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Inicio/Nacional/Si un alumno murió, hay que hablarlo: Guía de Cecodap para regreso a clases tras sismos

Nacional
Si un alumno murió, hay que hablarlo: Guía de Cecodap para regreso a clases tras sismos

jueves 17 septiembre, 2026

Si un alumno murió, hay que hablarlo: Guía de Cecodap para regreso a clases tras sismos

El psicólogo Walter García, especialista en protección infantil de Cecodap, recomienda estar atentos a cambios en la conducta, acompañar el duelo por las pérdidas y recuperar poco a poco la sensación de seguridad en la escuela

Volver al colegio después de los terremotos del 24 de junio puede ser difícil para un niño a nivel emocional. No solamente porque tenga que regresar a un salón en donde ahora quizá hay grietas, sino porque puede encontrarse con que un compañero murió, que su maestro ya no está, que su escuela está temporalmente cerrada o que incluso tendrá que estudiar en otro lugar.

En esos cambios puede aparecer el miedo y no siempre se va a expresar de la misma manera. El psicólogo Walter García, especialista en protección infantil en Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje), explica que una de las primeras señales de las que deben estar pendientes los padres es a la angustia que pueda producirle separarse de su cuidador principal. El niño puede tener miedo de que le pase algo a su mamá, papá o cuidador mientras está en el colegio, o de que le ocurra algo a él mientras está lejos de casa.

Puede ser que no quiera salir de la casa o que puede aceptar ir al colegio, pero permanecer angustiado. Por eso, García recomienda no fijarse únicamente en si el niño llora mucho o tiene miedo, sino en qué está dejando de hacer por cómo se siente.

«Si es algo que le esté impidiendo socializar, si es algo que le esté impidiendo de repente estudiar, poder hacer cosas que hacían su cotidianidad y eso se prolonga durante el tiempo, si pasa un mes, pasan dos meses y todavía no ha podido retomar su vida cotidiana, esos son indicadores de los cuales hay que estar atentos», explica.

El regreso a clases también puede hacer aparecer reacciones vinculadas con el terremoto. Por ejemplo, un niño puede tener miedo de quedarse solo en el salón, ponerse triste porque un compañero ya no está o reaccionar con temor ante un sonido repentino o una vibración.

El experto explica que algunos niños pueden tener momentos de desregulación. Pueden llorar y no conseguir tranquilizarse aunque la maestra intente consolarlos y, por supuesto, pueden aparecer gritos.

Pero no todos reaccionan de esa manera. Otros pueden inhibirse mucho, lo que implique que dejen de hacer una tarea, o que no quieran participar o aislarse de sus compañeros. Por eso, dice García, hay que mirar tanto la expresión muy intensa de las emociones como el extremo contrario, que es cuando el niño deja de hacer cosas que antes hacía normalmente.

Si murió un alumno, hay que hablar de la muerte

Si al regresar al colegio un niño descubre que un compañero falleció durante el terremoto, esconderlo no es una opción.
«La muerte hay que decirla», explica García. Lo que debe cambiar es la forma de explicarla según la edad y las características de cada niño, niña o adolescente.

No hace falta contar detalles sobre cómo ocurrió la muerte ni mostrar videos o imágenes que puedan ser difíciles de procesar. Tampoco recomienda romantizarla con frases como que la persona «está en un lugar mejor» o que «ahora está bien». Esto puede generar fantasías en algunos niños, incluso la idea de que morir podría permitirles estar nuevamente con esa persona.

Para el especialista, lo importante es poder decir que el compañero falleció, que ya no va a estar allí y que es normal sentir tristeza por eso. También hacerles saber que pueden hablar de lo que sienten y que los adultos estarán allí para acompañarlos.

Y el duelo no tiene por qué quedarse sin palabras, pues un niño puede querer escribirle una carta a su compañero, hacerle un dibujo o realizar alguna actividad para recordarlo. Y si son varios los niños que perdieron a un compañero, el colegio también puede darle un espacio a esa pérdida.

García considera que los colegios pueden crear espacios para hablar de lo ocurrido o realizar algún ritual de despedida.

Una misa puede ser una opción en una escuela católica para quienes quieran participar, pero no debería ser la única forma de abordar el duelo. También hay estudiantes y docentes que no son religiosos, por lo que pueden plantearse otras actividades.

Hacer un mural, llevar algo que recuerde a la persona fallecida, dedicarle unas flores, hacer dibujos u otras actividades relacionadas con el arte y la creatividad son algunas posibilidades. La idea es no entrar al salón y hacer como si nada hubiera pasado.

«No creo que un momento inicial puede ser darle un lugar a estas pérdidas y luego ver cómo esto se va desarrollando», plantea García.

Constante recordatorio

La propia escuela puede convertirse en un recordatorio de lo ocurrido. Una pared con grietas, un espacio que ya no puede utilizarse o tener que estudiar temporalmente en otro lugar puede hacer más difícil que los niños vuelvan a sentirse seguros.
García explica que una grieta que para un adulto puede no representar un peligro estructural puede generar en un niño una angustia mucho mayor.

Puede pasar de ver una pared agrietada a pensar que toda la escuela se va a caer encima.

«En un niño pueden haber angustias que se van a algo mucho más masivo. Así como separarse de papá o mamá puede representar ‘ay, y si se muere y si yo me muero’. También si hay alguna grieta se puede ir a algo un poco más severo como ‘la escuela se me va a quedar encima’ (…) Si un adulto no se siente seguro en espacios que están afectados, ¿cómo esperamos entonces que un niño que está desarrollando su cerebro, que está desarrollando sus maneras de controlarse, cómo esperamos que él pueda también regularse en de estas situaciones?», señala el psicólogo de Cecodap.

*Lea también: La escuela herida: reubicaciones, doble turno y reconstrucción marcan el regreso a clases

Por eso, puede haber niños que no quieran entrar a un espacio afectado. Esa reacción, dice García, puede ser respetable mientras se trabaja para recuperar la sensación de seguridad. Y el proceso puede ser todavía más difícil para los más pequeños, pero también puede afectar a adolescentes. A esto se suman otros cambios, como tener profesores diferentes, estar lejos de la familia o estudiar en una escuela distinta.

Lo que pueden hacer maestros, según Cecodap

Durante estos primeros meses, Walter García recomienda que exista mucha comunicación entre las familias y el colegio. Si un niño necesita utilizar el teléfono para comunicarse con sus padres y sentirse más seguro, esto puede conversarse previamente con la institución. También puede ser necesario que un familiar tenga que ir a buscarlo con mayor frecuencia si está atravesando un momento de miedo o angustia.

Los colegios pueden contar con una persona de referencia para estos casos. Puede ser un psicólogo u otra persona que esté preparada en primeros auxilios psicológicos y pueda ayudar cuando una situación se salga de las posibilidades del maestro que está en el salón.

Pero tampoco habría que esperar a que el niño llegue a un momento de desregulación para empezar a trabajar estas herramientas.

García propone incorporar desde el comienzo de la clase «ejercicios de respiración, de que los niños se centren en 10 cosas que pueden ver o en cinco cosas que puedan escuchar, mientras están en completo silencio. Entonces, esto puede calmarlos un poco, puede ser una estrategia que usen incluso antes de que haya todo ese miedo intenso».

También puede ser dibujar, colorear o simplemente conversar. Con los adolescentes, hablar puede ser suficiente.

Cada docente puede adaptar estas actividades a las características de su grupo, pues lo importante es que no aparezcan solamente cuando el miedo ya es desbordado, sino que puedan formar parte de la rutina desde el inicio de la jornada.

Y darles voz también ayuda. Otra posibilidad es preguntarles a los propios niños qué necesitan para sentirse más seguros.

Con quién se sienten más cómodos dentro del colegio, a qué lugar quisieran ir si sienten demasiado miedo o qué cosas los ayudan a tranquilizarse son preguntas que pueden darles cierta sensación de control sobre lo que está ocurriendo.

Y esa comunicación no debería quedarse solamente entre el niño y el maestro. Los padres, madres, cuidadores, docentes y el propio colegio también podrían estar atravesando angustia por lo ocurrido, entonces, mantener ese vínculo será importante mientras los niños vuelven poco a poco a su rutina.

María de Los Ángeles Graterol / TAL CUAL

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