. Pero en economías dolarizadas de facto, el efecto se amplifica porque la moneda de referencia está físicamente en manos de la gente, no en un banco central.

El pasaje San Antonio-Cúcuta como termómetro diario

En el puente fronterizo, la inestabilidad tiene precio. El pasaje entre San Antonio del Táchira y Cúcuta sube cada vez que el bolívar pierde terreno o cada vez que los transportistas no consiguen combustible a precio accesible. Ninguno de esos dos factores es independiente de lo que ocurre con los ingresos petroleros del Estado.

El combustible subsidiado que sostiene el transporte fronterizo depende de decisiones que se toman en Caracas con información que el gobierno no comparte. Cuando los acuerdos petroleros no son públicos, tampoco lo son las prioridades de distribución. El tachirense que cruza todos los días para trabajar o para comprar no tiene manera de anticipar si el pasaje de mañana costará lo mismo que el de hoy.

Ese encarecimiento no es solo un inconveniente logístico. Para muchas familias del estado, el cruce diario es parte del ingreso. Un pasaje más caro es, directamente, menos dinero disponible al final del día.

Sin auditoría pública, sin certeza para nadie

El problema de fondo no es que Venezuela tenga acuerdos petroleros con terceros. Cualquier país productor los tiene. El problema es que esos acuerdos no pasan por ningún mecanismo de verificación al que el ciudadano pueda acceder. No hay informe parlamentario, no hay publicación oficial de contratos, no hay cifra auditada de ingresos que permita contrastar lo que el gobierno dice con lo que realmente ocurre.

Esa ausencia de control público crea un vacío que el mercado llena con especulación. Los operadores cambiarios, los comerciantes, los transportistas y los ciudadanos toman decisiones basadas en rumores y en experiencia acumulada, no en datos. Y cuando la fuente principal de divisas del país opera en la oscuridad, esa especulación no es irracional. Es la respuesta lógica a un sistema que no ofrece información verificable.

Para el tachirense, el resultado es cotidiano y concreto. Dólares que no circulan, un bolívar que no da certeza y un pasaje que sube sin que nadie en el gobierno explique por qué ni cuándo va a parar.

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