Opinión
Era el día de los Muertos
miércoles 4 noviembre, 2026
Néstor Melani-Orozco
Como si La Grita de pasados tiempos vio sus leyendas y se curtió de aromas y flores, en las noches de inciertos y de un cuento viejo; pareciendo una tonada o una milonga como arrancada a todas las lágrimas, desde una estampa como si de los versos en “Almas Gemelas” hubiese vuelto aquel panadero muerto y dejándolo solo sin mortaja en la capilla del quinto cementerio, era el tiempo de 1956, y entre los olvidados, estuvo delirante por la noche el pintor casi después de los inciensos y la cúpula bendita y borrada por el padre Contreras.
Era Pepe Melani quién lo acompañó con su guitarra detrás de los misterios de la sombra de los sauces y la luz de la luna en la adoración de un búho volando a través de los muertos. Lo contó el Pavo Rosales muy de credos, siendo el enterrador del camposanto.
Fue una revelación del inocente en una de las panaderías y como era extranjero; de Colombia lo dejaron solo y el pintor se adentró en las ánimas más allá de los versos y al compás de las melodías de la eternidad se hizo dueño de un dibujo goyesco. Había regresado el poeta Teodoro Gutiérrez Calderón de nuevo a la ciudad, el de los versos en “Elogio a la Ignorancia” o el del “Canto a Macario” pues de años fue a la bella Buenos Aires, donde asistió al “Festival Mundial de las Flores” casi al encuentro argentino con el español Federico García Lorca y del chileno cónsul Pablo Neruda.
Entre las edades de 1936. Me lo narró Augusto Ramírez Villamizar en Pamplona, como de las noches entre los espantos y la delicada presencia de ser escritor. Entonces escuchando la histórica versión de aquella noche: escribió el poema dedicado a las locuras de un artista. Desde cada presencia en “Frontera Lírica” cuan fue describiendo la noche en aquella ciudad de fantasmas, de líricos secretos y de su poemario esotérico. Mi padre dibujó la ilustración y llevada a una tarjeta, quién recorrió lugares de los valores del verbo. De los delirios escritos y del alma de un humilde obrero muerto. Yo guardé la ilustración entre la impresión del búho gigante y los esqueletos en el ritual del guitarrista. Era, como una versión surrealista del dibujo en un onirismo casi de aquellos momentos de Brughel o las metáforas del Bosco, casi de cuentos de un grabador mexicano. Un día dejé la ilustración guardada en el vientre de un libro, aquel; sobre “La Pintura y los Valores de la Estérica” y el dichoso libro me lo pidió prestado un profesor del Liceo Militar Jáuregui, quizás comprendiendo los linajes de las Aleluyas allí descritas. Y cruzando dieciocho largos años un día recordando le pedí me devolviera el texto, porqué dentro de sus hojas estaba la estampa postal de “Las Almas Gemelas” solo me devolvió la postal. Y se quedó con el libro. Fue para mí retornar a los versos del poeta ganador del “Festival de las Flores de la ciudad Porteña del sur de América” él mismo autor de “La Mujer de las manos cortadas” como del tiempo, el profesor de Literatura del Seminario Eudista Francés y el director de publicaciones del Instituto Militar de la otra y verdadera ciudad de La Grita. Donde sonaron los recuerdos y los versos venidos de la escuela de Julio Flores o de los “Heraldos Negros” de César Vallejo, junto a las tintas del propio Walt Whitman, “el lírico anciano” ¡Cruzando los recuerdos! Mientras esta noche de la luna llena siento el Patrimonio de nuestra ciudad herida y convertida en otros hechos y el sentido romántico burilado en las nostalgias y desde la guitarra: el punto disonante de los años.
“Guitarrista, tú y yo somos hermanos. La guitarra, tu novia preferida, el piano, nieve entre mis manos me hace creer en Dios y amar la vida… Cuando en la sala de la feliz bóveda, el piano mudo y empolvado. La guitarra de tu amor témplanos: para reír, cuando los dos lloramos. Parra llorar, cuando los dos reímos Mientras de la noche incierta y la muchedumbre a contemplarnos llega. Y desde el camposanto a través del pino, el ciprés y de la parra verás salir a los blancos esqueletos a bailar al compás de tu guitarra”.
¡Lo dijo la poesía y como una metáfora el pintor elevó las alas del Ave nocturna en el círculo gigante de la luna… ¡Volvió la aurora y me bebí de amor los silencios!
Artista Nacional. Maestro Honorario. Doctor en Arte. Cronista de La Grita.









