Opinión
Axiología, Estado y trascendencia en la universidad pública
domingo 9 agosto, 2026
Omar Pérez Díaz- Pedro Morales
El destino superior de la universidad en Venezuela no se define únicamente por la administración de sus espacios o la contención de sus urgencias materiales; exige una conducción caracterizada por la templanza del buen gobierno, el rigor del pensamiento y la elevación espiritual. Cuando la institución ha atravesado tiempos inciertos, la comunidad académica requiere de un liderazgo integrador, capaz de conjugar la sobriedad en la gestión, la justicia en el amparo cívico y la calidez humana en la formación. En este punto de inflexión, la universidad pública venezolana se reafirma como el templo de la conciencia colectiva y el faro ético llamado a iluminar el desarrollo integral de la región y del país.
La verdadera autonomía y el marco normativo de nuestra casa de estudios constituyen una vocación de servicio fundamentada en el derecho noble a autorregularse con transparencia y excelencia. Esta autodeterminación se alimenta de un diálogo caracterizado por el respeto, la escucha atenta y la búsqueda incesante del bien común, donde las ideas se develan suavemente en la concordia y en el reconocimiento del otro. Un liderazgo con visión de Estado encauza el marco de la legalidad no como una traba, sino como el pacto supremo para tutelar los derechos colectivos, garantizar la gobernanza armónica y administrar las decisiones de la comunidad con absoluta pulcritud y precisión organizativa.
Esta comprensión de la responsabilidad institucional no se distancia del contexto socioeconómico y presupuestario que ha probado la templanza de la academia venezolana durante las últimas décadas. Una conducción madura reconoce con realismo que la sostenibilidad de la casa de estudios pasa por la defensa constante de la dignidad laboral, la preservación del talento humano y la justa valoración de la labor de sus profesores y trabajadores. Sostener la operatividad académica en medio de las restricciones materiales no es un simple ejercicio administrativo, sino un compromiso ético con la continuidad histórica del conocimiento y con el resguardo cívico de la institución.
Esta conducción de alta dimensión adquiere su sentido más profundo cuando se manifiesta en la justicia distributiva y la dignificación integral de la vida universitaria. En un contexto socioeconómico exigente, resulta éticamente ineludible velar por la protección de los profesores, estudiantes, personal administrativo y obrero, reconociendo el valor sagrado de la labor académica y la restitución de las condiciones de bienestar que aseguren la permanencia del talento y el desarrollo de la familia universitaria. Asimismo, al promover la inclusión plena, el consenso amplio y la integración de toda la comunidad universitaria, la institución reafirma su compromiso con cada ser humano, demostrando que la dignidad y el derecho al saber son la esencia misma de su misión.
En este sendero de renovación, el compromiso con la comunidad estudiantil encuentra su eje central en la formación integral desde la perspectiva axiológica, humana y espiritual. Acompañar a los jóvenes exige ir más allá de la instrucción técnica, ofreciéndoles un espacio ético donde el cultivo de los valores, la fortaleza del espíritu y el sentido de trascendencia orienten su vocación. Guiar la conciencia estudiantil con serenidad y valores superiores constituye la base para formar ciudadanos con arraigo, criterio moral y fe en el destino de la sociedad.
Más allá de los procedimientos de la gestión, la universidad se sostiene sobre la resiliencia y la vocación de sus miembros. Guiar el renacer académico en esta nueva etapa exige articular la serenidad institucional con la fuerza de los valores axiológicos y la espiritualidad, transformando el servicio en una entrega trascendente por las futuras generaciones.
Al consolidar este modelo de gestión transparente, inclusivo y profundamente humano, la universidad no solo resguarda su legado histórico, sino que se proyecta con fortaleza como el motor transformador que guiará a la sociedad hacia un porvenir de plenitud, prosperidad y paz; con la fe y la certeza de que el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.
Dr. Omar Pérez Díaz
Profesor Titular ULA
Decano Vicerrector de la ULA Táchira
[email protected] | Instagram: @ulatachira.reporta
Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera»
[email protected] | [email protected] | WhatsApp: 58 4168735028
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