Regional
“No podemos predecir un terremoto”
sábado 12 septiembre, 2026

El primer terremoto registrado, durante los tiempos de la Conquista, se remonta a 1530, con su respectivo tsunami, como parte de las noticias que se le hacían llegar a la Corona Española, a modo de queja y reclamo de ayuda, sobre las novedades de ultramar, recabada por funcionarios -los cronistas- asignados para tal función
Freddy Omar Durán
El impacto global de los movimientos sísmicos, que en Venezuela tuvo tan sensible impacto el 24 de junio, y también tocó fatalmente a la vecina Colombia, ha ameritado la consulta permanente a quienes por años han dedicado su investigación sobre la actividad geológica del planeta Tierra.
La geofísica Paola Pastor, que en el estado Táchira hace parte del equipo de investigación científica de Fundacite, recientemente hizo un trabajo de campo por una parte de la zona de desastre hacia la región centro-norte de Venezuela, y verificó con sus propios ojos de lo que es capaz de hacer la corteza terrestre cuando libera su energía en grandes cantidades.
Es su deseo que de todo lo ocurrido se alcance un cúmulo de experiencias, que si bien no puede asegurar la predicción exacta de la ocurrencia de temblores –algo imposible en el actual estado de conocimientos de la materia- sí puede ayudar a establecer el riesgo latente de nuestra región andina, y las maneras en que los daños se pueden aminorar.
Para la experta, el fenómeno de los movimientos sísmicos no se puede considerar como una eventualidad de nuestro planeta, en tanto es consustancial a su naturaleza, ya que ni un solo día la Tierra ha cesado en sus agitaciones, desde aquel día que esa gran unidad llamada Pangea de hace 335 millones de años terminaría dividida en los bloques continentales que hoy en día conocemos.
Por eso considera que adjudicar coincidencias culturales, por ejemplo, a la manifestación de fenómenos naturales, escapa a cualquier lógica científica, y menos deducir tan a la ligera la unificación de hechos tan dispersos como los acontecidos en Colombia, Venezuela, Nepal, Perú o Japón, y de los cuales gracias a los adelantos tecnológicos nos enteremos casi que en tiempo real.
“Con una amiga que es antropóloga, la doctora Alejandra Leal, estuvimos revisando algunos registros y nos dimos cuenta que entre 1900 y 1910 pasó el mismo comportamiento en la Tierra este año. Claro, nosotros no podemos afirmar nada definitivo, porque obviamente hay que hacer muchos estudios, hay que buscar la historia de la sismicidad sobre todos los lugares. Porque nadie sabe cuándo va a temblar, como por ejemplo predecir la lluvia, con efectividad a veces del 100 %”.
El primer terremoto registrado, durante los tiempos de la Conquista, se remonta a 1530, con su respectivo tsunami, como parte de las noticias que se le hacían llegar a la Corona Española, a modo de queja y reclamo de ayuda, sobre las novedades de ultramar, recabada por funcionarios -los cronistas- asignados para tal función. Obviamente algo tuvieron que conocer los pobladores primigenios, y se podría deducir, de su predilección de ciertos lugares para asentarse; pero no dejaron ni la más mínima señal al respecto. Desde entonces se ha avanzado a tal punto que podemos hacer una caracterización geológica de la región andina venezolana, por ejemplo, que a diferencia de Colombia no presenta actividad volcánica.
“Tenemos dos tipos de placas: placas continentales y placas oceánicas que en el Pacífico interactúan en todos los Andes desde Chile hasta Colombia; sin embargo, en los Andes de Venezuela pues no tenemos volcanes, no hay zonas de subducción entre placas –una que pasa por debajo de la otra-. Para nosotros, la geología es completamente diferente a lo que llega hasta Bucaramanga. Los sismos de los otros países andinos son de gran magnitud”.
Esta particularidad hace posible, por ejemplo, que sobre el Táchira incida la actividad de los epicentros colombianos, como los venezolanos ya más hacia el Oriente del país.
“Las fallas como las de Boconó son muy jóvenes, que tienen entre 2 y 5 millones de años. Cuan más vieja es la falla, más van cesando sus movimientos. La falla de Boconó es una falla muy joven, vino después de la separación de los Andes venezolanos entre la Sierra de Perijá y la zona de Mérida y Táchira”.












