Opinión
350 artículos, 220 promesas rotas, una Constitución incumplida
sábado 12 septiembre, 2026
Carlos Casanova Leal
Venezuela entró en lo que en doctrina se denomina “constitucionalismo simbólico”. Esto es un texto constitucional por donde se rigen las relaciones del Estado y la sociedad y la relación entre los ciudadanos, pero su contenido es nominal, está ahí pero no se aplica, expresado de otra forma es una constitución inaplicada; y aquí un error de apreciación política cuando se recurre permanentemente a mencionarla para el análisis social y político del país; el 65 % de los 350 artículos de la Constitución no se cumplen, en la práctica, no existen, están borrados.
La situación se hace más grave aún cuando revisamos los derechos sociales y económicos de los ciudadanos, como son los de salud, trabajo, salario, seguridad social; ya que los picos de incumplimiento van desde el piso permanente del 80 al 95 %; esta desaplicación de los derechos constitucionales se debe al cambio de modelo económico y político, que nos trajo al socialismo del estado comunal, modelo aún vigente.
Lo que para nosotros los ciudadanos es crisis, para los revolucionarios es el éxito del modelo de dominación. La revolución es una negación de derechos ciudadanos para trasladarlos al Estado.
Los indicadores sitúan el cumplimiento de las condiciones necesarias para que exista una democracia funcional en solo el 7 %, en los derechos a la salud encontramos que un 94,6 % de la población depende del sistema público, pero este sistema opera al 20 % de su capacidad, con un 88,5 % de desabastecimiento.
Cuando revisamos el tema del salario mínimo anotamos que solo cubre apenas el 0,03 % de la canasta alimentaria, incumpliendo el 99,97 % del mandato constitucional. Las pensiones cubren solo 12,72 % de la canasta alimentaria, incumpliendo el 87,28 % del derecho.
Los estados de excepción -que deberían ser excepcionales- se convirtieron en la regla permanente por más de 8 años, cuando la Constitución señala que máximo son por 60 días, y con este poder vaciando el contenido de derechos económicos, que van desde un piso de incumplimiento de 70 % a un 90 % incumplidos.
La evidencia señala que cuando consideramos la organización del Estado y los poderes públicos, el pico de artículos incumplidos es del 80 %, en derechos como la libertad, expresión, participación y justicia, el pico de artículos incumplidos es del 70 %; los derechos culturales, incumplidos en un 80 %.
Ya no existe descentralización, desapareció el situado constitucional de estados y municipios, les llega presupuesto con destino determinado desde Caracas. Las funciones territoriales de los municipios se han trasladado a las comunas, y lo peor es que se ha venido aceptando.
Se formula el discurso político sobre una Constitución desaplicada, nominal, de papel mojado, sin vida. Tenemos que admitir que el modelo constitucional cambió, ya no existe para poder ordenar el discurso y la acción política, nuestro discurso político sigue proyectando valores que ya no existen.
Las leyes que les brindan fundamento a las gobernaciones y alcaldías mutaron a nuevas estructuras, de ahí que la transición tenga pleno sentido, llegar a la Constitución pasa por desmontar lo que existe para que fluya el articulado constitucional.
El principio de progresividad de los derechos económicos, sociales, culturales, dieron paso a una regresión sistemática, esto es a una pérdida del ejercicio del derecho, aquí entonces el triunfo es del socialismo ortodoxo, liquidación de los derechos ciudadanos, asumiéndolos el Estado.
Cuando se habla de un nuevo TSJ, es imperativo exigir que la decisión política de no cumplimiento de la Constitución no puede seguir siendo avalada por un poder judicial subordinado; en consecuencia, debe estar integrado sin negociaciones para que cumpla su rol de controlar las acciones y decisiones del Poder Ejecutivo dentro de la ley y no fuera de ella.
Regresar a la Constitución pasa por salir del Estado comunal, del Estado socialista ortodoxo, y esto se hace con un conjunto de decisiones que lo desmonten primero para avanzar, esto explica el hecho de que EEUU solo negocia petróleo y minerales, pero no entra en desmontar el modelo de destrucción que implica la revolución actual.
Dios nos bendiga a los venezolanos.













