Opinión
Artículo 1: Levantarse desde los escombros
domingo 19 julio, 2026
Maximiliano Vásquez Ayesterán
La tierra tiembla y, en cuestión de segundos, los cimientos de lo cotidiano se desploman. El dolor de ver comunidades enteras fracturadas por un terremoto es una herida profunda que hoy compartimos todos los venezolanos. Yo vivía en Caracas en Los Palos Grandes cuando el terremoto del año 1967 y tengo todavía presente el drama de sentir y oír la furia de la tierra, ver los edificios caídos y a los familiares buscando entre los escombros de los edificios, puedo entender el ambiente de desolación y desamparo de población de La Guaira y Caracas hoy. No obstante, en medio del polvo flotante y el desconcierto generalizado, una verdad ineludible ha emergido con fuerza telúrica, vimos el renacer de nuestra fuerza civil, cuando las estructuras formales flaquean y la respuesta institucional se percibe tardía o insuficiente, el ciudadano común dio un paso al frente. Sentimos una profunda pena ante el desamparo de tantas familias, pero al mismo tiempo presenciamos un renacido e histórico orgullo cívico por la inmensa capacidad de autoorganización comunitaria que ha florecido en cada esquina afectada.
La confianza institucional puede estar profundamente debilitada, pero la sociedad civil se ha consolidado legítimamente como el actor central y más confiable de esta emergencia. Frente a los retos colosales que nos cercan, un déficit habitacional crítico que mantiene a miles de personas desplazadas en refugios, el colapso de acueductos, hospitales y redes eléctricas, y una parálisis del empleo que asfixia a nuestros comerciantes y trabajadores informales, no podemos quedarnos en el lamento estéril o la parálisis del reclamo. Debemos ser parte activa, comprometida y decidida de la solución. El dolor colectivo debe transmutar de inmediato en acción estratégica, solidaria y profundamente humana.
La reconstrucción no es solo levantar paredes de concreto; es sanar una epidemia de salud mental colectiva, atender el estrés postraumático y devolverle la dignidad a cada madre, padre e hijo que hoy duerme con incertidumbre. El camino por recorrer exige audacia y una transparencia absoluta que ahuyente cualquier riesgo de corrupción o desvío de la ayuda humanitaria. El primer gran paso estratégico es la creación de un Fondo de Reconstrucción Multiactor, un fideicomiso transparente con una rigurosa auditoría internacional independiente que canalice los recursos de donantes y multilaterales directamente, integrando en su junta directiva al sector privado, las iglesias, las universidades y las organizaciones no gubernamentales que hoy trabajan en los comedores y centros de acopio en el terreno y otras ciudades del pais.
Asimismo, la reactivación económica no puede esperar por laberintos burocráticos. Necesitamos implementar de inmediato subsidios directos a la demanda, transfiriendo efectivo de forma digital y directa a las familias damnificadas mediante censos levantados por las propias organizaciones de la sociedad civil, evitando cualquier sesgo político. De esta forma, cada hogar podrá comprar exactamente lo que necesita, inyectando vida de inmediato al comercio local herido. A esto debemos sumar con urgencia el programa “Empleo por Autoconstrucción”, capacitando y contratando a quienes perdieron su sustento para que reconstruyan de forma remunerada sus propios vecindarios bajo estrictas normas de arquitectura sismorresistente. Formalizar e institucionalizar esta inmensa red de socorro civil es el mandato de la hora. Una descentralización real que dote a nuestras brigadas vecinales de las herramientas y protocolos de primera respuesta para resistir el presente y asegurar, juntos, el porvenir.












