Reportajes y Especiales
Sary Levy-Carcientetraza una hoja de ruta para “estabilización expansiva” en Venezuela
miércoles 21 enero, 2026
Diego Mendoza
En el complejo escenario de la situación venezolana, donde la seguridad nacional y la supervivencia económica convergen en un punto crítico, la doctora Sary Levy-Carciente emerge como una de las voces más autorizadas para plantear el camino de regreso al crecimiento. Investigadora del Adam Smith Center for Economic Freedom, Levy-Carciente sostiene que el rescate del país no depende solo de inyectar divisas, sino de un cambio radical de paradigma: Pasar del control estatal a la libertad del ciudadano.
En entrevista exclusiva para Diario La Nación, la experta desglosó las medidas de emergencia que considera necesarias para empezar a aliviar los problemas que enfrenta la dinámica económica que hoy viven millones de venezolanos, bajo la premisa de adoptar la estrategia de “estabilización expansiva”, una medida que busca sanear la economía (frenar la inflación y ordenar las finanzas), mientras se impulsa el crecimiento mediante la inversión privada, privatizaciones y la eficiencia del gasto público y la política fiscal.
Institucionalidad para la inversión
Para Levy-Carciente, la urgencia de atraer capitales —tanto nacionales como extranjeros— responde a una necesidad humana inmediata. “La inversión es el mecanismo para generar empleo y aumentar los salarios reales. No es lo mismo que dar un plato de comida; el empleo activa el mercado, genera suplidores y, sobre todo, rescata la dignidad de la persona que se siente libre de escoger dónde trabaja y cómo gasta su dinero”, explica.
Sin embargo, la economista es firme y enfática al advertir que este flujo de capital no llegará sin garantías férreas. Tras décadas de expropiaciones y confiscaciones, Levy-Carciente propone un respeto absoluto a los derechos de propiedad, con evaluaciones caso por caso para compensar o devolver activos a quienes fueron despojados bajo el modelo del Estado empresario.
Por esta razón, la institucionalidad -es decir, las reglas claras, estables y que sean garantes de la libertad civil, política y económica- se convierte en el objetivo insustituible de la fase inicial de un proyecto de recuperación.
El modelo de Europa Oriental como espejo
Al ser consultada sobre referencias históricas, la doctora apunta hacia la Europa Oriental tras la caída del bloque soviético. Casos como los de Polonia o República Checa ofrecen lecciones vitales sobre el desmantelamiento de la planificación centralizada bajo la cual se interviene la economía generando distorsiones en los incentivos y en el sistema de precios.
En cuanto al sector industrial, acota que el Estado controla hoy más de 900 empresas, muchas de ellas ineficientes y convertidas en cargas fiscales.
“Todas esas empresas deben ser privatizadas”, afirma con contundencia. No obstante, advierte sobre los errores del pasado europeo, donde privatizaciones opacas terminaron creando una clase de “oligarcas como los que operan hoy la economía de Rusia o Albania”. Por ello, aboga por procesos competitivos y transparentes que garanticen una gerencia profesional y un beneficio tangible a los ciudadanos.
“Otra de las cosas que resultó muy positiva en la mayoría de los países de la Europa Oriental fue la firma de tratados bilaterales de inversión”, sostiene. Las ventajas se obtienen al asumir las exigencias legales de un país más avanzado y estable, lo que ayuda a brindar seguridad al inversionista.
Alivio cambiario y transferencias directas
Uno de los puntos de mayor fricción para el ciudadano común es el régimen cambiario y su consecuencia: la brecha cambiaria. Para Levy-Carciente, la solución inmediata pasa por sincerar el mercado permitiendo que actúen las leyes gravitacionales de la oferta y la demanda. A su vez, se debe inyectar un mayor flujo de divisas, que podría dinamizarse incluso sin aumentar la producción petrolera, simplemente eliminando los descuentos de sanciones e intermediarios actuales.
Propone, además, la creación de una unidad financiera neutra o fideicomiso para manejar los ingresos petroleros, con lo cual se lleve a cabo no solo la importación de insumos para la industria, sino también la implementación de un sistema de asistencia social moderno.
“Hay que acabar con la entrega en especie (como las bolsas CLAP) y sustituirla por transferencias directas de dinero a las familias”, sostiene. Este enfoque busca eliminar la corrupción inherente a la distribución de bienes, el populismo y el control social desde el Estado convirtiendo al receptor de ayuda en un consumidor activo que estimule la economía local. “Una buena política de esta índole es aquella que tiene fecha de caducidad; el éxito no es cuánta gente recibe ayuda, sino cuánta gente deja de necesitarla”.
El ciudadano en el eje del plan
Finalmente, Levy-Carciente vincula la recuperación económica con la reconstrucción del tejido social a través de la educación. Advierte que la reconstrucción de los sistemas de electricidad y agua requerirá mano de obra calificada venezolana, por lo que el sistema educativo juega un rol preponderante, el de integrar a la población en la labor de reconstruir su propio país.
Bajo la filosofía del Plan Venezuela Tierra de Gracia, la economista concluye que el Estado debe dejar de ser un ente asfixiante para convertirse en un facilitador: “Tenemos el capital humano y los recursos. Solo falta el marco legal que garantice que el ciudadano sea el protagonista de su propio cambio, sin hostigamiento ni coacción”.
Sobre la entrevistada: Sary Levy-Carciente es Doctora en Estudios del Desarrollo e Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela. Actualmente investiga en la Florida International University (FIU) y es la responsable global del Índice Internacional de Derechos de Propiedad. Redes Sociales: (@saryle)
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