Nacional
La promesa de Calderón: perdió 26 familiares en los terremotos y quiere encontrar todos los cuerpos
domingo 26 julio, 2026
El pescador de 49 años perdió a 26 familiares en el colapso de los edificios de la OPP-27, en Caraballeda, en La Guaira. Desde hace un mes dejó el mar, su fuente de sustento, para dedicar cada día a recuperar los cuerpos de sus seres queridos y darles sepultura
Víctor Calderón sobrevivió, pero ahora su vida está sepultada junto con las torres de la OPP-27, en Tanaguarena, parroquia Caraballeda, en La Guaira. El pescador de 49 años, perdió a 26 familiares en el doble terremoto del 24 de junio y, desde entonces, cambió las jornadas en alta mar por una misión que todavía no termina: encontrar a los últimos cuerpos de sus seres queridos que permanecen bajo los escombros.
Cuando la tierra comenzó a sacudirse aquella tarde, Víctor no estaba en casa. Llevaba 18 días pescando en su lancha, su único medio de sustento, mar adentro. Incluso allí sintió la fuerza del sismo.
«Eso me estremeció la lancha por allá por fuera, horrible. Después escuchamos por radio las noticias de que eso había afectado a todo el litoral y parte de Caracas», recordó en entrevistas concedidas a distintos medios.
Regresó al litoral la noche del jueves 25. Lo que encontró fue una tragedia imposible de imaginar. «Llegué y me encontré con que había perdido a toda mi familia», contó.
Sin esperar ayuda, comenzó junto a vecinos y sobrevivientes a remover los escombros para buscar a sus seres queridos.
Una familia prácticamente desaparecida
Al intentar enumerar a quienes perdió, la voz se le entrecorta. Entre las víctimas están dos hermanas, seis sobrinas, el esposo de una de ellas, un cuñado, sobrinos-nietos y nueve primos, cuyas edades iban desde los 2 hasta más de 70 años.
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«Aquí se encuentra mi otra hermana, el viejo que me crio y la abuela de mis hijos», dijo señalando los restos del edificio.
Tres de sus sobrinos lograron ser rescatados de otra torre. «Nosotros mismos nos hemos ayudado entre todos. Nosotros mismos, los conocidos, los que nos criamos juntos«, relató, expresando que desde las primeras horas de búsqueda, vecinos y familiares removen concreto con sus propias manos.
«No puedo dejarlos ahí»
Víctor critica que la maquinaria pesada solo trabajó por poco tiempo. «La máquina llegó para mover dos columnas, para poder sacar algunos cuerpos, porque no podíamos moverlas nosotros mismos… después se volvió a ir», lamentó.
Hasta ahora ha logrado recuperar y sepultar a la mayoría de sus familiares en el cementerio La Esperanza, destinado para muchas de las víctimas del terremoto.
Por eso insiste en que las labores de búsqueda no pueden detenerse. «Necesitamos ayuda para recuperar esos cadáveres y estar con mi mente tranquila. No dejarlos ahí. Hay que darles su cristiana sepultura.»
Una promesa antes del duelo
Víctor reconoce que todavía no ha podido llorar la pérdida de los suyos. «Todavía no he llorado por ellos, no hasta que encuentre a los últimos que faltan.»
De aquella familia numerosa sobreviven apenas algunos integrantes, su propia hija y su nieta, y también una hermana mayor y su hija, quien fue rescatada con vida cinco horas después del colapso mientras estaba embarazada. Hoy, esa familia reducida vive en una carpa instalada en el campo de golf de Caraballeda, convertido en refugio para cientos de damnificados.
Mariangel Moro Colmenárez /EL PITAZO
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