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Inicio/Opinión/Del actor Danilo Chacón

Opinión
Del actor Danilo Chacón

miércoles 16 septiembre, 2026

Del actor Danilo Chacón

Néstor Melani-Orozco

Devolverme a los recuerdos de escribir estas Crónicas Culturales de nuestra “Atenas Tachirense”. Vino al Liceo Militar Jáuregui en la mención de Profesor de Arte Dramático, tiempos viejos del coronel Granados Ruiz. 1987. Entre las memorias un día de aquellos que se revivirán de mi estudio de Dibujo junto a los acordes de las presencias del castellano de las gestaciones plásticas y mis propuestas sobre el ideario bolivariano, allí junto a mi compañero y hermano: Ramón Elías Camacho, quien había llevado de auxiliar de diseños y de pintura. Allí, vino Danilo Chacón, con la juventud entre las voces zulianas y su San Cristóbal revestida del teatro en la huella de Orlando Cárdenas y de saberes desde Antonio Rojas el hijo de Seboruco, actor que había compartido con Julián Soler en los tiempos mexicanos de Luis Buñuel y desde “Una Espiga sembrada en Carabobo”, de César Rengifo, con el alma y los sonetos bonitos y melancólicos de Rafael Rojas Pérez, mientras Asdrúbal Millán González recordaba las metáforas en Caracas entre mil corbatas como si Andy Wharol celebrara los hechos notables, entre el sabio estudiante del Pedagógico del Paraiso cuando Oscar Guaramato se robaba los pétalos de las rosas en el Diario El Nacional de su hermano Miguel Otero Silva y brindaba con vino en “Il Veccio Molino”. De la Sabana Grande de los poetas. Todo; allí desde las tintas de Quijotes describiendo sueños y de venir el Profesor Ramón Ostos el ahijado de mi tío Domingo Melani, este insigne académico quien dirigía el Liceo Civil con la presencia de grandes libros, desde la filosofía de la humanidad hasta las lecciones de Domingo Faustino Sarmiento, o de Doña Bárbara en las escrituras sobre Mister Danger, entre los primeros ensayos a los alumnos militares por el galardonado actor que venía de ser personaje de Ciro Villamizar y acompañante de Adneris Vivas en la invocación sonora a Ramón del Valle Inclán. Donde Rafael Daboin desdibujaba los sonidos. Así nos hicimos amigos, leímos los versos del “Capitán” de Neruda, revivimos y enumeramos actos entre mis escenografías y las direcciones del maestro Danilo qué se vestía de “Los Espejos” de una mujer con los pecados capitales. Más de un poemario escrito con las cenizas de sus llantos como de saberlo Nelson Montilva en la esencia del colibrí, desde Ionesco despertando de su tumba para gritar en el auditórium del arquitecto Cipriano Dominguez. Y La Grita más vieja de Isaura surcando péndulos detrás de las ojivas de la catedral de piedra con doce frailes enterrados hacía cuatrocientos treinta años. Danilo escribió los parlamentos para acercarse a los sonares de un violín como si “El flautista de Hamelin” hubiese surcado a aquel pueblo con gotas de agua del río Aguadías y de sal bendita; los rezos del cura loco Melecio, en el dolor del llano de la santa cruz. Tiempos de desafíos de Morelani proponer realizar con la ciudad de la niebla un Museo de hechos y un lugar para encontrar las verdades de la dignidad. El actor y profesor fue a Mérida con los estudiantes del Liceo Militar, y fue a Barinas, a la capital del país e intercambio con instituciones nacionales reviviendo al capachero Francisco Octavio Sosa y al humanista chileno Laurencio Gallardo Vega y acercándose muy a la ronda de José Laurencio Zambrano. Entre los delirios de Nelly Garzón Montañez. En los reinos donde se hicieron de armadurías, las ilustraciones y Luis Mora, hacedor de un mundo en el más catedrático se embebía los guiones, mientras yo le llevé a la imprenta de Luis Enrique Moret al “Poeta Mayor” de Ramón Elías y con cuadros y ayuda de Macario Sandoval se logró publicar esta memoria a Teodoro Gutiérrez Calderón, el gran poeta de “La Mujer de las Manos Cortadas”. Mientras Danilo Chacón revivía “La Canción del Violín”… entre “El Canto a Sandino”… un día este maestro del teatro se marchó de la ciudad de los forasteros, se marchó porqué ingresaba a la Escuela Nacional de Teatro y quería entender “La Carta de Jamaica” de Bolívar al inglés Henry Cullen en los reclamos de América. O del Delirio sobre el Chimborazo recredo por Tulio Febres Cordero entre guirnaldas y aroma de las tintas. Se marchó con los ojos del alma y se hizo después de la notaría de la academia teatral de San Cristóbal. Entre los pecados de la herida campana de la catedral de La Ermita y las soluciones elocuentes del actor seguidor de Samuel Becket. Se fueron los lazos junto al vino y mis recuerdos del mundo catalán mío, de aquella Barcelona con Alfredo García Dennis en las existencias del “Teatro Liceo”. Pasado el tiempo, la noche del velatorio de Freddy Pereyra en la biblioteca “Leonardo Ruiz Pineda” de la capital tachirense, donde José Antonio Pulido escribió el Epitafio del Señor del Teatro. Allí, nos encontramos de nuevo y la hermosa Ana Bertha López y desde mi Carmen Victoria, rememorando, más, Danilo Chacón nos acompañaron para recordar al pintor y actor fallecido. Volví a ver a Danilo, el Día de mi Exposición en el Salón de Lectura cuando de Rafael Guerrero se pudo dedicar el color de las violetas y de peregrinar María Eugenia Escalona en tocar las tres notas mayores al piano. Pasaron los años como de un breviario con guiones de mi libro “El Militante Rojo”. Fue revivir esta noche. En el anuncio de Danilo Chacón muerto. Se fue con las miradas en la puerta de la arboleda de los versos y de las canas venidas de las cenizas. Del pan de los humildes y del último acto donde Aníbal Grun pudo ser el héroe de “Mamatoco” con las fuerzas de Nelson revestido de mi “Bolívar Pueblo” y de su hermano Oscar Duque en la solemnidad del Telira. Se fue Danilo porque la novia de la plaza de Los Mangos había regalado las zapatillas y de amores en una cinta del color celeste, donde se agarraban los actos de las avemarías. Fue entonces entender y preguntar él porqué se mueren los únicos que hacen vivir las noches de ensueño. ¡Cuando desde la luna se sigue viajando en los cielos…!

 *Artista Nacional. *Maestro Honorario. *Doctor en Arte. *Cronista de La Grita.

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