Año 2017 desastroso y venturoso 2018

116

Desde la Colonia, en la época independentista, después del fallecimiento de El Libertador Simón Bolívar en 1830, en el período de las montoneras y caudillismo, así como finalmente en las dictaduras de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, los venezolanos han padecido, soportado y salido airosos en esos tiempos tenebrosos y conculcadores de los derechos humanos y fundamentales de las personas. La historia reseñó cómo sufrieron las vicisitudes de muertes, torturas, persecución, cárcel, expropiación de sus propiedades, exilio, clandestinidad, proscripción y otras calamidades. Sin embargo, en su debido tiempo los compatriotas han enarbolado y exhibido con ahínco, devoción y firmeza los principios de las condiciones de vida sin menoscabo de sus derechos. Durante esos regímenes de oprobio, terror, sometimiento y represión brutal expresaron la voz contestataria, esperanzadora y lucha sin piedad para reclamar y obtener mejores condiciones de vida. Es decir, siempre con una actitud valiente y decidida hemos respondido y actuado contra las arbitrariedades y deseos de los sátrapas para dominarnos, subordinarnos e imponernos a cualquier precio sus aberraciones, sus modelos totalitarios opuestos a su tradición democrática.

Después de ese loable somero palmarés de lucha, defensa y conquista de su autonomía de los venezolanos desde tiempos lejanos y modernos, hoy estamos humillados, sometidos y amenazados por un desgobierno de ínfulas socialistas diametralmente contrario a lo que deseamos, practicamos y merecemos. Desde la aparición a mala hora e infortunio para el país del peor enterrador de la idiosincrasia de su patria, Hugo Chávez Frías, en 1999, hasta la más desastrosa, hambreadora y empobrecedora administración de la era democrática, jefaturada por su nefasto alumno Nicolás Maduro, solo nos queda llevar la procesión por dentro. Las calamidades que padecemos actualmente y con la amenaza de aumentar drásticamente nos han convertido en una de las naciones más problemáticas del mundo al lado de muchos países del orbe debido a su pobreza, corrupción, conflictos políticos, sociales y gobiernos dictatoriales, déspotas y represivos. Desgraciadamente la comparación funesta con esos gobiernos desdichados es la obra macabra del socialismo chavista-madurista en dieciocho años de tormento, calvario y apesadumbramiento…

El año finalizado es el más desastroso de la era socialista. El slogan de esta aberrante ideología de igualdad social se cumple paulatinamente en la sociedad nacional. Como vamos con la situación insoportable económica, llegamos en el futuro inmediato a la inopia. No habrá diferencia de clases sociales. La igualdad socialista será inmensurablemente pobreza (“El socialismo es la repartición equitativa de la miseria”. Winston Churchill). Los ingredientes para llegar a esa cruda realidad son: escasez de alimentos, bienes y servicios, lo cual origina los altísimos precios y la inflación más alta del mundo, que conduce a las condiciones paupérrimas que padecen la población. Infernal desabastecimiento de gasolina, gas, insumos, repuestos, medicinas y demás provisiones. Todo causa en ciertos sectores del pueblo la práctica del bachaqueo de esos productos y por ende la costosa adquisición de los mismos a precios exorbitantes. Semejante atrocidad de millares de antivenezolanos nos conduce a la desesperación, porque los reales se esfuman ante una práctica inusual de comercialización de productos y la necesidad de adquirirlos. Asimismo, el pésimo suministro de los servicios públicos, como la luz, teléfono, internet, el agua, los sectores de la salud, educación y de la infraestructura coadyuvan a la población a incrementar sus penurias. Por otro lado, campea en Venezuela el corralito de nuestro dinero. Al igual que en Argentina en el 2001, sufrimos la restricción de los ahorros a cantidades irrisorias al retirar solo 5, 10, 15, 20 o 30.000 bolívares al acudir a esos centros financieros. A lo mejor vendrán corralitos para comer, comprar gasolina, gas y artículos de uso personal, etc.

Frente a esa realidad desalmada de los venezolanos casi seis millones de ellos han emigrado a otros países en busca de mejores condiciones de sustento y deseos de tener un futuro promisor ante la imposibilidad de vivir en forma aceptable en su patria. Aunado a situación precaria económica en Venezuela, la crisis humanitaria reinante que el Gobierno se niega irresponsablemente a reconocer, a solventar y aceptar la ayuda internacional para solucionarla por la insuficiencia de los medicamentos y sus altos costos, ha empujado a millares de enfermos allende de la frontera a curarse porque en Venezuela se muere de mengua. Para rubricar al panorama calamitoso que sufren las personas de escasos recursos económicos, vemos a centenares de ellas en los basureros en busca de desperdicios de comida para la alimentación. Todo ese macabro panorama nos lo ofrece con bombo y platillos el infeliz e inhumano gobierno socialista. Para el colmo de males, los altos jerarcas del gobierno solo atinan a babosear frases rimbombantes alusivas a supuestas dádivas sociales como: los claps, la “chamba juvenil”, el carnet de la patria y demás nimiedades para engatusar, embaucar y distraer a los débiles de memoria. En su lugar, los encumbrados del Gobierno deben dedicarse con certeza y decisión a solucionar los graves problemas económicos, de salud y servicios que destrozan la convivencia de los venezolanos.

Toda esa perspectiva aterradora que presenta Venezuela en general nos obliga a sostener con propiedad, porque la vivimos y la padecemos, que pasamos un año 2017 desastroso por cualquier costado, según el diagnóstico anterior. Las posibilidades de menguar la crisis son inciertas por la ineptitud de los mandamases de Miraflores, que solo piensan eternizarse en el poder a sabiendas del sufrimiento del pueblo por culpa de su desaguisado socialismo, sempiterno fracasado modelo de gobierno donde ha llegado para mancillar la dignidad de los pueblos.

Basado en la tradición democrática y gallarda del venezolano para defender y consolidar sus derechos, nos anima a pensar que cobijados por el manto de la misericordia divina, la bendición, protección y gracias al Todopoderoso, lograremos un venturoso 2018 como la única alternativa válida para la convivencia de los diversos sectores de la sociedad nacional, altamente afectados y hasta ahora sin rumbo cierto. Aspiramos que tanto tirios y troyanos depongan actitudes y aptitudes antagónicas para alcanzar las metas de transformación y fortaleza con la finalidad de tener un pleno desarrollo integral armónico del país y volver a ser la otrora Venezuela de los últimos años antes del descalabro socialista. Si todos aunamos esfuerzos podemos transitar por el sendero del progreso existente en el país en la segunda mitad del siglo XX. De no buscar la reconciliación entonces vendrán tiempos apremiantes, de pronósticos reservados, de resultados imprevisibles e incalculables. Estamos a tiempo de prevenir bravezas sociales antes que sea demasiado tarde. Recordemos que los pueblos cuando se arrechan derriban gobiernos que los han subyugado a mansalva. Evitemos que arda Troya. Deseo a todos un venturoso 2018, con una recuperación paulatina del desastre acaecido en los últimos cuatro años de borrasca socialista…

Alejo García S.

Ingalejogarcia@gmail.com