Nacional
Mayda Hočevar: de la filosofía del derecho a la defensa de derechos humanos
jueves 13 agosto, 2026
Abogada, con maestría, doctorado y más de dos décadas dedicadas a la docencia universitaria y la investigación académica, un día de 2014, ante la brutal represión del gobierno venezolano contra estudiantes y manifestantes en Mérida, Mayda Hočevar decidió que todos sus títulos y experiencia debía ponerlos al servicio de la defensa de los derechos humanos desde su propia alma mater: la Universidad de Los Andes de Venezuela
Por María Fernanda Rodríguez
«Jamás cambiaría este verde ni el azul del cielo». Así me respondió Mayda Hočevar cuando le pregunté, en aquel difícil año 2019, por qué no se iba de Venezuela si tenía nacionalidad eslovena. Ese país —de donde salió su padre para huir del nazismo— anunció entonces un plan para repatriar a eslovenos y venezolanos de origen esloveno que residieran en Venezuela. La oferta incluía el pago de los pasajes por parte del gobierno de Eslovenia y un estipendio para alojamiento y subsistencia durante los primeros 18 meses.
Mayda significa «Mariíta» en esloveno y el símbolo sobre la «c» de su apellido se llama carón y hace que esa letra se pronuncie como una «ch». Mayda nació, creció, estudió y ejerció como profesora de Filosofía del Derecho en Mérida, en la Universidad de Los Andes, donde un día de 2014, en plenas protestas sociales reprimidas con saña por el gobierno, decidió que su título de abogada era más útil al servicio de la defensa de los derechos humanos.
«No solo empezamos a trabajar en derechos humanos, sino también a crear un observatorio. Al estar dentro de una universidad, asumimos también con mucha seriedad la investigación y la formación. Desde que acepté ese reto y ese compromiso, sentí con claridad que se trataba de algo demasiado importante como para negarme. Sabía, además, que muchas veces el Consejo Universitario crea comisiones o propone instancias para atender distintos asuntos, y luego todo termina diluyéndose. En este caso pudo haber ocurrido lo mismo, pero quienes estábamos en el origen del observatorio entendimos que el momento histórico exigía ese compromiso».
Mayda nos cuenta el origen del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Los Andes (ODH-ULA) en una entrevista virtual concedida desde Europa, a donde tuvo que irse contra su voluntad hace dos años, debido a la persecución que inició el gobierno de Nicolás Maduro tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.

derechos humanos contra universidades, universitarios y la región andina de Venezuela. Foto: cortesía ODH-ULA.
Estar afuera con el país por dentro
Alta, blanquísima, de contextura delgada y rizos castaños, Mayda habla bajito y con acento merideño. Casi siempre está sonriendo, pero con una sonrisa que no es tanto alegría como reflejo de empatía, calma y una profunda comprensión por quienes han sido víctimas de violaciones de derechos humanos y por quienes conforman su equipo de trabajo.
Pese a la distancia, no ha dejado de defender y promover los derechos humanos en Venezuela, sobre todo los de universitarios y presos políticos de la región andina. Recientemente hizo una investigación en el Centro de Derechos Humanos Aplicados de la Universidad de York, en el Reino Unido, sobre la memoria de la represión universitaria en Venezuela (2014-2024) y el papel de las universidades como espacios de resistencia y defensa de los derechos humanos.
«Me parece muy importante pensar el país desde fuera, porque a veces, estando allá y en medio de todo lo que ocurre, no hay tiempo para verlo con cierta perspectiva. También considero fundamental sensibilizar a personas de otros países, especialmente en las universidades, porque todavía hay mucha incomprensión y confusión sobre el caso venezolano, así como una fuerte ideologización en su análisis. Con frecuencia se observa a Venezuela desde un prisma ideológico y no desde el enfoque de los derechos humanos», advierte.
—¿Cómo describirías el contexto venezolano actual y qué impactos concretos tiene en las mujeres con las que trabajas o a las que representas?
—Venezuela continúa atravesando una crisis estructural caracterizada por el debilitamiento institucional, la ausencia de Estado de derecho, la precarización de las condiciones de vida y el cierre del espacio cívico. Si bien existen intentos de proyectar una imagen de normalización, la realidad cotidiana la desmiente: persisten profundas desigualdades, precarización salarial, miedo, censura y, sobre todo, falta de garantías.
En este contexto, las mujeres enfrentan la crisis de manera diferenciada. Muchas sostienen solas a sus familias, con salarios insuficientes, sobrecarga de trabajo y falta de acceso adecuado a la salud, la justicia y la protección social.
En las comunidades donde hemos trabajado, no solo hemos realizado procesos de capacitación y educación en derechos humanos, sino también encuestas e investigaciones sobre la situación de los Andes venezolanos. Hemos observado mayores riesgos de violencia, discriminación y exclusión, particularmente en las zonas rurales, así como una falta de conocimiento en las mujeres sobre sus derechos y las formas de exigirlos.
—¿Qué ha cambiado en Venezuela después del 3 de enero de 2026 y qué consideras que sigue igual?
—Creo que después del 3 de enero todos los venezolanos, sin excepción, sentimos que se produjo un punto de inflexión en una situación que parecía completamente estancada. Muchas personas sintieron que por fin se abría una posibilidad real de cambio, de avanzar hacia una transición democrática y hacia mejoras sociales y económicas largamente esperadas.
Sin embargo, más allá de liberaciones de presos políticos —muy importantes— y de ciertas medidas puntuales, como el regreso de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la sensación actual vuelve a ser de estancamiento e incertidumbre. No se perciben avances claros hacia una verdadera democratización ni hacia una mayor transparencia en el manejo de los recursos públicos y los ingresos petroleros.
Tampoco hay una mejora sustancial y palpable en las condiciones de vida, ni gestos o acciones que nos lleven a pensar que se trabajará seriamente para lograrla. Además, en las regiones seguimos enfrentando severos cortes de electricidad y fallas en servicios básicos que afectan la calidad de vida y derechos fundamentales como la educación y la salud. Por supuesto, todo ello tiene un impacto diferenciado en mujeres y niñas, quienes suelen asumir mayores cargas de cuidado y sostenimiento familiar. La incertidumbre sigue afectando la vida cotidiana de la población.
También hay que mencionar que, pese a todo, ha habido cierta apertura del espacio cívico. Lideresas, líderes y movimientos se han atrevido a salir, a resistir, a organizarse y a permanecer. Creo que es importante resaltar que esta forma de resistencia y de protesta, después de un cierre tan total previo al 3 de enero, ha sido impulsada en gran medida por mujeres y por jóvenes universitarias.

ante instancias internacionales como la ONU, la OEA y la CIDH. Foto: cortesía ODH-ULA.
—A propósito de esto último que señalas, ¿qué significa para ti el liderazgo femenino hoy en Venezuela?
—Significa resistencia, resiliencia, reconstrucción social y sostenimiento. Las mujeres han asumido roles fundamentales no solo en las organizaciones sociales, de derechos humanos y en el espacio político, sino también en sus propias comunidades, en la universidad y en sus familias. En muchos casos, son ellas quienes han mantenido vivas las redes de apoyo, cuidado y defensa de derechos en medio de la crisis. Basta recordar el caso de las madres de presos políticos, de perseguidos, de estudiantes arbitrariamente detenidos, desaparecidos o asesinados, que se han organizado en redes para visibilizar, denunciar, protestar y defender.
Aunque no contamos con estadísticas suficientes, ni en Venezuela ni a nivel global sobre liderazgo femenino, en el ámbito de los derechos humanos sí está ampliamente documentado que las mujeres desempeñan un papel central y cada vez más visible en su defensa. Ese liderazgo comunitario es, y seguirá siendo, fundamental para la reconstrucción del tejido social en Venezuela.
—¿Qué acciones priorizarías para fortalecer el liderazgo de las mujeres en Venezuela?
—Tenemos que pensar en un liderazgo femenino sostenible, a diferencia de un liderazgo de mera resistencia o supervivencia: un liderazgo asentado sobre cierta estabilidad, garantías de seguridad y un marco institucional mínimo. Eso sería lo primero para poder hablar de sostenibilidad.
En el caso de Venezuela, incluso dentro de las organizaciones de derechos humanos, muchos de estos liderazgos han tenido que continuar su trabajo desde el exilio. Por eso también es fundamental mencionar el tema del financiamiento y el acceso a él. Hemos visto una restricción del financiamiento proveniente de la cooperación internacional y, lamentablemente, un desfinanciamiento de muchos proyectos vinculados con el liderazgo femenino, los derechos de las mujeres y la igualdad.
Para que exista un liderazgo sostenible, también es fundamental fortalecer capacidades y ampliar los espacios de participación. Esto se vincula con lo que mencionábamos al comienzo: el cierre del espacio cívico persiste. Aunque ha habido esfuerzos importantes de liderazgo para abrirlo, todavía no existe una apertura real.
«Tenemos que pensar en un liderazgo femenino sostenible, a diferencia de un liderazgo de mera resistencia o supervivencia: un liderazgo asentado sobre cierta estabilidad, garantías de seguridad y un marco institucional mínimo»
—¿Y cuáles consideras que son los principales obstáculos y «techos de cristal» que existen en Venezuela para que más mujeres accedan a espacios de decisión?
—Creo que el principal obstáculo sigue siendo cultural. Aunque como sociedad hemos avanzado, persisten muchas barreras asociadas al machismo, a la desvalorización de la mujer y, por supuesto, a la desvalorización de la mujer como líder o lideresa. Muchas veces las mujeres tenemos que demostrar constantemente capacidades que, en el caso de los hombres, suelen presumirse automáticamente. Por supuesto, estas barreras también dependen del ámbito en el que nos desempeñemos.
En el caso de los movimientos sociales en Venezuela, al menos en el ámbito de los derechos humanos y también en el universitario, creo que esas barreras son menores, aunque siguen existiendo. También hay obstáculos económicos y una fuerte sobrecarga de tareas como las de cuidado, la falta de redes de apoyo y un mayor riesgo de violencia, estigmatización y ataques contra las mujeres por participar en espacios públicos o políticos. En contextos autoritarios, estas dificultades se agravan, porque las defensoras y lideresas suelen estar mucho más expuestas a campañas de descrédito y desgaste emocional.
—En tu caso particular, ¿cuál ha sido el momento más desafiante que has enfrentado en la construcción de tu liderazgo femenino y qué emociones predominan en ese proceso de toma de decisiones? ¿Qué has perdido y qué has ganado?
—Creo que no hay un solo momento más desafiante, sino muchos. Uno de esos desafíos fue asumir el compromiso cuando se propuso la creación del Observatorio de Derechos Humanos. Decir que sí implicó entender el momento histórico y atreverme a impulsar no solo la creación del Observatorio, sino también de un equipo de trabajo, su consolidación y, al mismo tiempo, la tarea misma de denunciar, registrar y documentar.
Recuerdo especialmente el trabajo de documentación durante las protestas de 2017 en Mérida: registrar los disparos a los ojos de jóvenes estudiantes fue algo muy duro. También acompañar casos de detenciones arbitrarias, torturas y humillaciones a la dignidad humana. Eso genera una mezcla de indignación, dolor e impotencia que es muy difícil de describir. Son situaciones que marcan profundamente y obligan a convivir con ese impacto emocional.
También ha sido muy duro, y representa un gran desafío, haber tenido que pensar seriamente en abandonar el país y asumir con claridad que el riesgo era tal que esa posibilidad debía contemplarse. Tomar conciencia de que una puede convertirse en objeto de persecución, vigilancia y represalias cambia mucho las cosas a nivel personal y emocional, porque implica vivir con miedo, pero también con la sensación de tener una responsabilidad con la gente con la que te has comprometido y con las víctimas.
Sí, he perdido tranquilidad personal y también tiempo para mí misma, pero creo que he ganado muchísimo en fortaleza y en la satisfacción que produce el trabajo de acompañar. Eso ha sido para mí algo profundamente valioso y una labor que he amado desde que empecé a ejercerla.

—Tras los terremotos del pasado 24 de junio en Venezuela, ¿cómo están cambiando y cómo crees que van a cambiar las necesidades y prioridades de las mujeres?
—Las mujeres suelen tener que asumir una carga mucho mayor en contextos de emergencia. Les toca convertirse a veces en cuidadoras de niños, de personas mayores, familiares con discapacidad e incluso tienen que trabajar para contribuir al ingreso familiar. Esto de alguna manera las hace más vulnerables y, por supuesto, también tienen más riesgo de sufrir violencia basada en género.
Para nosotros desde el Observatorio de Derechos Humanos de la ULA, y especialmente desde ULA Mujer, es muy importante apoyar porque, aunque estamos en Mérida, trabajamos con muchas personas que han perdido familiares o seres queridos en Caracas o en La Guaira. En ese sentido, estamos comprometidos con los trabajos de atención a la salud física y mental.
Próximamente tendremos unas capacitaciones dirigidas a mujeres de áreas rurales y campesinas en Mérida y, por supuesto, abordaremos todo este contexto post-terremotos, indicando también cuáles son los estándares de derechos humanos que se deben respetar en este contexto.
—Y justamente en este contexto post-terremoto, ¿qué acciones concretas consideras que deben hacerse desde el liderazgo político que aspire a una transición para garantizar que la reconstrucción y la respuesta humanitaria incorporen la perspectiva femenina y fortalezcan el liderazgo de las mujeres?
—Creo que, en primer lugar, es fundamental la participación de las mujeres en todo el contexto post-terremotos y en todas las acciones y políticas que se diseñen para la reconstrucción de las zonas afectadas por los sismos y para la reconstrucción general del país, afectado por muchísimos años de crisis humanitaria compleja.
También considero importante hacer un diagnóstico e identificar de alguna manera todas las necesidades específicas que existan, segregadas por género, para poder hacer una gestión de los recursos y la ayuda de manera mucho más eficaz
Más allá del contexto post-terremotos, creo que sigue siendo fundamental mantener las luchas históricas en favor de las mujeres, como la prevención de la violencia basada en género, el fortalecimiento de la salud sexual y reproductiva y la creación de programas especiales para que las mujeres se inserten en la economía, puedan recuperarse y ser ellas mismas agentes económicas fuertes en la recuperación del país.
En todo este proceso, la participación de las organizaciones de mujeres y de las universidades es fundamental para garantizar la inclusión de una perspectiva de género de manera transversal y para que esa reconstrucción sea mucho más eficaz y sostenible.
—Para finalizar, ¿qué les dirías a las jóvenes venezolanas para que se interesen en tener mayor participación y liderazgo en entornos sociales y políticos?
—Les diría que den el paso, que lo hagan, porque son muy necesarias. En ningún momento se sentirán completamente preparadas, porque esa preparación se va dando en el camino, sobre la marcha. Venezuela necesita a las nuevas generaciones y una mirada nueva, capaz de imaginar y construir otras formas de convivencia y de liderazgo.
Creo, además, que es importante que sean muy conscientes y honestas para no reproducir modelos autoritarios o agresivos. Muchas veces vemos, incluso dentro de algunos feminismos, la reproducción de modelos autoritarios que están profundamente internalizados en la psique de las personas. Por eso es muy importante no solo reconocerlo de manera intelectual, sino también vigilar en la práctica cotidiana, como lideresas, que no reproduzcamos esos modelos y que podamos liderar desde la empatía, la escucha y el trabajo colectivo

Destacados













