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Inicio/Nacional/La diáspora que volvió para servir: médicos venezolanos regresaron para atender a las víctimas de los terremotos

Nacional
La diáspora que volvió para servir: médicos venezolanos regresaron para atender a las víctimas de los terremotos

miércoles 29 julio, 2026

Antes de la tragedia del 24 de junio, Carlos Eduardo Arriechi llevaba dos años sin regresar a Venezuela. Volvió y no fue para reencontrarse con su familia en Acarigua-Araure ni para abrazar a sus amigos. Regresó con el estetoscopio al cuello y una misión: atender a las víctimas de los terremotos que devastaron al país.

Los Llanos.- Hace más de siete años, el médico gastroenterólogo Carlos Eduardo Arriechi emigró de Acarigua, estado Portuguesa, hacia Quito, Ecuador, en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, cuando los terremotos sacudieron a Venezuela, el pasado 24 de junio, no dudó en hacer el viaje de regreso. Esta vez no volvió para visitar a sus seres queridos, a quienes no veía desde hacía más de dos años, sino para ponerse al servicio de quienes lo han perdido todo.

Su historia se repitió en decenas de profesionales venezolanos de la salud y de otras ramas radicados en distintos países. Mientras miles de connacionales en el exterior organizaban donaciones y enviaban ayuda humanitaria, un grupo de médicos decidió regresar temporalmente al país para atender directamente a los sobrevivientes de la emergencia.

«Desde que comenzaron a publicarse las imágenes de la tragedia en redes sociales y escuché los testimonios de familiares y amigos, supe que tenía que hacer algo», recuerda Arriechi en entrevista con El Pitazo.

Parte del equipo que viajó desde Ecuador para atender a las víctimas del doblete sísmico (Cortesía)

El gastroenterólogo se integró a una misión médica organizada desde Ecuador, encabezada por la doctora Eliana Correa, cirujana formada en Venezuela y actual congresista de la Asamblea Nacional de Ecuador, quien consideró que tenía una «obligación moral» con el país donde realizó su especialización.

Gracias al respaldo de la comunidad venezolana en Ecuador, ciudadanos ecuatorianos, empresas privadas y organizaciones no gubernamentales, lograron reunir cerca de tres toneladas de medicamentos, alimentos e insumos médicos que fueron trasladados en un vuelo chárter hacia Venezuela.

Arriechi viajó junto a otros venezolanos radicados en Ecuador, entre ellos el médico internista Ángel Pacheco, oriundo de Maracay; la médica internista Jesenia Ponce, de Petare; y la licenciada en enfermería Carmen Julia Hernández, de La Pastora, Caracas, quien tenía cerca de siete años sin estar en su país.

La misión humanitaria estuvo conformada en total por un equipo multidisciplinario integrado por 15 profesionales de la salud entre venezolanos y ecuatorianos: ocho médicos especialistas en áreas como medicina interna, gastroenterología, nefrología, cirugía y epidemiología; seis médicos generales y una licenciada en enfermería con experiencia en cuidados paliativos y críticos. 

La comisión permaneció en Venezuela entre el 2 y el 13 de julio. Durante esos días dividieron sus esfuerzos entre la zona cero de La Guaira, hospitales públicos, albergues improvisados, colegios y comunidades afectadas de la Gran Caracas. También reforzaron la atención en el Hospital Central de Guatire para ayudar a descongestionar las áreas de emergencia. En apenas once días atendieron aproximadamente a 2.500 pacientes.

«Era devastador»

El panorama que encontraron los especialistas superó cualquier imagen vista a distancia. 

«Fue muy complejo, devastador en algunos lugares y difícil de asimilar. Ver a niños que aún no comprendían la magnitud de la tragedia y a adultos mayores sin sus medicamentos para enfermedades crónicas fue profundamente doloroso», relata Arriechi.

Pero también encontraron comunidades organizadas que, pese a haberlo perdido casi todo, recibían a los equipos médicos con abrazos, palabras de agradecimiento y un inmenso sentido de solidaridad.

«Eran ellos quienes parecían darnos fuerza para seguir adelante», cuenta.

Las heridas que dejó el desastre

Durante las jornadas atendieron principalmente pacientes con enfermedades crónicas descompensadas porque habían perdido sus tratamientos: crisis hipertensivas, hiperglucemias, estatus epilépticos y crisis asmáticas infantiles.

También trataron lesiones por aplastamiento, fracturas, trastornos por estrés postraumático, ansiedad, ataques de pánico y otras consecuencias físicas y emocionales del desastre.

Entre los casos que más lo marcaron, Arriechi recuerda a un paciente que sufrió cientos de picaduras de abejas tras los terremotos, y que desarrolló falla multiorgánica y requirió diálisis de emergencia. Contra todo pronóstico sobrevivió.

El médico venezolano Carlos Eduardo Arriechi es gastroenterólogo y tiene más de siete años viviendo en Escuador

Otra historia permanece grabada en su memoria: la de un joven de Delta Amacuro que perdió a toda su familia, pero pasaba hasta 18 horas diarias colaborando en las labores de rescate.

«Nos acompañaba todo el tiempo, buscaba personas entre los escombros, trasladaba lesionados y seguía ayudando aun sabiendo que había perdido a los suyos. Fue una demostración de fortaleza impresionante», explica.

También recuerda a niños con autismo atravesando severas crisis de ansiedad, mujeres embarazadas sin controles prenatales y menores con fracturas que permanecían sin cirugía o inmovilización adecuada.

Una misión que cambió sus vidas

Para Arriechi, formar parte de esta brigada humanitaria representa el momento profesional más importante de su carrera.

«Ninguno de nosotros quería regresar a Ecuador. Sentíamos que aún hacía falta mucho por hacer. Cada guardia de 14 o 16 horas, cada ecografía, cada cirugía menor, cada paciente atendido nos confirmaba que habíamos tomado la decisión correcta», señala.

Los médicos afirman que durante las horas de trabajo atendiendo a las víctimas, recibieron todo el afecto de los voluntarios venezolanos (Cortesía)

Confiesa que emocionalmente fue una experiencia difícil. «El venezolano ya venía con muchas heridas antes de los terremotos. Escuchar historias de personas que perdieron familiares, viviendas y proyectos de vida fue muy duro. Pero las miradas de esperanza y sus ganas de vivir de los pacientes eran la fuerza que necesitábamos nosotros para continuar cada día», explica.

Un país que sigue necesitando ayuda

El especialista considera que la emergencia también dejó al descubierto la necesidad urgente de fortalecer el sistema público de salud.

«La salud es un derecho universal y todos debemos trabajar para recuperar la capacidad de atención del país, sumando esfuerzos entre el sector público y privado», considera.

Desde Ecuador asegura que la comunidad venezolana en ese país continúa profundamente conmovida por la tragedia. 

La delegación internacional que viajó a Venezuela para ayudar tras los terremotos (Cortesía)

El doctor Arriechi hizo un llamado a quienes viven en el exterior a seguir colaborando. «Se va a necesitar mucha ayuda durante los próximos meses. Ninguna contribución es pequeña. Sabemos que solo un país unido puede levantarse después de una tragedia como esta».

«Volveré»

Cuando se le pregunta qué imagen conservará para siempre, reconoce que resulta imposible elegir solo una. Habla de los niños corriendo entre hospitales improvisados y carpas, de las comunidades que nunca respondieron con un «no», de los abrazos espontáneos y de las arepas que los vecinos preparaban para agradecerles. Pero hay un recuerdo que resume toda la misión.

«Cuando terminamos el trabajo, mis colegas ecuatorianos me dijeron que nunca habían visto un pueblo que, en medio del peor momento de su vida, fuera capaz de recibirlos con tanto cariño. Decían que Venezuela les había enseñado una lección de humanidad que jamás olvidarán», comenta conmovido.

Él tampoco olvidará esa lección. Aunque esta vez no pudo visitar a su familia en Acarigua-Araure, abrazar a su abuela, compartir con sus amigos del liceo y del béisbol, regresó a Ecuador convencido de que algún día volverá definitivamente a Venezuela.

«Me llevo la resiliencia y la nobleza de nuestra gente. El material humano ya lo tenemos. Solo falta reencontrarnos como país y trabajar unidos para transformar nuevamente a Venezuela», finaliza.

Por: Mariangel Moro Colmenárez/ El pitazo

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